Opinion

… Ni difuntas

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Gabriela Borunda

domingo, 13 septiembre 2020 | 05:00

Mujeres juntas ni difuntas dice el dicho. El historiador Rubén Osorio recoge en sus crónicas de Pancho Villa que alguna vez llegó una de las muchas esposas del general a la casa que habitaba con Doña Luz Corral de Villa, ambas mujeres exigieron al general ser reconocida como la única esposa, las cosas subieron de tono, los objetos volaban por la habitación y el general Villa casi salomónico salió de la habitación diciendo: Me avisan cuando se arreglen. El asunto se saldó con golpes y mentadas de madre a favor de Doña Luz.

El sábado 5 de septiembre 40 mujeres de diversos estratos sociales y formaciones, pero con un fin común, protestaban contra la impunidad en los feminicidios en Ciudad Juárez la ciudad más peligrosa para las mujeres en América Latina, sí señor, lo que se ve en Juárez no se ve en otro lado. Ante la peregrinación con rumbo a la cruz de clavos el alcalde Armando Cabada no atinó otra cosa que movilizar a las fuerzas municipales y trasladar a las mujeres, cuatro de ellas menores de edad, a la comandancia de policía; claro las estrellaron en el piso, desde luego les apretaron los senos, claro que las arrojaron contra las patrullas y el infaltable montón de policías que golpearon a una mujer en el piso.

Era mucho pedir que Armando Cabada saliera al menos a escucharlas, cuando el dolor es muy hondo que al menos nos presten atención para oír las desdichas es ya un consuelo y un logro ¿Qué le costaba a Cabada salir a escucharlas? ¿Qué le causó tanto miedo? ¿El glitter rosa? ¿El perfume de violetas? Pudo ser un héroe tomando acciones reales contra la violencia feminicida, empezando por tener un padrón actualizado de víctimas y atendiendo cada caso con puntualidad. Pero tomo la más mala de las decisiones en la que ha sido una cadena de decisiones muy malas.

En el 2014 rechacé el premio “Chihuahuense destacada” porque se me heló la sangre cuando una niña de 13 años fue violada y asesinada en el camino de la escuela a su casa, las autoridades dijeron que la niña transitaba por una colonia muy peligrosa, válgame Dios, cómo se le ocurre a esa criatura estudiar, y pensé en mi propia hija y me negué a aceptar las dádivas con que el gobierno del estado pretende callar a las mujeres.

Recuerdo a mi camarada Susana Chávez, la vida le dolía por todos los costados, violada y asesinada en Ciudad Juárez; en Isabel Cabanillas que vendía sus pinturas y artesanías para ganar su sustento y el de su hija, activista en favor de las mujeres que no tenía para comprar un auto y murió cuando le dispararon mientras iba en su bicicleta.

Me viene a la memoria la anestesióloga Karen Estrada que murió en el baño de su centro de trabajo, primero se dijo, por las marcas en su cuello, que era un asesinato, luego la fiscalía cambiaría la versión por la de una sobredosis de medicamentos y Susana Salaís donde un día dan una versión de homicidio y otro de suicidio. Me viene el recuerdo de Rosy Gaytán empecinada en que se declare la alerta de género. 

Me sacude la memoria Blanca Gámez con su suprema idea de que el adulterio no sea causal de divorcio ¿Y a quién se le ocurrió la idea de hacer Miss México en Chihuahua? ¿Qué cerebro adormilado del nuevo amanecer concibió esa idea? Llegó primero el concurso de belleza que la alerta de género.

¿Por qué dos escenarios tan distintos? Porque hay dos feminismos muy distintos. Están las compañeras de la UACJ cobrando por horas, las obreras de las maquiladoras arriesgándose a la muerte, activistas de Ciudad Juárez sin un peso en la bolsa, las médicas y las enfermeras que enfrentan al COVID, pero no son feministas de pedigree o corporativas.

Aquí en Chihuahua en los brazos del home office, están Dora, Alicia, Isabel y un largo etcétera de feministas de los grupos de Lucha Castro y Víctor Quintana, ¿un hombre regentea feministas? Sí. Ellas tienen salario, compensación, celular, vales de gasolina y meten en viáticos las notas del supermercado. Ejercen el poder no como mujeres, porque no hay precedentes de mujeres en el poder, sino como machos desbocados, se identifican con los hombres y están a su servicio, por eso nunca habrá una alerta de género en Chihuahua, porque las feministas del gobierno del estado no traicionarían la confianza de quien la puso ahí, así cuando se pregunta a las autoridades, femeninas, del estado qué es lo que está pasando, por qué tanta muerte y violencia, ellas contestan como Capulina “A noni, a cuano”.

Así hay dos feminismos, el que trabaja, lucha y muere en la calle, y otro pagado por Javier Corral, y en esa burbuja de cristal la violencia no existe, mujeres traicionando a las mujeres. En los últimos años he ido unas veinte veces acompañando al CEJUM a jovencitas que necesitan interponer una denuncia, sólo una vez logramos interponer la denuncia y fue la ocasión en que nos atendió un hombre. Por eso mujeres juntas ni difuntas.