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¿En qué se parecen AMLO y Chávez?

El presidente mexicano es conocido por irritarse cuando sus críticos lo comparan con el finado venezolano

Mary Anastasia O'Grady / The Wall Street Journal

lunes, 01 febrero 2021 | 13:01

Ciudad de México.- El Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador es conocido por irritarse cuando sus críticos lo comparan con el finado Hugo Chávez. Pero las similitudes entre el espíritu del Gobierno de dos años de López Obrador y el del dictador venezolano en sus primeros años son imposibles de ignorar.

Morena, el partido de AMLO, lanzó un esfuerzo en el Senado mexicano en diciembre para arrebatar la autonomía del banco central del País. La Cámara de Diputados debatirá la iniciativa esta semana. El Presidente parece estarse alejando de la idea, pero de ser así, se trata sólo de una retirada táctica.

AMLO está en una misión para concluir lo que él llama "la cuarta transformación de México", y tiene que centralizar el poder para lograrlo. Ya ha arrebatado control a la Suprema Corte, y el mes pasado, proclamó que órganos reguladores autónomos como la comisión antimonopolio federal y la dependencia que brinda transparencia en contratos federales debían ser eliminados.

Previo a las elecciones intermedias de junio, está dejando entrever que está listo para rechazar la autoridad de dos órganos independientes encargados de garantizar justicia electoral. Los demócratas mexicanos están en una lucha por sus vidas políticas.

Hay obvias diferencias entre AMLO y Chávez. Pero cuando la historia sea escrita, sospecho que la mayoría de éstas habrán sido propiciadas por las limitaciones económicas que enfrenta el caudillo mexicano, no por decisión propia.

Chávez tenía control del monopolio petrolero paraestatal de Venezuela PDSA cuando los precios del crudo despegaron a principios de la década del 2000. Rebosando de ingresos petroleros, pudo sobornar a oponentes mientras que repartía dinero a diestra y siniestra para crear la ilusión de que las masas se estaban volviendo más ricas. Tuvo los recursos para militarizar su Gobierno, y Cuba había pasado décadas infiltrando los cuarteles.

El mundo de AMLO es uno de precios moderados y una economía diversificada. Los ingresos generados por Pemex, la paraestatal fuertemente endeudada, quedan eclipsados por el auge en la manufactura y los servicios que surgió del TLCAN de 1994.

Por lo tanto, AMLO no puede imitar a la perfección a Chávez. No obstante, sus aspiraciones son preocupantemente similares, al igual que su modus operandi.

Chávez fue un demagogo y utilizó su programa de televisión, "Aló Presidente", para forjar un vínculo con el ciudadano común en contra del establishment venezolano. AMLO utiliza sus mañaneras diarias con este mismo propósito, aunque ha estado ausente desde su diagnóstico de Covid-19 hace una semana.

Sus palabras siembran resentimiento y división, mientras que justifica abusos de poder en nombre del combate a la corrupción. Desestima a sus críticos como las élites, o "fifis" en su léxico. No hay diálogo civil.

Hasta ahora, ha utilizado instrumentos "legales" como la Unidad de Inteligencia Financiera antilavado de dinero al interior de la Secretaría de Hacienda para expulsar de las instituciones a los no creyentes, entre ellos a un juez de la Suprema Corte y al director de la comisión reguladora de energía.

Ninguno ha sido acusado de algún delito. El Presidente también ha reforzado el papel del Ejército en la economía.

Morena controla el Senado, donde la iniciativa aprobada en diciembre obligaría a Banxico, el banco central de México, a adquirir divisas extranjeras en efectivo de bancos mexicanos.

Reguladores a ambos lados de la frontera están alarmados. El efectivo no es un problema para instituciones financieras autorizadas porque éstas verifican su origen y pueden trasladarlo a bancos corresponsales de Estados Unidos.

Morena afirma que el cambio en la ley es necesario para asegurar que los migrantes no sean forzados a cambiar sus dólares a tipos de cambio desfavorables. Sin embargo, Banxico reporta que sólo alrededor del 1% de las remesas totales son en efectivo.

No está claro a quién trata de complacer Morena al obligar al banco central a aceptar dólares en efectivo.

No obstante, la aprobación de la ley seguramente rompería con un candado de mucho tiempo establecido para evitar que la autoridad monetaria se convierta en una herramienta para que organizaciones delictivas transnacionales laven dinero. ¿Quién más entra a bancos mexicanos con maletas repletas de dinero de procedencia inexplicable?

Banxico afirma que la ley amenaza su autonomía y su capacidad para desempeñar su labor. En un comunicado del 9 de diciembre, señaló que el borrador de la legislación "forzaría al Banco Central a llevar a cabo operaciones activas de alto riesgo que podrían comprometer "las reservas internacionales y el cumplimiento del mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional".

Fuertes críticas de la comunidad financiera internacional parecen haber hecho reconsiderar a AMLO. Sabe que si México es marcado como lavador de dinero, el peso caería en picada, al igual que su Presidencia. Su Secretario de Hacienda ahora dice que el Gobierno está trabajando en una idea alterna para las transacciones en efectivo de migrantes.

Si él y Morena dan marcha atrás, será una victoria pequeña, pero importante. Preservar la autonomía de Banxico podría no ser una condición suficiente para salvar al pluralismo mexicano de la suerte de Venezuela, pero es una condición necesaria.