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Grupo secreto de DEA ‘cazó’ a Caro Quintero

Desmienten versión del Gobierno de México de que no participaron en captura del ‘narco de narcos’

Archivo / Entre 2013 y 2022 Estados Unidos y México realizaron 12 operaciones fallidas para atrapar a Caro Quintero

The Washington Post

domingo, 24 julio 2022 | 05:00

Ciudad de México— Durante años, un grupo secreto de trabajo del Gobierno de EU se dedicó a buscar a un solo hombre. Rastrearon su paradero en las selvas del Noroeste de México. Una y otra vez planearon incursiones aéreas para sacarlo de la tienda de campaña donde dormía.

El equipo tomó las iniciales del objetivo mismo: “The RCQ Task Force”, por Rafael Caro Quintero.

Hasta su captura la semana pasada, Caro Quintero, de 69 años, era el hombre más buscado por la DEA, acusado de matar al agente antidrogas ‘Kiki’ Camarena en 1985 y postriormente de reanudar su carrera en el tráfico de drogas luego de que un tecnicismo lo liberara de una prisión mexicana en 2013.

Públicamente, ambos países han presentado la aprehensión como una victoria duramente peleada en la guerra contra el narcotráfico y la impunidad. Pero la búsqueda para arrestar a Caro Quintero fue, de hecho, uno de los objetivos más irritantes de EU en México durante casi una década, una brecha entre las dos naciones que parecía no desaparecer nunca.

“Esto debería haber sucedido hace años para evitar que RCQ continuara con su tráfico de drogas hacia los Estados Unidos”, dijo Timothy Shea, quien fue el administrador interino de la DEA de 2020 a 2021. Durante ese tiempo, mantuvo un cartel de ‘Se busca’ de Caro Quintero en la puerta de su oficina. “El Gobierno de México actúa sólo cuando es de su interés político actuar”, dijo.

Entre 2013 y 2022 –cuando la recompensa por su captura pasó de 5 millones a 20 millones de dólares–, Estados Unidos y México realizaron 12 operaciones fallidas para atrapar a Caro Quintero, según anteriores y actuales funcionarios estadounidenses. Muchas de esas operaciones no han sido reportadas previamente. 

Funcionarios estadounidenses dijeron que creen que fueron frustradas por filtraciones mexicanas de alto nivel, una señal de que el Gobierno mexicano lo estaba protegiendo.

Jesús Ramírez, el vocero del presidente Andrés Manuel López Obrador, rechaza tales acusaciones. “Hemos actuado con mucha firmeza contra los cárteles de la droga”, dijo esta semana, al señalar la captura en 2020 del jefe del cártel de Santa Rosa de Lima y otros arrestos. “Pero no queremos operaciones bélicas que dañen nuestras regiones”.

Las autoridades estadounidenses dicen que hace mucho tiempo identificaron dónde vivía Caro Quintero en la zona rural de Sinaloa, a sólo unas cuantas millas de una base militar mexicana en un pueblo que dirigía como un feudo. Se movía en motocicleta y cuatrimoto, custodiado por equipos de seguridad que rotaban cada semana. La DEA había convertido a algunos de los familiares de Caro Quintero en informantes, dijo un ex alto funcionario estadounidense, e incluso sabía qué caminos de terracería tomaba para visitar a sus novias.

Sin embargo, cuando Caro Quintero fue capturado el 15 de julio, López Obrador afirmó que la operación fue planeada y ejecutada en su totalidad por México. Los miembros actuales y anteriores de la RCQ Task Force lo llamaron absurdo, diciendo que habían estado proporcionando información de inteligencia a la Marina y al Ejército mexicanos durante nueve años. Estos miembros de los grupos de trabajo, junto con otros funcionarios, hablaron bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad de la misión.

El Gobierno de Estados Unidos había presionado repetidamente por el arresto de Caro Quintero con varios presidentes mexicanos. En los últimos días de Trump, el fiscal general William Barr planteó el tema al secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, mientras ambos gobiernos discutían el caso de un general mexicano que había sido detenido en el Aeropuerto Internacional de Los Angeles por cargos de tráfico de drogas. Barr tenía una solicitud para Ebrard antes de liberar al general y que regresara a México.

