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Reducen parcelas... para casas vacías

Crecimiento urbano de últimas décadas provocó que grandes extensiones de tierra se dejen de usar en actividades agropecuarias, según Sedatu

Reforma
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Víctor Osorio/Reforma

lunes, 26 abril 2021 | 06:42

Ciudad de México.- El modelo de crecimiento urbano impulsado las tres últimas décadas ha provocado que extensiones considerables de tierra dejen, innecesariamente, de utilizarse para actividades agropecuarias, la especulación con tierras ejidales y la construcción de viviendas en zonas alejadas de los centros de trabajo, muchas de las cuales permanecen abandonadas, diagnostica la Sedatu en la Estrategia Nacional de Ordenamiento Territorial (ENOT) 2020-2040.

 Publicada el pasado viernes en el Diario Oficial de la Federación, la ENOT indica que la expropiación era el único mecanismo legal para incorporar tierras ejidales al desarrollo urbano hasta las reformas de 1992 a la Ley Agraria que abrieron a los núcleos la posibilidad de incorporar sus tierras al mercado.

 La reforma, señala, abrió también la puerta a la especulación con tierras ejidales por parte de intermediarios que utilizan de manera fraudulenta los procedimientos previstos en la legislación agraria para la urbanización.

  "Dichos procedimientos son: el reconocimiento como avecindados a personas que nunca han residido en el ejido, la conformación de solares urbanos con dimensiones notoriamente mayores a las que requiere una familia en el medio rural, el cambio de destino de tierras de uso común para formar parcelas (que luego pasarán al pleno dominio de sus titulares) y el cambio de destino a tierras para el asentamiento humano; todos los anteriores, excediendo las necesidades reales de expansión de los núcleos agrarios", apunta.

  Entre 2012 y 2019, detalla, la creación de nuevos solares alcanzó más de 90 mil hectáreas.

 "La asunción del dominio pleno es el principal mecanismo para la urbanización de los ejidos. En la península de Yucatán, por ejemplo, las parcelas certificadas que cambiaron a dominio pleno entre 1993 y 2018 han sido utilizadas para el desarrollo de proyectos inmobiliarios o turísticos en los ejidos colindantes a las ciudades de Mérida, Campeche, Cancún, Playa del Carmen y Bacalar", explica.

 Y de hecho, advierte, solamente se ha urbanizado 5.1 por ciento de toda la tierra que pasó a pleno dominio en las áreas suburbanas de la península de Yucatán.

 Entre 1980 y 2010, señala, ciudades como San Luis Potosí y Cabo San Lucas multiplicaron su mancha urbana en 7.4 y 76.4 veces respectivamente, y reportaron densidades promedio muy bajas, de 55 y 48 habitantes por hectárea respectivamente.

  "Esta forma de expansión urbana ha provocado altos costos al erario, ya que lejos de aprovechar la inversión pública ya establecida en los centros urbanos, se han tenido que ampliar los servicios urbanos, entre ellos el transporte, hacia estas nuevas zonas de expansión periféricas", indica.

 El hecho de que las tierras ejidales se hayan utilizado masivamente para la expansión urbana, remarca la Sedatu, no significa que deban ser la única reserva territorial de las ciudades.

 "Primero, porque existen propiedades privadas a las que la política de suelo no ha prestado suficiente atención. Y, segundo, porque no es necesario recurrir a tierra en localizaciones distantes a los centros urbanos, ya que más de tres cuartas partes de las necesidades de suelo para las ciudades se pueden satisfacer con la tierra vacante en las áreas urbanas actuales y las áreas periféricas inmediatas", sostiene.

  Desperdicio

  En las últimas décadas, indica la Sedatu, las políticas neoliberales se orientaron a promover la construcción de viviendas a través de subsidios a empresas inmobiliarias, para las que lo importante fue su venta sin importar su ubicación.

  "Así se construyeron más de nueve millones de viviendas nuevas; sin embargo, la mayoría de ellas se ubicaron en zonas alejadas de los centros de empleo, servicios y equipamientos (...) Se estima que cerca de 660 mil de estas viviendas están abandonadas", apunta la ENOT.

  "Los primeros diez municipios con la mayor cantidad de viviendas abandonadas son: Juárez (Chihuahua), Reynosa (Tamaulipas), Zumpango (Estado de México), Tijuana (Baja California), Mexicali (Baja California), Matamoros (Tamaulipas), Torreón (Coahuila), Tlajomulco de Zúñiga (Jalisco), Altamira (Tamaulipas) y Tecámac (Estado de México). En conjunto, estos municipios concentran 25% de la vivienda abandonada".

  En la Estrategia, la Sedatu plantea como metas generar políticas públicas encaminadas a recuperar la función social del suelo, promover una urbanización inclusiva y sostenible y reducir a 9 por ciento la proporción de solares baldíos.