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Historias de terror

Siniestra novia de la luna

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Froilán Meza Rivera

miércoles, 23 noviembre 2022 | 05:00

Agustín Merino Hernández, quien tuvo siempre fama de bronco, de machote y -aseguraba él- hasta de muy valiente, esa vez sí se quebró, declaradamente y sin vergüenza, ante sus oyentes.

Él, que nunca hizo caso de historias de fantasmas, a partir de lo que le sucedió fue el testigo principal de la existencia de la Llorona o, como le llaman en el pueblo, "la mujer de blanco".

Éste es su relato, sin más ni menos.

Iba él como siempre, un sábado en la noche, orientando sus pasos al rancho, después de haber departido con amigos y de beberse casi una botella de mezcal, y tomó el camino habitual, de San Guillermo a Santa Eulalia.

Su casa era de las primeras de la cabecera municipal, casi en seguida de la curva, por lo que decidió mejor irse por el lecho del arroyo, que según él era un atajo. Además, dijo, la arenita del fondo estaba muy parejita, ideal para caminar.

Puesto a avanzar en esa vereda, a Agustín lo alcanzó la luna blanca, que salió detrás de los cerros y, para su fortuna, le alumbró con su claridad.

Las piedritas blancas del arroyo crujían rítmicamente a su paso.

Era costumbre de Agustín fijar la vista en un punto cercano y, al aproximársele, volver a hacer lo mismo, ya fueran piedras grandes, árboles, arbustos o el palo de una cerca, y con esta argucia se le hacía menos aburrida y menos tardada la travesía.

Un calvero del barranco le sirvió como primer punto de referencia, hasta que lo rebasó.

Más allá, una piedra blanca a la mitad del lecho, bañada por la luz de la luna, sirvió como la segunda mojonera en ésta su particular carrera de obstáculos.

Era como un juego, que Agustín practicaba en privado, nunca habló de esta afición con nadie, de la misma manera que tampoco nunca compartió su predilección por el juego de hacer "patitos" con piedras planas en el agua.

Cuando encontró como tercer punto de referencia lo que a lo lejos le pareció un tronco encalado, le extrañó que la figura blanca no se acercara conforme él avanzaba. Intrigado, apuró el paso para alcanzar el "tronco", pero era como si aquello se alejara.

"Parece que se mueve", pensó, "no puede ser".

Y en efecto, más se apuraba él, más lejos le quedaba el "palo" blanco.

Decidido a terminar con aquella desconcertante sensación, Agustín alcanzó un trote veloz primero, y una carrera después, hasta que logró acortar la distancia.

Pero mejor nunca se hubiera acercado...

Lo que distinguió a 20 metros fue una clara figura femenina, una mujer alta, de tez muy clara, tocada con una especie de sombrero ancho y blanco, enfundada en un vestido amplio, blanco también, que no dejaba ver los pies.

De hecho, la mujer no parecía pisar el suelo.

Agustín trató de escuchar de ella algo semejante al crujido que hacían sus propias botas sobre los guijarros del arroyo, pero no. La mujer de blanco parecía flotar, sin balancearse, erecta, como si volara. Despegada del suelo, tan sólo su larga cabellera blanca ondeaba con el viento.

Impelido por una urgencia, acicateados sus sentidos por un repentino e insano deseo a la vista de una mujer sola y desamparada que creyó a su disposición, Agustín voló en pos de ella.

Cuando estuvo a dos metros de la mujer, ésta gritó, con un grito de dolor y de miedo

(¡Aaaaaaaaaaaaayyyyyy!), emitido como un lamento desgarrado, tan alto y estridente, que terminó por vencer los ímpetus del varón.

En una confusa sucesión de hechos, la figura de blanco se clavó literalmente en una hondonada al lado del arroyo, entre un arbusto y un charco en el que se reflejó la luna, como si la mujer se hubiera transfigurado en el astro de la noche.

El ejercicio de aquella desaforada lucha por alcanzarla, agotó a Agustín y lo dejó agitado, sudoroso, tirado de bruces sobre la fría arena, tratando de recuperar el aliento.

Cuando contó su historia, los amigos le corroboraron que, en efecto, en aquel arroyo, entre el viejo rastro y la curva de la entrada a Santa Eulalia, a intervalos, solía aparecerse a los caminantes en las noches de luna, una mujer de blanco.