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Sufren migrantes por inseguridad y pandemia

Julio Feliciano, guatemalteco de 21 años quien reside en Chihuahua, narra que fue atacado con un picahielos para despojarlo de 40 pesos

Francisco López
Francisco López/El Diario

César Lozano/ El Diario

jueves, 23 abril 2020 | 08:09

Chihuahua.- Ataques, secuestros, robos y discriminación deben soportar los migrantes durante su paso por México, y ahora, por si fuera poco, ahora deben procurar subsistir en medio de la crisis por Covid-19 sin tener un techo en donde pasar la cuarentena. 

Es el caso de Julio Feliciano, guatemalteco de 21 años originario de la región de Puerto Barrios, quien desde hace dos meses y medio partió de su tierra rumbo a Estados Unidos, y luego de una fallida estancia en Mexicali, decidió llegar a Chihuahua para esperar la oportunidad de un trabajo que le permita enviar dinero a su familia. 

Narra que a principios de marzo en Coatzacoalcos, Veracruz, varios hombres le hirieron con un picahielo para quitarle los 40 pesos, el único dinero con que contaba y que una semana después, en Saltillo, también por robarle los 120 pesos que había juntado en el camino, le dieron un balazo que entró por una mejilla y salió por la otra. 

“A penas se me están curando tres picahielazos que me pegaron muy fuerte, una puntada, y ya sólo eso me falta, que se me quiten, y este de aquí que me metieron un tiro y me salió por acá”, comenta Julio mientras se levanta la camisa para mostrar las cicatrices. La herida de bala en el rostro es más que notoria. 

“Hay más gente buena que mala aquí en Chihuahua y gracias a Dios no nos han dejado, a diario comemos y dormimos donde podemos, pero seguimos vivos y hay que echarle ganas, mi hermano, aquí en Chihuahua se nota de veras que la gente es buena”. 

Le acompaña Cristian Wilfredo, hondureño de 21 años, soldador y carrocero quien tuvo que abandonar su país por la dificultad de encontrar un trabajo fijo, quien lleva 6 meses ya en México sin poder cruzar a los Estados Unidos. 

Cristian, comentó que apenas al cruzar a México en el Ceibo, Tabasco, que hace frontera con Guatemala, un grupo de hombres armados con machetes y armas de fuego lo sometieron para robarle el poco dinero que traía, lo cual hizo más difícil su trayecto. 

“La verdad allá sí se sobrevive, por eso es que hay mucha gente que está allá todavía lógicamente, pero la verdad al momento de uno querer hacer sus cosas no da, no está la economía como para decir uno voy a trabajar y voy a hacer mi casa y voy a tener a mi familia, la verdad eso es muy difícil”. 

Ambos afirman que permanecen juntos en su viaje porque andar en grupo es más seguro, y aunque sin rumbo, buscarán que pase la emergencia de la enfermedad para volver a intentar cruzar a los Estados Unidos o bien, encontrar un trabajo en México que les permita por lo menos tener un techo en donde dormir. 

Otro caso es el de Eva, nicaragüense que vivía en el municipio hondureño de Danlí del Paraíso junto con su esposo y sus dos hijas, quienes luego de sufrir extorsiones de la mara en Honduras emigraron a México donde sufrieron dos secuestros.