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Crónicas de mis recuerdos

Terrible choque de trenes en El Fresno, Chihuahua

Eran las 21:00 horas del día 16 de junio de 1971 cuando un tren carguero del Ch-P...

Óscar A. Viramontes Olivas

domingo, 31 enero 2021 | 21:46

Eran las 21:00 horas del día 16 de junio de 1971 cuando un tren carguero de la empresa Chihuahua al Pacífico mejor conocido como CH-P, se encontraba en los patios de la estación de la misma compañía en la colonia Pacífico en la ciudad de Chihuahua. 

Todo estaba listo para que se diera la señal de partida hacia su destino que era La Junta, Chihuahua. 

El tren contaba con un importante número de vagones cargados con diferentes mercancías. Ahí estaban los garroteros y maquinistas que estaban afinando los últimos detalles para el largo camino que recorrerían hasta el citado poblado ubicado al noroeste del estado. Pocos minutos de la hora antes mencionada, se le daba luz verde para que partiera y con el clásico silbido arrancaba el pesado “monstruo”.

Era una noche fresca debido a que había caído una lluvia pertinaz que prácticamente había cambiado radicalmente el clima en ese día, pues la pronta llegada del verano estaba causando estragos con el calor. Sin embargo, la partida fue con una excelente temperatura y el tren con la máquina 522 que entonaba el sonido característico de estas moles de acero.

Rubén Irigoyen Mendoza y don Hermilio Lozoya, dos maquinistas que conducían el tren y ordenaban sus bitácoras de salida y además los documentos que tenían que dejar en algunas estaciones próximas. Contentos, cantando juntos y en coro la canción “Cielito lindo”, tomaban las palancas y los controles para dar inicio con la marcha. 

En menos de media hora ya casi estaban fuera de la ciudad, allá por el rumbo de la Facultad de Zootecnia donde habían disminuido la velocidad por encontrarse algunas vacas muy cerca de la vía. Rubén, ante el susto que se había dado al creer que iban a chocar con algunos bovinos, se dirigió a su compañero con esta expresión: “Herminio, la verdad me asusté mucho, no porque se atravesaran los animales pues esta enorme locomotora fácilmente los haría “papilla”, sino porque de repente sentí un mal presagio que se clavó muy profundamente en mi mente, no se qué fue, pero lo sentí muy feo”. Hermilio le contestó: “Nada, nada, mi Rubén, no se me agache ni agüite, todo está bien, en orden y gracias a Dios ya estamos en camino”.

Ya estaban en camino y el tren por fin saldría definitivamente de la ciudad de Chihuahua y a la altura de la presa Chihuahua los dedicados operadores empezaron a ver que todos los controles marcaban niveles en perfectas condiciones. Ya casi a la altura de la estación El Fresno, poblado cercano a la ciudad capital a 15 kilómetros de la misma, se percataron de que en la misma vía donde iban con el tren 522 se observaba una luz intensa y un ruido que hacía vibrar todo el paisaje, sí, se acercaba otro tren en el mismo riel, por lo que la cosa se puso espeluznante y nuestros amigos maquinistas de inmediato se les puso la piel de gallina y los pelos de punta, al ver que iban a ser impactados. Rubén en la desesperación le gritó a Hermilio con una aterrorizada expresión: “¡Ah chin…nos vamos a dar en la ma..! ¡Qué Dios nos ampare!” Hasta ahí llegó esa expresión de asombro al ver la enorme máquina que se impactaba con la de ellos; de inmediato, se produjo un estallido y surgieron lengüetas enormes de fuego junto a los fierros retorcidos que prácticamente se derritieron como si fueran plastilina.

Todo era un caos, pues las explosiones se empezaron a producir una tras otra; el ruido de los estallidos llegó a un radio importante y la onda expansiva empezó a ser de las suyas en varias casas del poblado El Fresno, Chuvíscar y puntos aledaños, ocasionando la destrucción de vidrios de algunos coches que estaban cerca y además fueron alcanzados por las llamas. Uno de los vagones que estaban en uno de los trenes estaba cargado de gasolina, por lo que cuando los tentáculos de las llamas lo alcanzaron, de inmediato se originó una impactante explosión. La luz se pudo apreciar desde más de 40 kilómetros. De ahí se extendió a otros tres carros, lo que ocasionó que la cosa se saliera completamente de control. Las llamas también se pudieron ver desde la ciudad de Chihuahua y estas por un momento fueron incontrolables.

