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Casa de Ovidio Guzmán: huellas de una captura

Tras el operativo, quedaron cientos de casquillos y vehículos baleados

Agencia Reforma

domingo, 08 enero 2023 | 06:10

Culiacán, México.- Cientos de casquillos tirados, vehículos, puertas y ventanas baleadas, habitaciones desordenadas, clósets y muebles rotos, juguetes, restos de comida y botellas de agua en mesas, medicamentos y manchas de sangre por los pisos. 

Así quedó la vivienda donde el jueves pasado habría sido capturado Ovidio Guzmán.

En un video publicado por el periódico Noroeste, se da cuenta de un recorrido efectuado por la propiedad, ubicada en el cerro más alto del poblado de Jesús María.

Según el medio, el jueves a los vecinos los despertó una lluvia de plomo, de la que hay evidencia en el pueblo.

"Yo nunca había vivido algo así", dijo al Noroeste Isabel, una mujer de 40 años que vive por la calle principal, donde quedaron abandonadas camionetas de modelo reciente, acondicionadas con armamento y blindaje.

La mujer asegura que en la casa de su primo cayeron balas desde el aire.

"Fue un milagro que no le cayó en la cabeza, en el puro pie. Corrió con suerte".

Para llegar a la casa donde habría sido capturado Ovidio, hay que subir a pie por un callejón de terracería.

Las puertas de herrería, cubiertas con madera, están abiertas. Un agujero de más de 15 centímetros de ancho sobresale en la parte superior de la entrada.

El agujero, evidencia de un ataque con armas de alto calibre, está acompañado por cientos de hoyos que dejaron las balas y que tapizan la entrada de la residencia.

"Aquí vinieron por él. Estaba con su familia, había dos niñas: una de 3 años y una de 9", afirma una residente de Jesús María.

Al entrar, llama la atención un espacio para vehículos, donde quedaron abandonadas dos cuatrimotos, un vehículo todoterreno "razer" y una camioneta de lujo.

En el suelo hay rastros de sangre que se difuminan por todas partes.

"Aquellos trapos amarillos son granadas que quedaron activas, no las muevan", alerta un adulto mayor.

La casa, ubicada en medio de la propiedad, está rodeada de vidrios rotos. Al entrar por la puerta principal, hay un gran comedor donde todavía hay alimentos, dulces, botellas de agua y un pastel.

El primer cuarto es la recámara principal. Hay sangre seca en el piso, como señal de que alguien herido caminó por el espacio.

Todo está cateado, el colchón fue movido de su lugar, los cajones de los burós fueron abiertos, y el cristal del baño que protegía la zona de la tina de hidromasaje está roto.

El cuarto del centro es una habitación infantil decorada en rosa. Hay dos camas y una de ellas tiene una mancha de sangre que abarca un cuarto de la colcha. Sobre las camas todavía hay juguetes.

En el baño de esta recámara hay más sangre que en el anterior. Los cajones y armarios también fueron cateados.

"Aquí estaban dormidas sus hijas", dice una de las personas que visita la hacienda.

En el cuarto de lavado está el mayor rastro de sangre de toda la vivienda. En la zona donde está el tendedero, un espacio sin techo de al menos ocho metros cuadrados, hay rastro de un charco de sangre de un metro y medio de largo.

Al fondo de la residencia, saliendo de la vivienda principal y pasando por un patio, hay otro cuarto donde hay dos literas, una alacena y un baño. En este cuarto no hay restos de sangre, pero sí de un cateo. Los colchones no están y por el piso hay ropa de hombre regada.

Afuera, pegada a la barda, hay una cinta roja de precaución. Ahí hay una granada más que no detonó.

La casa tiene una cocina exterior, sobre el desayunador hay comida a medio preparar y una olla descansa sobre la estufa.

"Los soldados se pusieron a comer aquí", sostiene una de las vecinas de la zona, quien asegura que elementos del Ejército habrían tomado pertenencias del interior de la vivienda.

Al fondo de la hacienda, hay figuras religiosas de medio metro de alto que conforman un nacimiento, donde el Niño Dios descansa en su pesebre.