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Lado B de la pandemia; 24 voces vivieron para contarlo

Son voces y experiencias qué narran en un libro cómo han vivido esta pandemia, qué les ha dejado y que esperan hacia el futuro

Excélsior
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domingo, 04 abril 2021 | 06:40

Ciudad de México.- Son 24 voces que se unieron en la antología Experiencias del Año Cero. El lado B de la pandemia covid-19, no sólo para contar sus experiencias más íntimas desde lo personal y profesional, sino para obligar a mirar(se), y dar un testimonio de lo que sí encontraron, rescataron y replantearon, en medio del enorme dolor, muerte e incertidumbre, que ha dejado la pandemia por covid-19, con la única finalidad de identificar esos motivos y herramientas de los cuales se han sostenido durante este primer año de pandemia.

 Entre las voces están las de un sobreviviente de covid-19 que estuvo intubado durante varias semanas; de médicos y enfermeras que han atendido en primera línea de atención a pacientes covid; ingenieros; madres; artistas; economistas; politólogos; filósofos, sicólogos; comunicadores; escritores, periodistas y el embajador de México en el Vaticano, Alberto Barranco Chavarría, quien escribió el prólogo.

En la primera presentación de este libro de la editorial El viaje y el camino, que se realizó de forma virtual, el pasado 21 de marzo, el embajador Barranco, explicó que en medio del inesperado escenario vivido, “el espíritu afloró para escribir nuestras propias vivencias. Por esa razón es un libro fundamental, no un libro de coyuntura. No es un recuento de lo que pasó, sino una reflexión sobre lo que nos espera en el futuro y darnos cuenta de que los seres humanos estamos desvalidos frente a las circunstancias del mundo. La pandemia nos alcanzó a todos y ojalá la lección también. Pensar en cómo vamos a seguir, porque no podemos regresar a lo que éramos antes, justo como el nombre del libro, éste es el año cero, debemos empezar a reconstruirnos a partir de él”.

Son ensayos que promueven la reconexión no sólo con la humanidad, sino con nosotros mismos, a partir de la introspección, el descubrimiento de nuevas habilidades, el replanteamiento del espacio público, la elaboración de propuestas educativas o el resurgimiento de nuestra sanidad mental.

Y, sobre todo, experiencias en las que se hallaron los motivos y las herramientas para reencontrar un sentido a la vida.

“La fortaleza la recupero desde afuera, decenas, centenares de familiares, amigos, compañeros de trabajo y del medio periodístico, incluso gente ajena que supo de mi caso por la redes sociales o un par de notas de prensa publicadas en días previos, me alentaban y reconocían como un milagro de vida. Y sí, así me sentía, así me siento. Como milagro de vida. Con un entusiasta compromiso de seguir adelante, de dar aliento a otros seres, como el recibido, que me trajo de regreso a este mundo”, escribió Salvador Martínez, al ser dado de alta del Hospital Central Militar, luego de varias semanas intubado, debido a covid.

Otros autores, como médicos y enfermeras que atendieron en primera línea, encontraron su fortaleza en la solidaridad de la ciudadanía: “Algunos restaurantes nos enviaban algún bocadillo sorpresa, los estudiantes de ingeniería y de salud desarrollaron y adaptaron equipos de protección personal para que de esa manera nos sintiéramos más seguros; los hoteles proporcionaron habitaciones para los profesionales que permanecen fuera de casa o para que no regresaran a ella para evitar contagiar a sus familias; también hubo transporte especial para poderlos llevar a su destino; y los profesionales en sicología brindaban atención a todo el personal colapsado”.

Mientras que otros se alegraban con la observación de detalles ínfimos, como el nacimiento de mariposas en un jardín o el escuchar el cantar de aves que hasta antes del confinamiento parecían inexistentes en la Ciudad de México.

Para algunos, la lectura fue la gran compañera durante el confinamiento y la música, un gran refugio.

“Oigo música (de toda menos rap ni reguetón, pero sobre todo Serrat, Sabina y José Alfredo); veo películas y series en Netflix, algún noticiero de TV abierta; en la maravilla que es el mundo digital leo periódicos y revistas; reviso y pierdo el tiempo en redes sociales y a veces chateo con los amigos y chismeamos con los familiares… Nos reímos y preocupamos”, escribió el periodista Gerardo Galarza.

