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Bajos del Norte: encienden alarmas

Expedición de 10 científicos encontró que arrecifes frente a Península de Yucatán se están degradando y urgen a autoridades tomar medidas

Reforma

Israel Sánchez/Reforma

lunes, 18 octubre 2021 | 07:45

Ciudad de México.- Ya lo había preludiado el doctor en ciencias biológicas Miguel Rivas Soto: los arrecifes, así como los manglares y hábitats marinos y terrestres con influencia en el mar, están siendo degradados aceleradamente.

De ahí que lo hallado por los investigadores en la expedición científica del Proyecto Alacranes a la zona arrecifal Bajos del Norte, a 250 kilómetros de la Península de Yucatán, no tuviera por qué tomar a nadie por sorpresa. Pero lo hizo. 

"Pues sí, la verdad fue una sorpresa. Porque en un principio nosotros esperábamos encontrar un arrecife saludable en su totalidad", comparte en entrevista telefónica Rivas Soto, director de la Campaña de Hábitats en Oceana México.

 "Encontramos un arrecife que está saludable, que lo vemos con todos sus componentes, rico y lleno de biodiversidad, pero que presenta algunas problemáticas propias de las presiones globales que están enfrentando los arrecifes", agrega sobre lo observado del 9 al 13 de agosto pasado en uno de los arrecifes más importantes del Golfo de México.

 Y es que parte de aquello con lo que el grupo de 10 científicos se topó en esta expedición, la primera que realiza en México la organización internacional Oceana, dedicada desde hace más de 20 años a la protección de los océanos, fue un alto índice de enfermedad y mortalidad en corales.

 Algo que una visita distinta realizada en 2019 no había registrado. Lo cual es motivo de preocupación.

 "Bajos del Norte es un arrecife poco estudiado. Nosotros teníamos documentación de que en 2019 se había hecho una expedición anterior ahí, y ellos no habían reportado esta enfermedad de los corales; por lo tanto significa que en dos años esto aumentó con gran rapidez. Eso nos preocupa", remarca el científico egresado del Instituto de Ecología de la UNAM.

 De acuerdo con los resultados de esta primera etapa de Proyecto Alacranes, nombrado así por el Parque Nacional Arrecife Alacranes, que también se exploró, muchos de los corales de tipo cerebro (Pseudodiploria) y los de tipo flor (Eusmilia fastigiata) se encontraron muertos o con lesiones muy avanzadas en todos los sitios de muestreo.

 Diversas colonias de los corales de la especie Montastrea cavernosa también presentan lesiones y mortalidad. Y algunas colonias de coral padecen enfermedades como banda amarilla, manchas negras y distintos niveles de blanqueamiento.

 Cuestionado sobre las posibles causas de lo anterior, Rivas Soto explica que podría ser parte de las enfermedades naturales a las que son susceptibles los arrecifes; "igual que a nosotros, los afectan virus, los afectan bacterias", precisa.

 En este caso, para el cual tomaron algunas muestras que analizarán en el laboratorio, podría tratarse de la enfermedad por pérdida de tejido de coral pétreo (SCTLD, siglas en inglés de stony coral tissue loss disease).

 "Esa enfermedad son colonias de bacterias que van afectando y van matando por porciones de los corales hasta matarlos completamente", detalla el doctor en ciencias biológicas.

 "Estas enfermedades bacteriales en condiciones de mayor temperatura se reproducen mucho más, y por lo tanto la facilidad con la que contagian a otros arrecifes u otros corales es mayor. Entonces, no podemos descartar del todo la acción humana; está ahí. Lo vemos en los impactos que tiene el cambio climático sobre los arrecifes en general".

 Sumergidos en el agua, los investigadores registraron temperaturas entre los 29 y 30 grados Celsius, ante lo cual se requiere un análisis temporal para saber qué tan anómalas son y si esto podría estar afectando a la biodiversidad.

 "Tenemos que ver de qué se trata para poder ver justo si lo que requiere son medidas de remediación locales, es decir, sólo basta con aislar quizás algunos arrecifes y evitar el contagio, o incluso pueda ser un efecto global, que la verdad es que no tiene solución más que la política general en torno al cambio climático", expone Rivas Soto.

 La preocupación por la situación de estos arrecifes radica en que éstos componen la tridimensionalidad del océano, y fungen como hábitat y refugio de muchas especies. Aunque cubren menos del 1 por ciento del océano, son hogar de alrededor del 25 por ciento de todas las especies marinas conocidas hasta ahora.

 Fundamentales, además, para la reproducción de especies y las corrientes marinas, y también como barrera que protege a la población costera de tormentas y huracanes.

 "Son tan importantes, que el hecho de perderlos significa no sólo perder corales, sino también perder toda la biodiversidad, toda la vida: peces, pulpos, langostas. Muchos de ellos incluso recursos alimentarios que se pueden perder. Es un impacto escalable: de la pérdida de los arrecifes a toda la pérdida general de la biodiversidad.

 "Entonces, perder los arrecifes no es una trivialidad", enfatiza, "nos preocupa que al verlo tan lejos de la costa, generalmente uno espera que estos arrecifes sean más saludables que otros, y no es que este no lo sea. Encontramos un arrecife que está en buenas condiciones, sólo que tiene y presenta estas alarmas".

Y pillan a especie invasora

 Además de la enfermedad y mortalidad de los arrecifes de Bajos del Norte, los investigadores -genetistas, expertos en salud de arrecifes coralinos, en análisis de diversidad y abundancia de invertebrados, y en materia de peces- detectaron la presencia del pez león, una especie invasora capaz de acabar con poblaciones enteras.

