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Desoyen el grito del clima; cambio climático

Mario Molina fue uno de los pioneros en estudiar el impacto de la actividad humana en el ambiente; en 2022, los países deberán mostrar sus avances para combatir el calentamiento

Excélsior

domingo, 03 enero 2021 | 06:35

Ciudad de México.- Un par de siglos después de que inició el estudio científico del cambio climático, todavía hay quienes dudan de su existencia. El mexicano Mario Molina, quien murió el pasado octubre, fue uno de los científicos pioneros de nuestra era en el estudio de los problemas ambientales ocasionados por las actividades humanas (antropogénicas).

En la actualidad, la figura más emblemática y con mayor influencia del grupo de escépticos es Donald Trump, quien durante su paso por la presidencia de Estados Unidos sacó al país más poderoso del mundo del Acuerdo de París, el pacto mundial con mayor ambición hasta ahora, firmado en 2015, para reducir las emisiones a la atmósfera que provocan el fenómeno de calentamiento global.

El descubrimiento

El cambio climático se descubrió a principios del siglo XIX por el padre del “efecto invernadero”, el matemático y físico francés Jean-Baptiste Joseph Fourier, quien, por primera vez, consideró la posibilidad de que la atmósfera actuara como aislante de la Tierra, junto con el biólogo suizo-estadunidense Louis Agassiz, quien en 1837 puso en la mesa la existencia de las épocas glaciares (glaciaciones) y cambios naturales en la temperatura del planeta.

En 1842, el matemático francés Joseph Adhémar y el autodidacta escocés James Croll sugirieron que las glaciaciones se originaron por factores astronómicos que causaron una disminución en la cantidad de irradiación del Sol a la Tierra.

El químico Svante Arrhenius cuantificó en 1895 el efecto invernadero del dióxido de carbono (CO2), con interminables, complejos y tediosos cálculos —que según sus estudiosos le sirvieron como terapia para superar la separación de su primera esposa—, con lo que concluyó que la reducción a la mitad en la quema de carbón en la era industrial supondría un descenso en la temperatura del planeta de entre 4 y 5 grados centígrados.

Entre 1920 y 1930, el astrofísico serbio Milutin Milankovitch descubrió que las variaciones en la cantidad de radiación solar que recibe el planeta se deben a cambios en sus movimientos de traslación y de rotación.

En los años 60 del siglo XX, el efecto del calentamiento por la contaminación del dióxido de carbono se hizo cada vez más convincente, aunque se creía erróneamente que los aerosoles podrían tener un efecto de enfriamiento.

En 1974, Mario Molina fue coautor, junto con Frank Sherwood Rowland, del artículo que advertía sobre el adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de gases conocidos como clorofluorocarbonos, que se podían encontrar en los aires acondicionados, refrigeradores y aerosoles, que ocasionaban mayor incidencia de los rayos ultravioleta, que a la postre les valió el Premio Nobel de Química en 1995. 

En la misma década de los 70, el efecto de los ciclos de Milankovitch en los periodos del clima — que en su época fue recibido con recelo, fue avalado en sus modelos y predicciones—, ya que, tanto los datos geológicos de estratos antiguos como los registros fósiles de organismos eran compatibles con fluctuaciones en el clima que pueden explicar la periodicidad de las glaciaciones cada 100 mil años.

En los albores de la década de los 90, como resultado de las mejoras en los modelos informáticos y del trabajo de observación que confirmaron la teoría de Milankovitch de las épocas glaciares, se llegó al consenso de que el efecto invernadero estuvo involucrado, en la mayoría de los cambios climáticos, junto con las emisiones humanas, que provocaban serios problemas de calentamiento global. 

En 1988, la comunidad internacional creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para facilitar evaluaciones integrales del estado de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta.

El IPCC, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007, del que en su momento también formó parte Mario Molina, ha elaborado hasta la fecha tres informes especiales y un informe metodológico sobre los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.

El Sexto Informe de Evaluación se terminaría en 2022, a tiempo para el primer balance mundial de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Para ese entonces, los países revisarán los progresos realizados para lograr su objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de 2 grados centígrados y limitar el aumento de la temperatura a 1.5 grados centígrados.

El dato

El logro

En 1974, Mario Molina fue coautor, junto con Frank Sherwood Rowland, del artículo que advertía sobre el adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de gases conocidos como clorofluorocarbonos, lo que les valió el Premio Nobel de Química en 1995. 

México entrega sin cambios sus metas 

Antes de finalizar 2020, México envió la actualización de su Contribución Determinada a Nivel Nacional al Secretariado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, conforme al compromiso contenido en el Acuerdo de París para actualizar la (NDC por su acrónimo en inglés, Nationally Determined Contribution) cada cinco años.

Como informó Excélsior en su oportunidad, la meta de reducción de nuestro país no cambió nada con respecto de 2015, por lo que continúa en 22% para Gases de Efecto Invernadero (GEI) y 51% en carbono negro.

En el documento de 39 páginas, el gobierno señala que, debido a que los efectos del cambio climático ya son tangibles en el territorio nacional, “México confirma que la adaptación y la reducción de riesgos a la población son tareas impostergables que deben ser integradas a la planeación y desarrollo socioeconómico del país. 

“Este compromiso puede alcanzar una meta de reducción de hasta 36% de las emisiones de GEI y 70% de las emisiones de carbono negro al 2030, respecto al escenario tendencial con la consolidación de cooperación técnica y recursos financieros de bajo costo, transferencia tecnológica, precio internacional del carbono, ajuste de aranceles por contenido de carbono, todo ello a una escala equivalente al reto del cambio climático global”, manifestó.

Agrega que a través de la actualización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional, “México refrenda su compromiso con la lucha contra el cambio climático la cual requiere, hoy como nunca, de la acción de todos los países”.