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Parecía un turno normal, hasta que se convirtió en 'infierno'

Durante más de 10 horas bomberos lucharon frente a frente con el fuego

El Diario
Silvestre Juárez/El Diario
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El Diario en Línea

miércoles, 26 mayo 2021 | 11:32

Chihuahua.- A las nueve de la mañana de ayer martes, Jesús Alberto Casas Ruíz, llegó a la Estación Cinco de bomberos a la que pertenece. Durante las siguientes doce horas la jornada transcurrió de forma habitual, hasta que se sucedió el fuerte incendio de la bodega. Jesús estuvo ahí, luchando frente a frente con el fuego y compartiendo un pensamiento en comunión con sus compañeros: “Sofocar, sobrevivir y volver a salvo con la familia que lo espera en casa”.

Al igual que los más de 40 elementos que estuvieron presentes, Jesús es consciente del riesgo que implica enfrentarse a un incendio de la magnitud del registrado anoche en la colonia Aeropuerto. Está capacitado y tiene la vocación para hacerlo, pero sabe que el más mínimo descuido puede tener consecuencias.

El turno habitual es de 24 horas consecutivas. Durante ese tiempo, se pueden atender emergencias diversas y hay días que pueden calificarse como tranquilos. Pero no fue así ayer en la noche.

Casi de manera simultánea, el cuerpo de bomberos debió atender cuatro incendios en la capital, pero uno demandó la concentración del mayor número de elementos.

A las diez de la noche, la sección 5 recibió la instrucción de trasladarse a las calles calles 7a. Y 73 de la colonia Aeropuerto, para prestar apoyo. Las llamas del incendio provocado por llantas ardiendo en el interior de la bodega, se extendían al cielo.

 Jesús inició a laborar como bombero a los 23 años, desde entonces han transcurrido 9 años y ha atendido un sin número de siniestros, pero cuando el fuego es poderoso impone.

“Estamos acostumbrados a lidiar con este tipo de labores, pero somos humanos y un incendio así es impresionante”, dice.

También es extenuante. Combatir las llamas como las que se presentaron a lo largo de la madrugada de hoy no es tarea fácil. El equipo estructural que protege a un bombero contra la radiación del fuego tiene un peso promedio de 15 kilos, pero que va en aumento conforme la humedad aumenta por el agua en del exterior y por el sudor en lo interno, hasta superar los 20 kilos.

A ese peso, se le añade el del equipo de respiración autónoma – para evitar que el humo ingrese y dañe las vías respiratorias – y el de las mangueras que deben jalar o transportar sobre los hombros para apagar las llamas.  Con tanto peso, cuesta maniobrar.

Las siguientes diez horas fueron agotadoras, comenta: “Es agotador, pero la adrenalina que nos produce el momento nos ayuda a mantenernos en pie y alertas, pensando en contener antes de que se propague más y cause mayores daños”, refiere.

Se hizo bombero porque, como la generalidad de sus compañeros, siempre sintió la vocación de ayudar y servir la ciudadanía.  Entre ellos existe también un alto sentido de unidad y protección.

“En un incendio es importante hacer equipo, eso es lo que permite sofocarlo. Cuando combatimos no sólo debemos cuidarnos, sino también cuidar a nuestros compañeros”, comenta.

Fueron casi 10 horas de cara al fuego. Al término, la satisfacción de que no hubo personas lesionados y la alegría de volver a casa donde, en el caso de Jesús, su esposa y tres hijos ya lo esperaban.