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‘Temí no conocer a mi hija’

Cristian, de 26 años, asegura que su motor para recuperarse era su bebé

De la Redacción

martes, 23 marzo 2021 | 05:00

Chihuahua.- Cristian, de 26 años y padre de una bebé de 4 meses, vivió la angustia de sentir que moriría teniendo a su esposa embarazada, cuando se comenzó a sentir mal se encerró en una habitación de su casa donde pasó varios días con fiebre y hasta delirios.

Del 26 de junio al 20 de julio, Cristian dice haber vivido semanas de terror. Todo comenzó con un resfrío que se prolongó más de los tres días máximos habituales que le dura, hasta que fue al IMSS y le confirmaron Covid-19.

“Comenzó con un bochorno de calor, de temperatura y dolor de cabeza. Eso fue en la noche, un domingo en la noche. Despertando me fui al trabajo porque pensé que era un resfrío común con cuerpo cortado y a las 6 de la tarde que llegué comencé con diarrea, alta temperatura, visión borrosa, no me sabía la comida y tuve todos los síntomas”.

Cristian laboraba en un ‘callcenter’ en donde surgió un brote, pero según dice, debido a la negligencia de los directivos que no quisieron parar por varios días para desinfectar el edificio, un compañero de él falleció en Cuauhtémoc porque en la capital no habían camas de hospital. Varios estuvieron graves.

Narra que luego de revisarlo el médico, lo incapacitaron 14 días y luego otros 14 más. La enfermedad no cedía; sin embargo, no quiso ser internado en el hospital, como le sugería el médico, y optó por aislarse en su casa.

“Entré en pánico, le dije que prefería morir en mi casa con mis seres queridos, porque había escuchado que muchos en el hospital no salían y era el punto más alto de la pandemia”.

Comentó que a la segunda semana comenzó a presentar delirios por la temperatura, se tomaba seis pastillas cada cuatro horas, se la pasaba dormido y el no poder comer ni tener la capacidad para percibir el olor del alimento, entre otros factores, lo llevaron a una profunda depresión.

“En ese momento mi esposa estaba embarazada y yo temía que se fuera a aliviar y no poder conocer a mi hija. Fueron días muy intensos, me llevaban la comida al cuarto en platos desechables y yo entré en depresión, me sentía externo a la sociedad”.

La motivación más fuerte para luchar fue la responsabilidad que sentía por el nacimiento de su hija, afirma que no pensaba en otra cosa más que levantarse de la cama a seguir luchando por esa pequeña que hoy puede abrazar, acariciar y por la que dará su vida, esa vida que no logró arrebatarle el mortal virus.