Nacional

Desprotegidas, mujeres trans trabajadoras sexuales

Trabajadoras sexuales trans y activistas denuncian el alza de crímenes de odio; cifras de transfeminicidios se desconocen; autoridades comparten prejuicios de asesinos

Excélsior
domingo, 30 junio 2019 | 14:07
Agencias | Samanta Campos, trabajadora sexual y activista, labora en San Antonio Abad para, además de sobrevivir, ayudar a su familia

Ciudad de México.- En el camino, las faldas cortas y las vestimentas provocativas son ahora una característica de lo que algunos conocen como el “buffet sexual de Tlalpan”, en la Ciudad de México. Allí, mujeres biológicas, mujeres transexuales o transgénero, así como travestis, ejercen el trabajo sexual; sin embargo, al deambular por avenida San Antonio Abad también hay tristeza y miedo, pues basta con pararse en la esquina de Juan de Dios Peza, levantar la mirada y observar que ese nombre ha sido ocultado por la foto y el nombre de “Alessa”, el cual fue pintado con un plumón negro.

Aquella muestra es una manifestación contra la violencia que las mujeres trans y travestis que ejercen el trabajo sexual sufren día a día; es la memoria de la lucha que la activista Alessa Flores llevó a cabo en vida, en favor de los derechos humanos, en especial de las mujeres trans y de quienes se dedican a dicho oficio, como ella lo hacía; es una protesta para visibilizar los crímenes de odio contra este sector de la población.

Te puede interesar: Pide comunidad LGBT en Puebla '+besos y -balas' 

En 2015, en un video publicado en su canal de Youtube, “Memorias de una puta”, Alessa señaló unas cartulinas blancas y dijo: “Espero no tener que estar en este cartel nunca”. Allí escribió los nombres de trabajadoras sexuales que habían fallecido y que quiso recordar en un altar del Día de Muertos.

Pero la mañana del 13 de octubre de 2016, el cuerpo de Alessa fue encontrado en una habitación del Hotel Caleta, ubicado entre la calle Juan de Dios Peza y la avenida San Antonio Abad, en la alcaldía Cuauhtémoc.

Los asesinatos de Alessa y Paola Buenrostro, este último ocurrido el 30 de septiembre de 2015, cimbraron a la Ciudad de México y pusieron en la mira a un sector considerado por activistas y defensores de derechos humanos como “desprotegido”, pues incluso la justicia no llega a éste.

 

‘Autoridades, cómplices de asesinos’

Este caso, que aún recuerdan sus compañeras en Tlalpan, es decir, su “familia de la calle”, se enmarca en los 473 que registró Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C., en contra de la comunidad LGBTTTIQ entre 2013 y 2018 en todo el país y de los que 71.2 por ciento el presunto responsable no ha sido identificado, lo cual indica que está en libertad y, pareciera, goza de impunidad ante la nula actuación de las autoridades, mismas que han sido señaladas de ser “cómplices del asesino”.

"Por lo regular son delitos que no se investigan, que son despreciados por parte de las autoridades de investigación. Vemos que comparten el mismo odio y prejuicio que el homicida; esa misma mirada que lleva al homicida a cometer el delito también la comparten los jueces e investigadores a la hora de aplicar la justicia, ya sea no investigando o desestimando el delito y poniendo en libertad a los presuntos responsables”, comentó a Grupo Imagen el director de Letra S, Alejandro Brito Lemus.

El informe Violencia. Los asesinatos de personas LGBTTT en México: los saldos del sexenio 2013-2018, que elaboró dicha organización, con base en trabajos periodísticos, precisa que de los 473 homicidios registrados, 261, es decir, 55.1 por ciento, corresponden a homicidios contra mujeres trans y 40.5 por ciento contra gays.


Los números, aseveró el activista, sólo son un reflejo del panorama de violencia en contra de comunidad LGBTTTIQ, pues las cifras reales se desconocen debido a la falta de informes detallados por parte de las fiscalías y procuradurías locales, pese al Protocolo de actuación para el personal de las instancias de procuración de justicia del país, en casos de involucren la orientación sexual o la identidad de género, que fue impulsado en diciembre de 2016 durante la Asamblea Plenaria de la XXXVI Conferencia Nacional de Procuración de Justicia.

