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"La Narcosatánica”, "El Pozolero" y "El Mochaorejas", terribles historias reales

Santiago Meza López se dedicó nueve años a disolver personas en sosa cáustica

Agencias

viernes, 01 noviembre 2019 | 19:33

Ciudad de México.- Oficialmente estamos en la temporada del año cuando espantar se pone de moda. 

Algunos mexicanos disfrutan de pegarle un buen susto a sus amigos o familiares cuando visitan los panteones, otros lo hacen durante las fiestas de disfraces que organizan y otros más lo hacen contando historias de miedo reales, esto, en las festividades del Día de Muertos.

En el marco del Día de los Fieles Difuntos, te traemos tres historias de la nota roja, cuyos protagonistas, Sara Aldrete, alias "La Narcosatánica"; Santiago Meza López, alias "El Pozolero", y Daniel Arizmendi López, alias "El Mochaorejas", ocuparon los titulares en varias ocasiones.

La receta para el pozole

Santiago Meza López se dedicó nueve años a disolver personas en sosa cáustica, primero bajo las órdenes del Cártel de la familia Arellano Félix y después para Joaquín "El Chapo" Guzmán.

El mote de "El Pozolero" se lo ganó debido a que se encargaba de fragmentar los cuerpos de la guerra que se libraba en Tijuana por el control del trasiego de drogas hacia Estados Unidos.

El método para "cocinar" fue compartido por el mismo Meza López en el 2009. Detalló que primero compraba los tambos de 200 litros, después les vaciaba 40 o 50 kilos de "polvo" que compraba en una ferretería del Mariano Matamoros, localizada al este de Tijuana. El kilo del "polvo" era sosa cáustica y apenas costaba 35 pesos.

           

"Los cuerpos que me daban a ‘pozolear' me los daban muertos. Los metía completos a los tambos. Una vez una señora me preguntó que por qué compraba tanta sosa, a lo que le manifesté que porque la utilizaba para limpiar casas...", refirió Santiago Meza.

Al hombre lo ayudaban dos "chavalos", a quienes identificó como "El Chalino" y "El Yiyo", dos jóvenes de 25 años que eran sus paisanos. 

Los dos habían llegado de Guamúchil a ganar dinero en la frontera. 

La diligencia que se les comisionó fue aprender a hacer "pozole".

"La forma de la entrega de los cuerpos es que me hablaba 'El Teo' y me decía que en tal lugar me iban a entregar la mercancía a cierta hora. Me comunicaba por teléfono, que en ese momento no sabía en qué vehículo se encontraban transportando el cuerpo. Después me decían que en tal coche. Me hacían el cambio de luces y se hacía la entrega", explicó Meza.

Santiago comentó que trabajar con sosa cáustica no es cualquier cosa. Hay que ser precavido y él siempre lo fue; utilizaba como equipo de protección guantes de látex y máscara contra gases.

El lugar también estuvo bien elegido, pues utilizaban un predio localizado en la carretera libre a Tecate, una zona desierta llamada "Ojo de Agua". "Ahí se vaciaba 'el pozole', en ese lugar tiramos como unos 60 cuerpos 'pozoleados'". También les servía un ranchito en un camino rural del bulevar 2000.

"El Pozolero" fue recluido en el penal federal de El Rincón, en Nayarit, y el único cargo que pesa en su contra es por su presunta responsabilidad en la comisión de los delitos contra la salud.

El "método" para obtener un rescate por secuestro

Santiago Arizmendi López comenzó su vida delictiva robando coches. Posteriormente empezó a secuestrar para obtener grandes cantidades de dinero y de forma rápida.

Su apodo se debía, claramente, a que cercenaba las orejas de sus víctimas para enviarlas a sus familiares y así ejercer presión para el pago del rescate.

           

La primera mutilación que efectuó fue en diciembre de 1995, cuando el sujeto tomó unas tijeras y le cortó la oreja a Leobardo Pineda, dueño de unas bodegas en Ixtapaluca.

Santiago dejó la extremidad afuera de la casa de los familiares de su víctima. Fue detenido en 1998 en el municipio de Naucalpan y lo sentenciaron a 393 años de prisión en el 2003 por delitos de privación ilegal de la libertad en modalidad de secuestro, delincuencia organizada, posesión de armas de fuego y homicidio.

"Pido perdón a Dios"

Tras pasar 14 años encarcelada, Sara Aldrete llegó a la conclusión de que su vida estuvo marcada por "estar con las personas equivocadas, en lugares equivocados".

La mujer, identificada como "La Narcosatánica", estuvo involucrada en un culto dedicado a los sacrificios humanos, el cual fue descubierto con la desaparición de un estudiante texano llamado Mark Kilroy, quien no volvió a ser visto luego de cruzar a México.

El cerebro del joven fue encontrado dentro de un caldero negro, hervido con sangre, además de una herradura, una columna vertebral y otros huesos humanos. El resto de su cuerpo se encontró en el rancho Santa Elena, en Matamoros, Tamaulipas, donde aparecieron 13 cadáveres descuartizados.

Las autoridades policiales responsabilizaron de estos hechos a los miembros de la secta santera que encabezaba el estadounidense de origen cubano, Adolfo de Jesús Constanzo, apodado "El Padrino", un traficante de drogas que creía que sacrificar gente lo protegía de ser capturado. Murió a manos de uno de sus seguidores, a quien le pidió que le disparara. Sara sí fue detenida.

En prisión, Aldrete negó haber participado en algunas misas negras que realizaban los integrantes de la secta y dijo que no pediría perdón a la sociedad.

"Creo en Dios, en ese poder supremo que todo lo ve y sé que para él no hay nada que se oculte. En ese aspecto estoy tranquila, porque ante la ley de Dios y la ley del hombre ni he matado ni he cometido acto alguno que pueda decir 'me voy a agachar o pedir un perdón por estas cosas'".

Con información de El Imparcial