 "Es una especie depredadora que come otros seres vivos: moluscos, crustáceos, otros peces incluso, y que por lo tanto tiene un impacto y lo tendrá a largo plazo en el arrecife", relata Miguel Rivas Soto sobre este pez cuya presencia es común en la costa de Yucatán y varias zonas de Quintana Roo y el Caribe mexicano.

 La diferencia en tales sitios, contrasta el director de la Campaña de Hábitats en Oceana México, es que ahí se cuenta con programas de control contra esta especie que, al no tener depredador natural, puede reproducirse sin freno alguno.

 "Hay incentivos para pescarlo. Dicen que sabe muy bien, no lo he probado personalmente. Pero hay programas de control de la especie", reitera.

 "Y acá, tan alejado de la costa, la verdad es que eso no va a existir si no hay una voluntad del Gobierno para poder controlar esta población; porque de hecho lo vimos en siete de ocho lugares, y en todos tenía una talla muy grande, alrededor de los 30 centímetros de tamaño".

 La expedición cubrió un área de 700 metros cuadrados y capturó 29 mil 352 fotografías para tener mapas 3D de los corales; una tecnología usada por primera vez en México, la cual permite tener una réplica del fondo del arrecife con imágenes e información tan precisa que se puede seguir analizando fuera del agua.

 Asimismo, se tomaron muestras de ADN ambiental en ocho sitios distintos. Una metodología que permitirá identificar a todas las especies de peces óseos e invertebrados que han interactuado con estas aguas en algún momento.

 Y también se realizó un censo de peces para documentar la lista de especies que aquí habitan. Al ser una zona tan poco explorada, los investigadores preveían la posibilidad de hallar ejemplares únicos no detectados en otras áreas.

 "En general, nos trajimos muestras de muchos animales, de la biodiversidad de la zona; hay por ahí algunos nudibranquios y otras especies que estamos viendo si de verdad podrían corresponder a especies que no estén reportadas en la zona", adelanta Rivas Soto, sin obviar que es necesario contar con los resultados de los análisis especializados primero.

 "Lo que sí encontramos fue un ambiente muy rico, con mucha biodiversidad que es necesario proteger", sostiene. "No tenemos un reporte total de especies nuevas, pero sí vamos a tener un inventario de las especies que ahí hay".

 La inesperada llegada del huracán "Grace" trastocó el itinerario de la expedición, que pretendía, del 9 al 23 de agosto pasados, arribar primero a Bajos del Norte, para después volver a Puerto Progreso y de ahí enfilar hacia Arrecife Alacranes.

 Justo cuando habían completado la primera etapa y se encontraban en el puerto abasteciéndose para aventurarse de nuevo a bordo del Caribbean Kraken, una embarcación de buceo turístico y recreativo, los investigadores fueron sorprendidos por "Grace", que llegó como tormenta tropical a Yucatán.

 De cualquier forma, tomaron la precaución de esperar, y volvieron a zarpar hasta el 1 de septiembre a Alacranes. La información de lo que encontraron ahí será difundida próximamente.

Proteger el medio ambiente

 El Parque Nacional Arrecife Alacranes, a 140 kilómetros al norte de la Península de Yucatán y con una extensión de 333 mil 768 hectáreas -equivalente a poco más de dos veces el tamaño de la CDMX- es un Área Marina Protegida (AMP) desde 1994.

 Esto, no obstante, no significa que esté a salvo de amenazas como la pesca ilegal, la contaminación y el turismo masivo. Los mismos riesgos que enfrenta Bajos del Norte, salvo que tal zona arrecifal no cuenta con ninguna categoría de protección.

 Eso es parte de lo que motivó la expedición de Oceana, con una inversión de medio millón de dólares y el patrocinio del fabricante suizo de relojes de lujo Blancpain, cuyos resultados preliminares, algunos de ellos de considerable preocupación, sustentan la conclusión obvia de la necesidad de proteger esta zona.

 "El llamado a la autoridad es a fijarnos en estos arrecifes que no son parte de un parque nacional, de una reserva, y que hoy en día albergan tanta biodiversidad que en el futuro nos van a importar muchísimo. Entonces, hay que cuidarlos ahora, antes de que sea tarde", subraya el doctor en ciencias biológicas Miguel Rivas Soto.

 Las posibles soluciones, prosigue el especialista, son varias. Ya sea decretar la protección de grandes zonas marinas más allá de Alacranes, o de pequeñas áreas cuyo manejo sea más eficiente.

 Para cualquiera de las dos, apunta, es necesario destinar recursos. Lo cual puede ser uno de los mayores obstáculos, tomando en cuenta que el presupuesto al medio ambiente ha ido en descenso.

 "Ahora, a pesar de que se le asignó un poco más de recursos, alrededor del 14 por ciento más a la Conanp, no sabemos si eso se traduce en acciones concretas en favor del medio ambiente o si son sólo un ajuste al costo de mantener la institución como tal", estima Rivas Soto.

 "A nosotros nos costó ir hasta allá porque es un lugar poco accesible; me imagino que eso también tiene un costo para la autoridad. Entonces, que se contemple esto, entendiendo que el desafío del medio ambiente hoy es mayúsculo", resalta. "Ya discutiremos con la autoridad; ya estamos conversando con Conanp, reportándole lo que hemos encontrado".

 El desafío para México, insiste, es mayúsculo e implica ya no sólo la conservación de manera tradicional; "no sólo el decretar un área y decir: 'Aquí no se toca'".

 "Sino que tiene que ver en cómo podemos generar nuevas estrategias de conservación que permitan a las comunidades seguir aprovechando los beneficios del ecosistema, pero que estos beneficios perduren. Que no sea un acabarnos el ecosistema hasta que ya no nos dé más.

 "Ahí viene el desafío, y viene la misión de los científicos de otorgar información de primer nivel, pero sobre todo de la autoridad de tomar decisiones con esta información", concluye.