Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

“La Güera” y “Mano Lencho”, grandes toreros chihuahuenses (Conclusión)

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/ Florencio Zapien, “Mano Lencho” Salvador Figueroa “El Cabezón” y Agustín Robles (Foro-APCUCh).
/ María Aguirre "La Charrita Mexicana" (Foto-Toreros Mexicanos).
/ Torera Juanita Aparicio (Foto-Periódico-Aplausos).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 18 abril 2021 | 05:00

Siguiendo con la crónica de los grandes toreros chihuahuenses más los que se acumulen como el caso de don Florencio o “Mano Lencho” que era como cualquier persona, sencillo y trabajador que contaba con un modesto taller de zapatería en el antiguo Hotel Napoleón, ubicado frente a la antigua central de ferrocarriles de la ciudad de Chihuahua. Se caracterizaba por traer indumentaria propia de su labor que consistía en: pantalón de mezclilla con pechera y en el interior de su humilde local, estaba adornado de una serie de cuadros representativos a la fiesta brava, si, una decena de ellos emulando las diferentes artes de esta tan querida actividad. Durante la semana, reparaba montones de zapatos desde una tapita, un tacón, una media o suela completa; era tan responsable que lo buscaba mucha gente, era muy conocido y el trabajo era una garantía. 

En una de las crónicas deportivas del buen amigo Alberto Conteras “El Ronco”, un experto en la fiesta taurina comentaba el domingo 24 de septiembre de 1995 y hacía un poco de remembranza sobre algunas mujeres dedicada a esta profesión: “Siempre son dignas de admiración las damas que invaden las peligrosas actividades de las que se han apropiado los varones, como chóferes, pilotos aviadores, paracaidistas, pero más admiración me han causado en los personal, las mujeres que han incursionado en el arte del toreo en donde algunas han destacado en forma brillante, muy a pesar de haber tenido que saltar la barrera de la oposición de los siempre inconformes que no admiten esa competencia. Me acuerdo de la novillera Cristina Sánchez a la que vi debutar en la Monumental Plaza “México”. Ella, una rubia madrileña que tuvo en su trayectoria el haber pisado algunas plazas como la de Sevilla y Las Ventas.

“Además de ella, México ha dado magníficas toreras como Juanita Aparicio, hija del que fuera el magnífico “Charro” novillero, Paco Aparicio, la cual, cosechó grandes triunfos en todo México y Sudamérica. Tampoco puedo olvidar a Raquel Martínez, quien quizá la que le sigue a Juanita, pues Raquel a diferencia de Aparicio, se vestía de luces. Sin embargo, existen un sinnúmero de toreras mexicanas que han desfilado por nuestros cosos desde aquella legendaria María Aguirre la “Charrita Mexicana” quien montadas a mujeriegas ponía banderillas a dos manos desde su cabalgadura. María Cobián “La Serranita” torera jalisciense que duró más de 50 años en la profesión…Chihuahua se hizo menos y allá por la década de los 30s y 40 s tuvimos una guapa torera originaria de esta ciudad llamada María Cruz Zapien “La Rubia” la que por su valor y belleza armó mucho revuelo en plazas del norte del país en donde gozó de amplio cartel.

“La Rubia” era hija de un banderillero llamado Florencio Zapien al que le llamaban “Mano Lencho” banderillero, insertada dentro de una familia torera…La hija de “Mano Lencho”, María Zapien, a quien aún recuerdan los aficionados de antaño como torera de a pie, casada también con el torero José Sapien con “S” y no con “Z” “Formalito”. De esta manera, el buen amigo Alberto Contreras terminaba su crónica haciendo el reconocimiento a las mujeres que habían incursionado a lo largo del tiempo en la fiesta brava, pero claro, reafirmando el gran valor que tuvo la chica de los ojos azules “La Rubia” en el toreo nacional. El tiempo pasaría y la hermana menor de Cruz, manifestaba: “En varias ocasiones nos tocó verlos banderillear, pues ya hacía tiempo que se había retirado, él una persona mayor así que, desgraciadamente no puedo platicar más sobre su vida en los toros pero eso sí, siempre platicaba Florencio de sus correrías y sobre todo que hasta el último día de su vida, se dio el gusto de torear…En el ocaso de su vida, fue internado debido a problemas de salud, y una mañana se levantó animoso, se condujo hacia el baño, tomó una ducha y al salir se peinó; se vistió con la bata de hospital, agarró una sábana y anduvo toreando por toda la habitación. Luego les dijo a sus compañeros de cuarto: “Bueno, ya toreamos, ya nos reímos, ahora voy a descansar” y así, se quedó dormido, tranquilo y feliz, tal vez había sido la última corrida de su vida; fue muy triste para todos al saber que el amor que había tenido mi padre por los toros lo llevó a dar su corrida final en el hospital.

