Nacional

Lideran universidades en el país en desarrollo de vacunas contra el coronavirus

Mientras México acuerda con otros países, los connacionales tienen un avance discreto

Reforma

Israel Sánchez/ Reforma

lunes, 07 septiembre 2020 | 07:58

Ciudad de México.- Mientras México acuerda, junto a Argentina, la producción de una vacuna inglesa, o se forma hasta adelante para obtener la rusa --al pactar la aplicación en el país de la tercera fase de investigación clínica del biológico--, el desarrollo nacional de vacunas contra el SARS-CoV-2 avanza discreta y competentemente.

Esto a través de iniciativas tanto en la CDMX, como la vacuna de ADN recombinante que desarrolla el Instituto de Biotecnología de la UNAM, o en el interior de la República, con la vacuna mixta de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

Esta última, actualmente en fase preclínica --iniciada hace un par de semanas--, es liderada por Mauricio Comas García y Sergio Rosales Mendoza, profesores investigadores de dicha casa de estudios.

"Decidimos juntos unir esfuerzos para generar diferentes candidatos vacunales contra el SARS-CoV-2. En particular, hemos diseñado seis", comparte en entrevista Comas García, doctor en química y experto en generación y modificación de nuevos clones de virus.

"Justo hoy empezamos a probar dos diferentes (candidatos). Vengo llegando de empezar los ensayos preclínicos en ratones".

Se trata, reitera Comas García, de una vacuna mixta que, por un lado, está basada en ADN, es decir, que tiene por objetivo insertar a las células humanas instrucciones genéticas que codifiquen una proteína del SARS-CoV-2 para provocar una respuesta inmune. El mismo sistema que está utilizando la farmacéutica Moderna Inc. para desarrollar su vacuna.

"Pero, a diferencia de la de Moderna, lo que esta vacuna está generando en las células son partículas pseudovirales --parecen partículas virales, pero no son virus--, decoradas con las proteínas inmunogénicas del SARS-CoV-2. Y, entonces, en ese sentido se parece a otras vacunas con virus inactivados", detalla el científico.

"Tiene dos rutas de acción. Una es poner ADN a la célula para generar una respuesta inmune humoral y celular; y, después, que esa célula produzca partículas pseudovirales no infecciosas para generar una respuesta humoral todavía mucho más fuerte. Estamos combinando dos diferentes estrategias en una sola vacuna, y hoy empezamos a probar dos diferentes versiones de la misma".

¿Podríamos decir que es una mezcla de las vacunas de Moderna y la Universidad de Oxford en colaboración con AstraZeneca, que es de partículas pseudovirales recombinantes?

Sí, es una combinación de ambas. Pero ellos (Oxford) utilizan un vector de adenovirus, y nosotros estamos utilizando un vector de chikungunya. En ese sentido, son completamente diferentes.

La idea es similar, pero por costos y por velocidad decidimos combinarlo de esta forma, en lugar de desarrollar dos vacunas diferentes. En esta fase inicial de estudios preclínicos los objetivos son muy claros: seguridad y efectividad.

"Probamos diferentes dosis y diferentes versiones de la vacuna para ver cuál de ellas es, uno, la más segura; que los ratones no pierdan peso, que no se enfermen, que no les pase nada.

"Y dos, después vamos a evaluar la respuesta que generen en el sistema inmune; si generan anticuerpos, qué tantos anticuerpos generan y, después, una cosa muy importante en las vacunas es (verificar) que esos anticuerpos sean protectores", detalla Comas García.

Al no tener permitido aún trabajar con el virus completo, continúa, lo que crearon fue un pseudovirus que tiene físicamente las propiedades del SARS-CoV-2, pero que realmente no es infeccioso, sino que es "reportero".

"La idea es que también creamos este sistema reportero de pseudovirus para poder determinar si los anticuerpos que generen los ratones tienen la propiedad de inhibir la entrada de una partícula viral a una célula", expone.

"Eso va a ser parte de la evaluación. No solamente generar anticuerpos, sino evaluar qué tanto van a proteger estos anticuerpos para que una célula sea infectada por un virus que contiene las proteínas inmunogénicas del SARS-CoV-2".

Cuestionado sobre el tiempo en que estima que esta vacuna pueda estar lista, teniendo en cuenta que algunas hechas para otros males tardan hasta una década, pero en el caso específico de Covid-19 se han acelerado los procesos para tener las primeras en uno o dos años, Comas García lo dice claro: "El hacer que se mueva a las fases no es sencillo".

Es por ello, indica, que desde los seis candidatos iniciales uno de los criterios que aplicaron fue determinar cuál de ellos pasaría con mayor facilidad las pruebas regulatorias.

"Decidimos irnos por una vacuna de ADN porque en México, aunque todavía no están autorizadas, creemos que esta pandemia va a hacer que las autoridades mexicanas las permitan de forma más rápida. Y, además, ésta sería una vacuna muy barata comparada con los otros prototipos que tenemos", subraya.

