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Rubí en peligro: hondureño, ligado a secuestros y violación en su país

Líder de una pandilla de Maras, usaba a sus víctimas como gancho para cometer rapto exprés

El Diario en Línea
sábado, 18 mayo 2019 | 11:02

Chihuahua.- “Erick Barrera”, el indocumentado que desde el pasado 10 de mayo huyó con la niña Rubí Rubio Insunza -de 12 años-  pisó la cárcel de San Pedro Sula, Honduras, bajo los cargos de violación y privación de la libertad de menores en el año 2015.

El hombre, cuyo nombre real de acuerdo a las autoridades de ese país es Wilson Lenín Pacheco Barrera, era miembro de una célula de la Mara Salvatrucha dedicada a raptar jovencitas de entre 12 y 16 años según informaciones policiales.

Wilson, en la actualidad de unos 29 años, fue arrestado el 25 de enero del 2015  junto con su hermano Adonay y dos hombres más en el barrio Medina, de esa ciudad, durante un operativo a cargo de elementos de la Unidad Contra Maras y Pandillas de la policía hondureña. Era el mayor del grupo.

Tras la captura de los cuatro pandilleros la Policía allanó un domicilio del barrio Las Acacias en el que localizaron a cuatro adolescentes retenidas en contra de su voluntad.  

Portales informativos de Honduras, como Tribuna y La Prensa, dan cuenta que los maras fueron arrestados tras una persecución policial. Viajaban en un Nissan Altima blanco sin placas y llevaban raptada a una adolescente de 14 años que logró ser rescatada. La víctima había sido raptada cinco días antes al salir de su casa.

En la cajuela del auto, que fue asegurado, se encontraron bolsas de plástico con prendas femeninas, principalmente ropa interior.
En una de las fotografías difundidas, se observa a Wilson arrodillado de espaldas mientras los policías revisan el vehículo. En otras de pie junto a sus cómplices, flanqueados por dos agentes de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Denic).

Tenía entonces 25 años, y el tatuaje con una estrella que porta en la actualidad en el brazo derecho apenas empezaba a ser dibujado. En el cuello cuelga una cadena larga color oro, con la letra “B” como inicial.

En Chihuahua, quienes lo conocieron en la colonia Punta Oriente, afirman que se hacía llamar por el mote de “BBR”.


AMENZABAN Y ABUSABAN DE LAS MENORES

Conforme a los reportes de la prensa, Wilson y los otros tres integrantes de la MS-13 llegaban a los negocios de los padres de las víctimas, se identificaban como mareros y los obligaban a proporcionar los números de celular de las adolescentes y la dirección donde residían.
Después las llamaban por teléfono, las hacían salir de sus viviendas bajo amenazas, las subían en los vehículos y las llevaban a una casa donde las drogaban para luego abusar sexualmente de ellas.
Según los agentes que llevaron el caso las mantenían bajo su dominio y amenazadas porque les decían que si regresaban a sus casas, matarían a sus familias.


SECUESTRADOR EXPRÉS Y VIOLADOR

En la información difundida el 25 de enero, el portal de La Prensa refiere las declaraciones de Jorge Rodríguez Montoya, portavoz de la Policía Nacional en la Zona Norte de San Pedro Saula, afirmando que los integrantes de la banda se dedicaban también a cometer secuestro exprés.

Explicó que a muchas de las jovencitas que raptaban las obligaban bajo amenazas a acudir discotecas, bares y otros negocios similares usándolas como gancho para atraer la atención de jóvenes varones que estaban en el lugar como clientes. Cuando eso sucedía, los sustraían y cometían secuestro exprés.

El 28 de enero del 2015, el juzgado Unificado de lo Penal dictó auto de formal prisión a Wilson, a su hermano y otro acompañante. Los tres fueron acusados por privación ilegal de la libertad contra menores, pero en el caso particular de Wilson se le amplió la acusación por el delito de violación contra una mayor de edad.

Los cargos fueron presentados por la Fiscalía Especial de la Niñez, y las víctimas confirmaron que los pandilleros las mantenían retenidas a la fuerza.

Al cuarto detenido se le otorgó un criterio de oportunidad por no encontrar indicios de participación.

Se desconoce la sentencia que se dictó finalmente al hondureño, o los meses que pudo haber estado en el Centro Penal de San Pedro Sula, antes de emigrar a México y arribar a esta ciudad Capital.


NADA SE SABE DE RUBÍ

Desde hace 8 días nada se sabe del paradero de Rubí Rubio Insunza, de 12 años. Dejó su casa el pasado 10 de mayo influenciada por Wilson, el indocumentado hondureño de oscuro pasado.

El hombre, señalado por los familiares como el responsable de la sustracción de la menor, arribó al país el año pasado.

Vivió en Tijuana y posteriormente llegó a esta capital, según se puede advertir por información publicada en una de sus cuentas de Facebook.
En ellas se advierte además posibilidades de un carácter violento. Gusta de las armas, el alcohol y de las imágenes de la Santa Muerte.
Nada de eso sabían los vecinos de la colonia Punta Oriente, uno de los sectores más conflictivos de esta ciudad, cuando en enero de este año lo vieron deambular por la zona. Dijo que buscaba ayuda y se la proporcionaron.
Se le permitió invadir una de las muchas casas abandonadas, y le apoyaron con algunos muebles y artículos básicos para hacer menos precaria su estancia.
Erick llegó acompañado de una mujer, a la que presentó como su pareja, y de la que ahora tampoco nada se sabe.
Abandonó la vivienda a finales del pasado mes de abril pero nunca se alejó del sector. En los primeros días de mayo inició a rondar la vivienda de la familia de Rubí y comenzó a ganarse su confianza.
Los Rubio Insunza son originarios de Mazatlán, Sinaloa, y hace año y medio se mudaron a la ciudad. Llegaron también a Punta Oriente y como muchos, invadieron una vivienda.
Los padres de Rubí entablaron relación con el hondureño, ignorando que el hombre asediaba a la pequeña de 12 años.
El 10 de mayo, Erick dijo que iría por algo de comer a una tienda localizada cerca de un parque cercano. Previamente, como un regalo por la celebración, obsequió a la madre de Rubí el celular que él usaba.
Pidió autorización a la madre para que la niña lo acompañara argumentando que volverían pronto y ella concedió.

La búsqueda continua mientras la pesquisa con el rostro de la pequeña se distribuye y pega en distintos puntos de la ciudad, con la esperanza de que alguien la reconozca y sea posible ubicar su paradero.