Madres que, a pesar de las lágrimas y momentos de desaliento (porque de un día para el otro debieron convertirse en trabajadoras, amas de casa, maestras de sus hijos), terminaron por descubrir la vocación de docencia, que ni siquiera sabían que existía en ellas. “Aprendí a cortar el cabello, el mío y el de mis hijos; descubrí que de profesora no me muero de hambre y que, de ser necesario, podría meterme a chef”, confesó Verónica López Fernández.

Pero el consuelo también llegó del yoga, la meditación o la Kabbalah, técnica espiritual que afirma que “nadie aparece o desaparece de nuestra vida por casualidad, pero sí por una causa”.

Para los duelos y despedidas de un ser querido, en tiempo de pandemia, llegaron, por ejemplo, los rituales alternativos, como la equinoterapia.

“Este tipo de rituales alternativos son simplemente para nosotros, para conectar con lo perdido, desde este lugar y poder darle una despedida totalmente digna a nuestro ser amado. Es básico liberar estas emociones, porque si no lo hacemos es atorarnos en la vida y quedarnos con los sentimientos de enojo, deuda o culpa”, dijo Marily Tiburcio, entrevistada por una de las autoras.

O el sostén para continuar, en medio de tanta tristeza e incertidumbre, se encontró en la creatividad, “y porque de golpe comprendimos que las crisis tienen la misión de fortalecerla”, escribieron Amador Domínguez Romero y René Rosales Delgadillo, quienes comenzaron a llevar al mundo digital las obras de teatro de La Compañía, a la que pertenecen.

Otros se dedicaron a darles voz a los científicos y ser el puente entre la ciencia y la ciudadanía, como Cristopher Escamilla Arrieta, divulgador de ciencia, a través de la radio.

 Las 24 voces que forman parte de esta antología son de: Ángeles Magdaleno Cárdenas, Amador Domínguez Romero, Armín Gómez Barrios, Catalina Muñoz Téllez, Cecilia Haro Roiz, Claudia Solera Peña, Cristopher Escamilla Arrieta, Diego Velázquez Betancourt, Edgardo E. Zamudio Campos, Eduardo Corona Rodarte, Ernesto Zavala III, Gabriela Medina Hernández, Gerardo Galarza, Gonzalo J. Suárez Prado, Jocelyn Valenzuela Romero, José Alfredo Reyes López, Maira González Baudouin, Mayra Arce Domínguez, Mónica Martínez Silva, René Rosales Delgadillo, Salvador Martínez García, Tatiana Maillard Cantón, Verónica López Fernández y Yeudiel García de Alva.

 La coordinadora editorial de esta antología, Mónica Martínez Silva, comentó que la gestación de este libro se dio después de 21 días de confinamiento obligatorio tras contraer covid en septiembre del año pasado.

“Tres semanas me llevaron a reconocerme y a replantear mi vida personal, familiar y laboral. Así, tras una bocanada de realidad y autorreflexión comenzó la búsqueda de voces que, inmersas en el caos que trajo la pandemia, encontraron motivos que los hicieron crecer como seres humanos y salir de la adversidad más fortalecidos”, aseguró Martínez Silva, en entrevista con Excélsior.

Este libro fue ilustrado por Octavio Moctezuma, artista visual y gestor cultural, quien ha realizado 37 exposiciones individuales entre las que destaca: El triunfo de la razón en el Museo del Chopo.

Sobre esta antología también se puede conocer más, a través del podcast Experiencias del Año Cero, en cualquier plataforma digital.

LOS EJES

El libro se divide en seis capítulos:

  • Relatos de personas contagiadas por el virus y personal de salud.
  • El reencuentro con la naturaleza y con uno mismo.
  • También retratos íntimos y familiares.
  • Se detallan algunas historias del conocimiento y uso de las nuevas tecnologías.
  • También se consideraron reflexiones sobre lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser.
  • En la antología hay historias que vienen desde el hogar hasta el horror de sabernos cara a cara con la muerte y que afortunadamente vivieron para contarlo.