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Templos de la ciudad, memoria viva de una época

Las edificaciones son piezas históricas invaluables con cientos de años

Juan Carlos Núñez/El Diario
miércoles, 09 octubre 2019 | 14:55
Silvestre Juárez/El Diario

Chihuahua.- Las misiones y templos de Chihuahua son piezas históricas invaluables con cientos de años, que hasta la fecha permanecen vigentes, son atractivos turísticos, lugares de oración, así como centros de reunión para la gente.

Las iglesias más emblemáticas por su antigüedad son muchas como la de San Francisco de Asís, que inició su construcción en 1715, La llamada Catedral de la Santa Cruz, la iglesia de Nuestra Señora de la Regla en 1725, La Capilla de la Hacienda de Santa Rita  de Casia en 1729, el Santuario de Guadalupe en 1792.

Siguen los construidos en el siglo XIX como la Capilla de Santo Domingo en la Hacienda de Tabalaopa, la Capilla de San Carlos Borromeo en las Quintas Carolinas,  templo de la Santísima Trinidad,  el Oratorio de Nuestra Señora de Lourdes  y San Juan Bautista, éste último tuvo sus cimientos en 1592, pero tras el abandono, se derrumbó gran parte, por lo que se reconstruyó y ha tenido varias intervenciones.

Los diversos templos se ubican en las primeras colonias que se poblaron y quedan muchos vestigios de la arquitectura de la época, así como estilos variados tomados de Europa, lo que también demostraba el estilo de vida en diversos años, desde la era del Virreinato y el México colonial, así como el paso del tiempo para construcciones más modernas.

El templo más visitado por los turistas y los chihuahuenses es la Catedral de Chihuahua construida en 1725 ubicada en la Plaza de Armas frente al Palacio Municipal y a un costado del Congreso del Estado, la edificación católica más emblemática del municipio.

Este centro religioso tiene múltiples muestras de arquitectura barroca, desde la portada principal, estatuas y columnas, las puertas laterales, las dos torres con sus campanas, en el interior, se denota los altares, la puerta santa, las estatuas, la cúpula, los arcos, entre varios adornos, que son muy admirados por miles de personas que la han visitado.

Otro de gran importancia por su antigüedad y rescate, es el templo San Juan Bautista, localizado actualmente en el antiguo barrio de Nombre de Dios, inicialmente como un punto de descanso, en la travesía de Juan de Oñate en 1592 para el descubrimiento del Nuevo México. El militar y poeta que registro esta travesía fue Gaspar Pérez de Villagrá en su relato conocido como “La historia de la Nueva México, 1610”.  Este trayecto lo utilizarían los misioneros y comerciantes durante la época del virreinato, alcanzando la categoría del “Camino Real de Tierra Adentro”, declarado recientemente como itinerario cultural patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

De acuerdo al portal de misiones ac, dice que los misioneros franciscanos establecieron en este sitio una capilla, llamada en aquel momento San Cristóbal, la cual dependió primero de la Misión de Santa Isabel y posteriormente a la de San Francisco de Conchos. Para luego convertirse en cabecera y tener sus visitas.

La misión se abandona a mediados del s. XVII y no es hasta finales del s. XIX cuando la antigua misión es demolida para dar proyecto a un nuevo templo, el que hoy conocemos actualmente.

La estructura de la cubierta de madera a manera de bóveda ojival que se interceden en un crucero con vigas y rematan con un presbiterio de forma semiesférica, compuesto de pequeñas vigas entrelazadas para formar arcos ojivales de madera, hacen de este templo algo único en la ciudad y podría ser que en el estado tampoco existiera otro templo con la geometría y los materiales utilizados en este.

Otro de los primeros edificados es el Templo de San Francisco de Asís se localiza en el Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua, delimitado de manera aproximada por la Calle Aldama al Norte, la Avenida Aldama al Sur, entre la 19 y 21 respectivamente.

Originalmente, la iglesia era dedicada a San José, patrono de los mineros, levantada a instancias de fray Miguel Najár, comisario visitador de la Tercera Orden de San Francisco de Asís, quien en 1715 y ante el rápido poblamiento de la zona, solicitó un solar y el permiso correspondiente para la edificación del templo.

