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Primera misa tras inicio de contingencia

Continuaron las transmisiones en redes sociales para quienes no pudieron asisitir

Juan Alanís/El Diario
Juan Alanís/El Diario

Juan Carlos Núñez/El Diario

lunes, 14 septiembre 2020 | 09:20

Chihuahua.- El arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Weckmann, ofició ayer la primera misa de la mañana en la Catedral capitalina a las 9:00, tras haberse suspendido las ceremonias presenciales por la contingencia sanitaria de Coronavirus (Covid-19), con apenas un 15 por ciento de la capacidad del templo. Además, aún continuaron las transmisiones vías redes sociales, que usualmente se hacían a las 12:00 del día, especialmente por el perfil de notidiócesis en Facebook, para quienes aún no pudieron asistir a las diferentes iglesias para la celebración de la homilía dominical. 

Durante su sermón, el obispo agradeció a quienes pudieron estar presentes, así como a quienes siguieron la homilía en vivo por Internet; también pidió a Dios por todas las personas que se encuentran en situación vulnerable, así como por la salud de toda la gente, especialmente en estos tiempos de pandemia.

El mensaje sobre el perdón fue muy consolador para quienes guardan rencor en sus corazón, por lo que llamó a siempre ser más sabios y buscar la luz, ser agradecidos cuando alguien muestra misericordia a pesar de las ofensas, así como lo es Dios con los seres humanos, en lugar de ser codiciosos y buscar solamente los intereses personales. 

Esto, lo basó en el evangelio según San Mateo, que textualmente dice lo siguiente: "En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: 'No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo. 

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".