Este protocolo establece, además de la capacitación de personal, la generación, recolección de datos estadísticos y el análisis de los mismos en torno a la violencia ejercida en contra de la comunidad LGBTTTIQ como una prioridad para contar con elementos que ayuden a prevenir y a erradicar esta problemática en México, por ello, para lograr esto, indica, se debe impulsar la descripción del “delito de odio” en los Códigos sustantivos; sin embargo, hasta el año pasado Letra S corroboró que sólo 12 entidades han realizado modificaciones a los Códigos Penales para incluir tipos penales que agravan las penas de los homicidios por odio o discriminación, debido a la orientación sexual o la identidad de género de las víctimas.

Brito Lemus, reconocido periodista y defensor de los derechos humanos y de la comunidad LGBTTTIQ, lamentó el estado que guarda la procuración de justicia en la materia y el desconocimiento de las autoridades de dicho protocolo, el cual de no implementarse de manera urgente “va a pasar lo mismo que con otros: quedan en el papel”, lo que provocaría que esta minoría continúe desprotegida.


 

 

Blancos de la fobia

Aunque no todas las agresiones terminan en homicidios, en muchos casos las víctimas llevan las heridas no sólo en el cuerpo, sino en la memoria, como Ariadna Torres, veracruzana con poco más de ocho años como trabajadora sexual, quien recordó cómo un sujeto, bien parecido y trajeado, ya en la habitación no sólo la agredió verbalmente, sino que sacó un puñal y con él quiso acuchillarla.


No sé si era homofóbico o no, pero sacó un puñal y me dijo: ‘Ya valiste’ y sólo porque logré gritar me auxiliaron los del hotel y me salvé”, dijo a este rotativo, pues aunque ha sido la experiencia que la ha tenido al borde de la muerte, también ha sido testigo de cómo ha habido sujetos que, en algunos casos bajos los efectos de alguna droga, sacan una pistola y llegan a apuntar a las trabajadoras transexuales.


Sobre una banqueta de la avenida San Antonio Abad, Samanta Campos, originaria de Reynosa, Tamaulipas, aseguró en entrevista que día a día lucha con el miedo que tiene al pararse en una esquina en la espera de algún cliente, aunque, durante esa estadía también puede haber quién la agreda.

“Normalmente batallamos con mucha gente que no está bien de sus facultades. Desde que aceptamos estar aquí, independientemente de los asesinos que hay, de la gente que nos amedrenta, de la gente que nos molesta, de los que pasan y nos avientan cosas, nuestra vida ya está en peligro, porque no sabemos con qué tipo nos vaya a tocar”, dijo.

Ambas mujeres trans han logrado sobrevivir a los embates de sus agresores, pero viven en constante miedo y ahora más por la ola no sólo de ilícitos en la zona de Tlalpan, sino también por los transfeminicidios que han ido al alza.

Del total de homicidios registrados por Letra S, 261, es decir, 55.1 por ciento, corresponden a homicidios contra mujeres trans, delito que entre 2015 y 2016 se elevó al pasar de 31 a 42 y, año tras año, la cifra ha aumentado, siendo las mujeres trans dedicadas a la peluquería y al trabajo sexual, las más violentadas.


Esta situación, explicó Brito Lemus, se debe a la visibilidad de las mujeres trans en distintos campos de la sociedad, por lo que a la par de ello también ha resurgido un sector machista y ligado al conservadurismo que es incapaz de aceptar la diversidad sexual.

Así, entre el activismo y el trabajo sexual deambulan las dos mujeres trans, quienes aseguran que para laborar intentan hacerlo sólo de día, ser fuertes y no mostrarse débiles para evitar algún abuso, tal como reconoce Samanta.

“Trato de trabajar de día porque en la noche sí me da mucho miedo: miedo a dar la espalda, a desnudarte y hasta a cerrar la habitación. También somos humanos y formamos parte de esta gran sociedad y del mundo.”, dijo.