"Entonces, la idea es que una vez que terminemos la fase preclínica y demostremos que (la vacuna) es segura en animales, que generó una respuesta inmune y que esta respuesta es protectora, entonces viene el paso más difícil, que es convencer a una empresa farmacéutica de que, en colaboración con el Gobierno y con institutos de salud, puedan invertir dinero y esfuerzo para llevar esto a las fases clínicas".

Ése sería, opina, el siguiente reto --nada minúsculo-- para este proyecto, en el que colaboran profesores de distintas facultades de la UASLP, así como de la UNAM y el Cinvestav.

"Yo creo que la fase preclínica de las primeras dos versiones la tendríamos lista de aquí a final de año, todos los datos. Ya una vez hecho eso, tenemos que convencer a una empresa para que ponga el dinero para poder llevar esto (las fases clínicas) a cabo.

"Esa yo creo que es la parte más difícil en México, porque las empresas, la mayoría de las empresas farmacéuticas en México, no hacen investigación y desarrollo. Prefieren importar toda la tecnología", lamenta.

Pide romper la dependencia

A la luz de lo que esta contingencia sanitaria ha evidenciado como urgente replantear, el doctor en química Mauricio Comas García espera que pueda haber un cambio en este mero importar vacunas y medicamentos, como ha funcionado tal industria desde hace varios años en México.

"Una cosa que nos va a enseñar esta epidemia es que México se tiene que volver tecnológicamente independiente. No podemos seguir dependiendo de lo que desarrolle Oxford o los institutos de salud de Estados Unidos o el Gobierno chino o el ruso", enfatiza el profesor investigador de la UASLP.

Figuras del gremio científico ven en el acuerdo de México y Argentina para producir la vacuna de Oxford una oportunidad para que el País eche a andar y se posicione en esta industria. ¿Usted comparte tal visión? ¿O le parece demasiado optimista?

Me parece que es muy optimista. Lo que entiendo yo, pero puedo estar equivocado, es que el lado argentino va a producir la vacuna y el lado mexicano la va a envasar. Eso es lo que yo tengo entendido, que no ambos países van a producirla. Pero bueno, es el primer paso. Me parece que necesitamos más de estos impulsos; tal vez esta producción no vaya a ser la más adecuada ni la óptima para México, pero es el primer paso.

Ahora, hay que ver si la vacuna funciona, porque puede ser que la vacuna de Oxford no funcione y entonces esto se echa para atrás. Pero creo que es el primer paso para que las empresas que hay en México se den cuenta que tienen que empezar a desarrollar estas áreas de oportunidad.

Además de que la producción de vacunas en México seguirá siendo una necesidad en los años por venir, pues las dosis que por ahora le correspondan derivadas del acuerdo con Argentina --una producción inicial de 250 millones, a repartirse equitativamente, según informó el Canciller Marcelo Ebrard esta semana-- resultarán insuficientes para cubrir al 60 por ciento de mexicanos, como es requerido para que la inmunidad sea efectiva.

"Aunque México la produzca o envase, como sea el caso, no va a tener la capacidad para generar las que le corresponden y las que le corresponden a Argentina, ni mucho menos las de Latinoamérica", advierte el científico, quien, a pesar de todo, celebra la labor de la Cancillería de acordar con diferentes empresas internacionales que realicen sus estudios de fase clínica tres en México, y así poder ser de los primeros en adquirirlas.

Sufren falta de financiamiento

Aunque es una necesidad prioritaria para hacer frente al Covid-19, no hay una sola iniciativa de vacuna entre los 123 proyectos de desarrollo tecnológico e innovación seleccionados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para recibir financiamiento, lamenta el doctor en química Mauricio Comas García.

Y no es que no hubieran opciones, añade, pues está el proyecto de la UASLP --con el que él y el doctor Sergio Rosales Mendoza aplicaron, pero no fueron elegidos--, así como el del Instituto de Biotecnología de la UNAM, uno en el Cinvestav y otro en Querétaro.

"Es de sorprender que, en este momento de la pandemia, el Conacyt haya juzgado que no era importante financiar estos proyectos, los cuales son esenciales. Porque si nosotros no nos protegemos, ¿quién lo va hacer? ¿Nos vamos a esperar a los chinos, a los ingleses, a que nos puedan vender?", cuestiona el científico, consciente de que tales naciones tendrán como prioridad vacunar a sus poblaciones, y será el excedente el que, acaso, vendan a regiones como México.

"Y no es como que te puedas poner una primera dosis de la rusa y una segunda dosis de la francesa. No funciona así".

El profesor e investigador de la UASLP piensa que el que no hayan sido elegidos en la "Convocatoria de Apoyo para Proyectos de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación en Salud ante la Contingencia por Covid-19", con la que los proyectos podrían recibir hasta 5 millones de pesos cada uno, pueda ser por el criterio de que la iniciativa debe ser completada en seis meses.