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Local

Rinden migrantes culto a la Santa Muerte en Delicias

En un lugar que utilizan para resguardarse de las inclemencias del clima

Jesús C. Aguirre Maldonado / El Diario

miércoles, 06 abril 2022 | 18:02

Delicias.- En medio de la oscuridad y de la soledad, gente sin hogar, viajeros que van de paso en busca del llamado Sueño Americano, principalmente centroamericanos, rinden culto a la Santa Muerte en la vieja estación del tren “Las Delicias” al amparo del abandono en que se encuentran sus instalaciones. 

De día salen a buscar el sustento diario, pidiendo en las calles y principales cruceros de la ciudad una moneda para comer o para mantener sus vicios o ambas cosas, pues cuando pega la malilla a algunos les da mucha hambre y hay que saciarla a como de lugar. 

Pero al caer la noche abren la desvencijada puerta y al llegar a donde antes se expendían boletos todo es soledad, sin luz y sin nada se introducen por una rendija pues llega la hora de descansar, comer o loquearla.

El lugar luce solo con cenizas de tablas de rejas, tablas o leños quemados y en  la pared, bajo el ventanal con todos los vidrios quebrados una gigantesca imagen de la Santa Muerte, empuñando en su diestra la guadaña.

Y es que el culto a la Santa Muerte se ha ido popularizando entre los migrantes que llegan a Delicias y a la vieja estación del ferrocarril a pernoctar y en busca de protección y ayuda para continuar su camino hacia Estados Unidos a falta de santuarios de la Santa Muerte ellos mismos la dibujaron con pedazos de carbón en  la pared, ya que son fieles devotos.

Además de que este es un  culto que cada vez gana más  adeptos y no solo entre migrantes sino también con los mexicanos.

Las palabras clave en su camino son: Migrante (ellos, que buscan  su sueño), muerte (el final de su aventura), culto (su devoción), y La Bestia (el ferrocarril que los traslada sin cobrarles un solo peso pero si en ocasiones la muerte o alguna amputación).

El ferrocarril desde hace ya muchos años ha sido utilizado por los migrantes centroamericanos

y mexicanos para cruzar el territorio de la República Mexicana y es conocido como La Bestia. A lo largo de su extenso trayecto el tendido de las vías ferroviarias cruza varias ciudades del país, dejando en cada una de ellas una pequeña historia para ir en busca de su sueño de llegar a los Estados Unidos a trabajar y reencontrarse  con familiares que están  allá y verlos pronto.

En ese trayecto desde que salen de sus países donde la situación es bastante difícil por la alicaída economía, las pandillas y la violencia,  la inseguridad,  se encuentra como paso esta ciudad de Delicias, don de algunos migrantes han mencionado que la gente ha sido buena con ellos y los apoya.

“La situación está muy difícil allá en mi país, tenemos que salirle en busca de mejores oportunidades”, dijo un migran te salvadoreño de nombre Juan, quien pidió al reportero guardar el celular, ya que no le gustan las fotos.  

Barba crecida, mal alineados, hasta sucios algunos de ellos, en el rosto reflejando la esperanza, y con una mochila en la espalda, misma que lleva sus sueños, ven en las personas desconfianza y algunos sienten  el rechazo al ser considerados como “extraños”. 

Los migrantes en su camino  encuentran  muchos obstáculos, pero también en ocasiones la ayuda de pobladores y Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), hasta la criminalización, victimización y discriminación de los migrantes, y un sinnúmero de prácticas y discursos culturales y religiosos que integran un mosaico multicolor del cual forma parte el culto a la Santa Muerte para que los libre de todos esos peligros que hay en su camino.

En su largo trayecto desde que salen de su país saben qué lugar deben bajarse para que la policía no los detenga, ya que “si nos agarran nos extorsionan como ha sido a lo largo del viaje”, agrega Juan, el salvadoreño.

Una vez abajo del ferrocarril, los exiliados económicos caminan en calles desconocidas para ellos y por no estar impuestos a cumplir las leyes de los albergues mejor prefieren  rifársela y seguir encomendándose a la Santa Muerte,  ya que dicen  que esta no les traiciona.

Como quiera que sea, al paso de unos días los migrantes ya sean  salvadoreños, guatemaltecos,   hondureños o algunos de otros países como  Colombia, Brasil, seguirán su camino. 

Desde luego, algunos de los que arriban a Delicias permanecerán aquí por mucho tiempo, pues han encontrado en las esquinas de calles y avenidas una manera de sobrevivir pidiendo ayuda a los automovilistas.

Sin importarles el tiempo de su estadía en Delicias, y ahí en su refugio temporal al salir a las calles y al llegar de estas en las noches con algunas monedas y billetes inmediatamente pasan a santiguarse al “santuario” de la Santa Muerte, que dibujaron en la pared de la vieja estación del ferrocarril “Las Delicias”. 

“De Delicias salimos con la bendición de la Santa Muerte”, dice Juan antes de perderse en la inmensidad de las vías del ferrocarril para continuar su camino para alcanzar la frontera norte abrigado por la  Santa Muerte que es nombrada de diversas maneras, como: “La Niña Blanca”, “La Santísima”, “La Señora Blanca”, “La Comadre”, “La Bonita”, “La Flaquita”, “La Niña Santa”, “La Madrina”, “La Niña Negra”, “La Patrona”, “La Novia, Chingona”, “La Santísima”, “La Señora de la Guadaña” (como fue dibujada en una de las  paredes de la vieja estación del ferrocarril, “La Huesuda”, “La Fría” y “La Comadre”. 

Y en el caso de los mexicanos, el culto a la muerte no es ajeno a nuestros compatriotas, por el contrario, ha estado presente en nuestra geografía desde tiempos prehispánicos e igual que en otras latitudes del planeta su culto irrumpe con la cotidianidad. Se instaura entre los vivos para defender su lugar.

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