De inmediato llegaban llamadas insistentes a las redacciones de los medios de comunicación de la ciudad de Chihuahua, que pedían con desesperación el auxilio ante el terrible acontecimiento. Sin embargo la mayoría en las redacciones se había ido, pero los reporteros de guardia inmediatamente tomaron nota de lo sucedido y salieron como “almas que lleva el diablo” al lugar de los hechos. De inmediato los cuerpos de emergencia ya previamente avisados salían de sus centrales rumbo a El Fresno; las sirenas se escuchaban como desgarradores quejidos y lamentos en todos los puntos cardinales de la ciudad y sobre todo por la avenida Zarco y la 20 de Noviembre y la Flores Magón, donde ambulancias, policías y bomberos e incluso el Ejército Mexicano iban a toda prisa para auxiliar y apagar las enloquecidas llamas que se esparcían por los pastizales, junto a cinco carros tanque que estaban en riesgo de ser alcanzados por la furia del fuego.

Tres tripulantes del convoy sufrieron quemaduras de consideración, dos de ellos de suma gravedad. El incendio se inició al momento del impacto, amenazando la seguridad de los habitantes del lugar, quienes en su mayoría salieron corriendo hacia la ciudad de Chihuahua y otras rancherías que se encontraban relativamente cerca. Sí, tres carros tanque de gasolina y otro con gas se convirtieron en una verdadera zona de peligro; era una bomba de tiempo que en pocos momentos podría tronar con consecuencias inimaginables. Para ello los cuerpos de seguridad bloquearon la carretera que llevaba hacia ciudad Cuauhtémoc. En pocos minutos El Fresno se quedaría como un pueblo fantasma ante el éxodo forzado de sus habitantes.

El equipo de Bomberos de Chihuahua llegaba para tomar posiciones, sin embargo una situación dramática para los tragahumos era que estos no contaban con suficiente agua ni elementos con que combatir la conflagración, concretándose a tomar sólo medidas preventivas. Parecía que se estaba en el mismísimo infierno, por lo que ante esto ya se contaban alrededor de diez unidades de radio patrullas, tres tránsitos y ambulancias de la Cruz Roja, IMSS e Issste, las que fueron movilizadas al lugar de los hechos ante la espectacularidad de las grandes lenguas de fuego que hacían temer un verdadero desastre cuando el reloj marcaban las 00:00 horas del jueves 17 de junio de 1971. Al parecer el origen del terrible encontronazo se dio por error de los despachadores, ya que según fuentes que se habían podido recabar, los carros que se movían en el escape del El Fresno estaban por salir agregados al convoy de carga que jalaba la máquina 522, cuyo personal llevaba instrucciones que el encuentro con la máquina 508 sería en la estación Palomas, Chihuahua a unos 18 o 20 kilómetros de la capital. El 522 había salido de Chihuahua con rumbo a La Junta, Chihuahua, el cual habría llegado a eso de las 00:00 horas y esperaba en El Fresno para que pasaran los autovías.

El personal de la 508 declaraban que iban en sentido contrario ya que jalaban otro tren, misma que se encontraron con el vagón accidentado a la altura de la estación de El Fresno, pues era probable que ellos podrían haber dejado mal el cambio de vía según habían declarado los lesionados. Posteriormente, las investigaciones fueron exhaustivas con el fin de deslindar responsabilidades que a final de cuentas fue un error humano debido a que el referido cambio de vía quedó mal. Rubén Irigoyen Mendoza y don Hermilio Lozoya maquinistas de la 522, agradecieron a Dios y a la virgencita de Guadalupe porque la verdad, como dicen ellos “¡Volvimos a nacer!”

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