“Bendito sea Dios que le dio una vida llena de amor, que supo compartir con la familia y con los amigos, pues fue muy estimado; siempre tenía con quien platicar y reír; su amor y sabiduría era el pan de cada día, aunque también era renegado, pues a todos nos daba carrilla, pero fuera de eso, era querido por chicos y grandes; le gustaba mucho a los chiquillos que les platicara de la fiesta de los toros y así se la pasaba horas y horas recordando su vida…Del banderillero “Mano Lencho”, no recuerdo mucho, pero sí de mi padre Florencio Zapien, un gran padre para sus hijos y un esposo amoroso y ejemplar que seguirá en nuestros corazones y al compás de un paso doble “novillero” que bailábamos Lencho mi hermano y yo, que lo hacíamos en cada reunión con sus amigos en el hotel Napoleón…No lo lloró, porque sé que sigue con nosotros, recordando su presencia a cada momento, siempre lo veneraremos con cariño, su esposa Mercedes Delgado y sus hijos Florencio, Luis, Lola, Tere, Eva, Jesús, Rosa y Rosario, algún día estaremos juntos”.

“Hace más de 59 años dejó de estar con nosotros. Sí, “Mano Lencho” está al lado de Nuestro Señor Jesucristo el cual, partió de este mundo el 3 de mayo de 1962, no pudiendo llegar a cumplir uno de sus sueños más importantes, el poder llegar a la inauguración de la plaza de toros “La Esperanza” que dos años más tarde se abriría para que cientos de aficionados de Chihuahua a los toros, disfrutaran de la fiesta brava; “La Rubia” María Cruz Zapien, quién duraría 13 años en los ruedos y que desgraciadamente, también se adelantó en el camino para seguir la última corrida junto a su padre en el cielo. Ella murió el 13 de enero de 1973 en la ciudad norteamericana de Phoenix, Arizona. Ellos siempre serán recordados por infinidad de personas que tuvieron la fortuna de estar junto a ellos en las buenas y en las malas. Sí, como un presagio divino, ellos se fueron al cielo vestidos con el traje que más amaban, el de torera y banderillero. 

Dice la Güerita: “Hoy en día es necesario tu presencia para sanar muchas heridas que dejaste a medias en este mundo tan ingrato; cuando contaba con 16 años, se fueron de mi lado y desde ahí, ningún día he dejado de recordarlos, pues llevó un enorme baúl de recuerdos hermosos que pasé junto a él y ella, mi padre y hermana; orgullosa y feliz por haber tenido el honor de conocerlos…Sí, era un gran padre y una hermana excepcional, hombre en toda la extensión de la palabra, trabajador, honesto, servicial, estricto y de carácter fuerte pero también dulce y amoroso. “La Rubia” nacida en Chihuahua, aunque varios hermanos y hermanas nacieron en Estados Unidos, tuvo muchas dificultades y fue deportada con su padre a México. Luego insistió para retornar, sin lograrlo, hasta que se hizo torera, considerando que así mejoraría sus posibilidades de regresar a los Estados Unidos, lográndolo en 1958 junto a su esposo José Sapien, también torero, los que se trasladaron definitivamente a Phoenix Arizona, no tardando mucho para decir definitivamente adiós a la fiesta brava.

“La Rubia vivió durante largos años en la ciudad de Phoenix Arizona. Con sus 63 años, María Cruz Zapien quien fuera la tercera mujer torera en México, falleció el viernes 13 de enero de 1973 en un hospital de Phoenix. El servicio fúnebre y sepelio se realizaron el siguiente lunes. Dos personas, dos grandes de la fiesta brava que siempre los recordaremos aun y cuando las nuevas generaciones ni siquiera tengan idea de que existieron, tanto “Mano Lencho” y “La Rubia”. Sin embargo, en esta tribuna de  Crónicas de mis Recuerdos, tuvimos la fortuna de mencionarlos y recorrer parte de su vida, es y será un placer seguir resaltando a personajes como los que hemos plasmado en estas tres intervenciones. FIN.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “La Güera” y “Mano Lencho”, grandes toreros chihuahuenses, forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea los libros de la colección de los Archivos Perdidos, tomos del I al IX,  adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además, tres libros sobre “Historia del Colegio Palmore”, adquiéralos sólo en Colegio Palmore y al celular 614-148-85-03 que con gusto se los llevamos a domicilio. 

Fuentes

Entrevista con la señora doña Eva Zapien Delgado.

Capitán Israel Romero Huerta.

Libros: Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua.

Para consulta de otras crónicas, en la dirección: 

https://cse.google.com/cse?cx=005609530166656930428%3Acaf9nj5edyu&ie=UTF-8&q=cr%C3%B3nicas+de+mis+recuerdos