“Les dejé claro a los mexicanos que recuperar a Caro Quintero era una de nuestras principales prioridades”, dijo Barr en una entrevista reciente con The Washington Post. “Era institucionalmente importante para la DEA, y también sacaría a un jugador importante del tablero. Tenía un alto grado de confianza en que se podía hacer si los mexicanos estaban dispuestos a hacerlo".

Alrededor de enero de 2021, los dos países comenzaron a planificar una operación para capturar a Caro Quintero, aproximadamente la décima vez que lo intentaban. Sin embargo, esta vez, con la aprobación de López Obrador, los funcionarios de EU creían que sus posibilidades de éxito eran altas.

La operación no fue diferente a los intentos anteriores. La información de inteligencia provino principalmente de agentes estadounidenses, que en ese momento estaban hablando directamente con algunos de los asociados de Caro Quintero en Sinaloa, según ex funcionarios norteamericanos.

Un equipo de infantes de Marina mexicanos voló varios helicópteros Blackhawk hacia una parte del Norte de México conocida como el “Triángulo Dorado”. Pero cuando los Blackhawks aterrizaron en el pueblo de Babunica, el lugar de nacimiento de Caro Quintero, él ya no estaba.

Otra vez.

“Otra filtración”, recordó recientemente un funcionario de la DEA.

Funcionarios mexicanos dicen que la corrupción fue un factor menos importante que la formidable red de Caro Quintero.

Sus hombres “controlan todo. Tienen informantes, guardias, gente en las montañas vigilando los drones. Son muy cuidadosos”, dijo un ex alto funcionario de seguridad mexicano, que participó en varias operaciones fallidas para detener a Caro Quintero.

Oficiales militares estadounidenses han estimado que entre 30 y 35 por ciento de México es territorio sin gobierno, donde las organizaciones criminales operan con impunidad. El caso de Caro Quintero parecía ejemplificar esa realidad; aunque era uno de los fugitivos de mayor prioridad del FBI y fácil de localizar, México parecía incapaz de atraparlo.

“Era un fantasma”, dijo el funcionario.

Derrochaban riquezas

Para la década de 2010, los agentes de la DEA en la Oficina de Campo de Guadalajara se habían acostumbrado a una realidad inquietante. Pasaron muchos de sus días velando en la caza de Caro Quintero. Pero cuando dejaron el puesto, los signos de la riqueza de la familia del narcotraficante estaban por todas partes.

El Gobierno de Estados Unidos había vinculado a Caro Quintero con algunas de las propiedades inmobiliarias más valiosas de la ciudad: condominios, casas, gasolineras y locales comerciales, algunos de ellos a la vuelta de la esquina de donde vivían los agentes de la DEA. Caro Quintero había invertido bien. Sus propiedades inmobiliarias se habían multiplicado muchas veces durante sus años como prisionero y fugitivo.

“Quintero supuestamente colocó las propiedades a nombre de miembros de la familia para ocultar su propiedad”, dijo el Departamento de Justicia de EU el año pasado.

En 2019 y 2021, el Departamento del Tesoro le pidió al Gobierno mexicano que confiscara un puñado de esas propiedades.

Pero para entonces, los familiares de Caro Quintero se habían convertido en miembros destacados de la ciudad. Contrataron abogados de renombre y han repelido los intentos de apoderarse de sus bienes.

Un agente de la DEA recordó haber asistido a un evento ecuestre en el Guadalajara Jockey Club. Miró a su derecha y allí estaba Héctor Caro Quintero Elenes, el hijo de Rafael. Héctor fue uno de los atletas ecuestres más exitosos de México.

“Fue extraño”, dijo el agente. “Estás mirando al hijo del tipo que estás tratando desesperadamente de encontrar”.

Corren rumores sobre la familia Caro Quintero, especialmente Héctor. Le sirvió caviar a su niñera, dijeron algunas personas en el Jockey Club. Se negó a asistir a competencias ecuestres en Estados Unidos porque le preocupaba ser arrestado, dijeron otros jinetes.

