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El día a día de un perito

Trabajar con la muerte

'Te acostumbras, te haces frio... pero escuchas el llanto de la familia y recuerdas que no sólo es un cuerpo sin vida'

Anaís Martínez / El Diario

miércoles, 02 noviembre 2022 | 05:00

“Cuando trabajas con cadáveres todos los días te acostumbras a la muerte, te haces frío… pero de pronto estás en una escena del crimen y escuchas los llantos de la familia, los gritos de dolor a lo lejos y entonces te gana la emoción y recuerdas que estás con un hijo, con un padre… que tiene familia, que no es sólo un cuerpo sin vida”.

Ese es el día a día de David Estrada y de Edith Ortiz, peritos en criminalística pertenecientes a Servicios Médicos Forenses de la Fiscalía General del Estado (FGE), quienes cuentan con más de 10 años de experiencia y que aseguran que su trabajo, aunque los apasiona, no es del todo fácil.

Ambos peritos explican a El Diario “en términos generales”, que su trabajo consiste en acudir a las escenas donde se presume que hubo un delito, - no sólo de homicidios, sino de robos o secuestros-, para recoger lo que llaman ‘indicios’, es decir pruebas que ayuden a esclarecer si hubo un crimen.

Sentada en una mesa de Servicios Periciales, la perito Edith con 8 años dentro de la FGE, narra que desde que reciben un reporte para una intervención se preparan para su trabajo. Alistan antes que nada un folio de identificación del caso, sus unidades de traslado y el equipo técnico necesario dependiendo del tipo de hecho violento que vayan a atender.

“Nos alistamos por si necesitamos luces forenses o reactivos para hacer búsqueda y localización de interés criminalístico o tomar las fotografías”.

Sin embargo, aunque siempre buscan permanecer objetivos en su trabajo, emocionalmente nunca se está preparado para lo que puedan llegar a ver. “A veces no sabemos qué tan violento pueda ser o no”, dice Edith y voltea a ver a su compañero David, quien está sentado junto a ella y continúa.

“Tras trabajar el lugar, buscamos indicios que puedan esclarecer el caso, luego Servicios Médicos Forenses se encarga del levantamiento del cuerpo y tras recoger los indicios volvemos y realizamos labores de oficina”.

Pero ¿Cómo es trabajar con un homicidio?, se les cuestiona a ambos peritos. Ambos voltean de nuevo a verse, “Da tu punto y luego yo”, le dice David a su compañera entre risas nerviosas.

 Para los especialistas, comienza Edith, aunque siempre están rodeados de delitos, lo primordial es darle la misma importancia a todos los casos de forma objetiva para esclarecer todos los posibles crímenes.

“Tenerle el debido respeto a la persona y hacer la debida búsqueda para que ayude a esclarecer el caso de una persona que es asesinada. Para eso trabajamos nosotros, para que llegue algún tipo de justicia… a lo mejor nuestro trabajo no les va a revivir a su familiar, pero sí que tenga la certeza de que hicimos un buen trabajo que ayudó a dar con el probable responsable del homicidio”, dice y cede el turno a David.

El experto en criminalística concuerda con ella, todos los casos deben recibir el mismo tratamiento, dice. De pronto hace una pausa: “es triste ver cómo nosotros nos acostumbramos a trabajar con cadáveres”, lamenta.

Vuelva a hacer una pausa y continúa, “pero a veces estás trabajando y empiezas a oír llantos, gritos de dolor de la familia y sientes feo, te gana la emoción. Entonces recuerdas que estás con un hijo, con un padre… que tiene familia, que no es sólo un cuerpo sin vida”.

Sin embargo, reconoce que cuando la escena del crimen no cuenta con esos distractores, realizan su trabajo con el cadáver como uno más de los elementos de investigación.

Niños y feminicidios, los que más les duelen

Ambos peritos enfatizan que cada caso es importante, pero hay unos en particular que por la saña y la crueldad con la que se ejercen les causan más impacto.

“Cuando trabajas con niños, es cuando duele más”, sobretodo cuando son en situaciones dolosas dice David. Para él, quizá por ser padre, es incomprensible cómo los seres humanos pueden dañan a quien no puede defenderse.