Su arquitectura corresponde a las de las misiones franciscanas en el norte de México, con una amplia nave en forma de cruz latina, una sola torre y como sello particular, una majestuosa cúpula. El altar original del ábside se encuentra oculto por otro de cantera que le fue antepuesto en 1906 y dos hermosos retablos lucen empotrados en los extremos del crucero; estos pertenecían al antiguo Colegio de Jesuitas denominado Nuestra Señora de Loreto, y constituyen una magnifica muestra de talla en madera correspondiente al siglo XVIII. En la actualidad este templo está abierto al culto de la comunidad.

Los registros muestran que es el primer templo católico que se construyó en la ciudad de Chihuahua, conserva una gran magnificencia y tiene dos funciones: como punto de interés artístico, arquitectónico e histórico de la ciudad de Chihuahua y como centro tradicional de la devoción popular en los servicios religiosos que presta de forma continua.

Otro recinto religioso de más antigüedad en la ciudad, es actual templo de Santa Rita de Casia, construido, en 1731, como la capilla privada de una hacienda y no como un templo público, carácter que sólo tuvo a partir de 1949.

Los registros mostraron que finca privada era popularmente conocida como Hacienda del Cura, aun y cuando posteriormente pasaría a nuevos dueños: en 1718 fue adquirida por el general José de Orio y Zubiate y a su muerte pasó a su única hija, Nicolasa de Orio y Zubiate, casada sucesivamente con José de Aguirre y Juan José de Urrutia, quienes se encargaron de la administración de la hacienda y sobre todo el último, ampliaron considerablemente su extensión. En 1730 dejó en su testamento la petición de que se edificara la capilla actual en honor a Santa Rita, aunque en aquel tiempo, aún se le consideraba beata, que no fue hasta 1900 cuando finalmente fue canonizada, una singularidad que hasta los tiempos actuales se reconoce.

La iglesia es de construcción sencilla como la mayoría de los templos coloniales del norte de México, su planta es de una sola nave y carece de cúpula, así como una sola torre cuadrada de dos cuerpos; su fachada está formada por una portada que enmarca la puerta principal y formada por un arco de medio punto rodeado de jambas de cantera y por una columna cuadrada de cada lado que sostienen una cornisa sobre el conjunto, sobre dicha cornisa se encuentra la ventana del coro rodeada por guirnaldas de cantera y remates piramidales, la ventana se encuentra cerrada por una reja de hierro forjado y coronada la portada por un nicho que guarda la imagen de un santo que ha perdido su brazo derecho. Finalmente toda la fachada es rematada por un frontón triangular rodeado de molduras de cantera. La torre está formada por dos cuerpos de planta cuadrangular, con una luz en cada uno de sus lados formada por un arco de medio punto y rematada por una cúpula piramidal coronada por una cruz de cantera.

El interior es sumamente sobrio, la nave tiene dos ventanas de cada uno de sus lados y en el ábside se encuentra el presbiterio, en la actualidad no existe retablo alguno, solo en la cabera un nicho de cantera alberga la imagen de Santa Rita y cada uno de sus lados nichos más pequeños alberga un crucifijo y la imagen de la Inmaculada Concepción. Sobre la pared izquierda de la nave y casi a la entrada del templo se encuentra una lápida de cantera con dos pequeñas pinturas al fresco, a ambos lados de la nave se encuentran imágenes del vía crucis en cantera de factura moderna y finalmente en la cabecera se encuentra el coro, con una barandilla de madera labrada.

Las edificaciones tienen su propia historia, su originalidad y personalidad, que la gente les ha tomado mucho cariño y admiración, porque tienen algo que contar, son vestigios de una época, narran los acontecimientos del paso del tiempo y suceso importantes en el Muniicpio de Chihuahua, así como significados, sucesos dentro y fuera de las iglesias.

Cada una de estas parroquias y grandes templos guardan y sin fin de anécdotas detalles valiosos tanto históricos como arquitectónicos, que merecerían un tomo especializado de una de las tantas edificaciones existentes.