Mientras tanto, su padre dormía en una tienda de campaña en el altiplano mexicano. Caro Quintero, en una entrevista de 2018 con la periodista de investigación mexicana Anabel Hernández, dijo que se estaba cansando de los esfuerzos constantes por capturarlo. Los funcionarios de EU habían oído que estaba considerando entregarse.

“Estoy siendo perseguido”, le dijo a Hernández. “Operaciones fuertes de todo tipo de gobiernos. Yo me pregunto: ¿Hasta cuándo? ¿Por qué?”.

A diferencia de Ismael Zambada, Nemesio “El Mencho” Oseguera o Joaquín “El Chapo” Guzmán antes de su arresto, Rafael Caro Quintero no era tan poderoso como antes. La razón por la que era el fugitivo más buscado en México no era por su relevancia en el narcotráfico, sino por su papel en el asesinato de Camarena.

“Era un asunto pendiente”, dijo un ex funcionario de la DEA.

¿Cómo fue la captura?

Entonces, ¿cómo finalmente atraparon las autoridades a Caro Quintero? Depende de a quién le preguntes.

Ramírez dijo que la pista sobre el paradero de Caro Quintero provino de un vecino que se quejó de una fiesta ruidosa la madrugada del 15 de julio en el pueblo donde se escondía.

Un vocero de la Armada de México, el contralmirante José Orozco, dijo que los infantes de Marina “lo venían siguiendo desde hace unos meses” y que la Unidad de Inteligencia de la Marina había determinado su ubicación.

Un ex funcionario de Estados Unidos con conocimiento de la operación proporcionó otra versión más.

La iteración más reciente de la investigación de Caro Quintero comenzó hace al menos ocho meses e involucró a agentes antidrogas de EU que brindaron inteligencia y otro tipo de asistencia a las fuerzas especiales veteranas de la Infantería de Marina mexicana, dijo el ex funcionario.

Después de que López Obrador regresara de una reunión el 12 de julio con el presidente Joe Biden en Washington, altos líderes militares mexicanos concluyeron la captura, dijo el ex oficial de EU. Los funcionarios de la DEA estaban siguiendo el desarrollo de la operación pero no estaban físicamente presentes cuando arrestaron al capo, dijo. Las autoridades mexicanas negaron que la detención estuviera relacionada con la reunión bilateral tres días antes.

Los relatos dispares convergieron en un detalle: cuando llegaron los marines, Caro Quintero trató de esconderse en un matorral. Una sabueso de 6 años llamada ‘Max’ lo olfateó y lo ubicó.

La noticia saltó en México el viernes por la tarde. Inmediatamente, las preguntas se dirigieron a su posible extradición a los Estados Unidos, un proceso incierto que parece probable que tome semanas o meses.

En la Embajada de EU en la Ciudad de México, se preparó un brindis con champaña. Los funcionarios comenzaron el proceso de decidir cuánto de la recompensa de $20 millones asignar, y a quién.

Los miembros anteriores y actuales de RCQ Task Force intercambiaron una avalancha de mensajes de texto de felicitación. El fundador de la unidad tomó una foto del tequila que estaba bebiendo y se la acercó a un ex colega.

Los hombres miraron imágenes recién publicadas de Caro Quintero.

“Parecía rejuvenecido y como un pollo primaveral con cabello negro azabache”, dijo el fundador del grupo de trabajo.

Antes de que se rompiera el champán en la Embajada, tuvieron más noticias.

Uno de los helicópteros que transportaba a los infantes de Marina mexicanos involucrados en la redada se estrelló en Sinaloa, matando a 14 miembros del servicio. El incidente sigue bajo investigación, pero parece probable que la nave se quedó sin combustible, dicen las autoridades.

En la Embajada de EU, se guardó el champán.

Unos días después, López Obrador subió al escenario en su conferencia de prensa diaria. Dijo que la DEA “no tuvo un papel directo” en la captura.

Algunos de los ex agentes de la DEA intercambiaron mensajes. No les sorprendió que López Obrador no les iba a ofrecer crédito. Pero aun así fue una conclusión extraña para su búsqueda de nueve años.

“Conocemos la historia de cómo lo atrapamos”, dijo un ex agente. “Lo que importa es que pase su vida tras las rejas”.