A su lado, Edith que también es madre, le toma el hombro y continúa contestando. “El tema más fuerte sí es el de los niños. No puedes entender cómo alguien ejerce tanta saña y tanta crueldad a una personita que a veces no tiene ni voz”.

Refiere que además de tratar con los cuerpos de los pequeños, lo lamentable es que cuando llegan a sus manos, se dan cuenta de que en la mayoría de las ocasiones estás víctimas ya cuentan con una historia de violencia previa.

Lo mismo sienten con los feminicidios, ya que asegura que al revisar los cuerpos detectan que cuentan con cicatrices y heridas producto de mucha violencia. “Piensas cuánto tiempo tuvo qué pasar y qué tuvo que aguantar, que de todas formas terminó en muerte”, detalla.

Otra situación complicada para los agentes de las corporaciones de seguridad es ver a tu compañero caído, refiere David. “También es difícil cuando recibes el reporte y al llegar a la escena ves que es un compañero, o incluso en cuanto te hacen el reporte de que es un compañero, es triste, porque aunque a veces no era un amigo, sí era alguien con quien convivías”.

‘Una mochila emocional’; dejar el trabajo fuera de la casa

Edith reitera en que su trabajo les apasiona y no se ve haciendo otra cosa que no sea trabajar en Criminalística; sin embargo, reconoce que sí conlleva una carga emocional bastante fuerte, tanto por responsabilidad como por lo impactante que llegan a ser algunos casos.

Pese a que la FGE sí cuenta con programas de atención psicológia, ninguno de los dos agentes ha solicitado algún apoyo en los años que tienen desarrollándose, por lo que han tenido que aprender a dejar ‘la mochila emocional’ en el trabajo y entender que al cruzar la puerta de Servicios Periciales son “ciudadanos comunes”.

No obstante, el miedo, la tristeza y la ansiedad de que la vida es demasiado frágil sí ha encontrado cabida en su mente. “No estamos exentos de la muerte, nadie quiere morir, pero no de manera fea ¿no?”, dice David.

“Todos le tenemos miedo a la muerte”, dice Edith “aunque digamos todos los días como dice David ‘pa´morir nacimos”. Ella cree que quizá sí sea necesario asistir a terapia, porque al ver y convivir todos los días con la muerte sí empieza a ver peligro hasta en los calentones. “Ahora que viene el frío y las muertes por monóxido, por ejemplo, yo siempre tengo mucho cuidado con no dejarlos encendidos o que haya ventilación”, dice entre risas nerviosas. 

“Nuestro trabajo es ser criminalistas y sí trabajamos con indicios y búsquedas y para eso nos actualizamos, nos capacitamos y una parte de eso es saber que el trabajo se acaba cuando sales de aquí, aunque a veces llegues a la casa y no tengas con quién hablar de lo que viste”, refuerza la perito.

“Sí, es un trabajo feo”, finaliza David, “pero alguien tiene que hacerlo”.

Un trabajo que no termina

David abunda en los detalles de su trabajo. Luego de recoger los indicios en las escenas de posible crimen continúan con el envío de pruebas a las áreas de Periciales, si son casquillos van a Balística, fluidos con ADN al departamento de Génética, huellas a Grafología, etcétera.

Todo su trabajo tiene además una gran carga de responsabilidad, por lo que debe ser entregado con meticuloso cuidado, dice Edith. Es por eso que se realiza bajo la Norma Inspección 17020, misma que les fue acreditada por parte de la ANAP.

Después de los envíos deben realizar un informe con los detalles de todo lo que localizaron.

Pareciera que su trabajo acaba ahí, pero no es así. Todos los peritos, desde que entran a trabajar a la Fiscalía General del Estado o a cualquiera de los distritos están comprometidos a testificar en las audiencias en caso de ser citados.

Como el crimen no descansa, detalla Edith, el servicio no tiene descanso y deben estar disponibles los 365 días del año y las 24 horas del día. Aunque forman jornadas en las que todos los compañeros participan.

“De todas las unidades que se manejan dentro de Servicios Periciales, el área de Criminalística y Servicios Médicos Forenses son los únicos que estamos día y noche, todos los días del año”.