Opinion

-“El Mocho” tenía fiesta en salón de “El Charolas”

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GPS / Columna

jueves, 28 mayo 2020 | 05:00

-La comunicación social es ya electoral

-Desparpajo hasta en señalamientos viales

Salió el peine con la detención del hoy famoso “Mocho”, Gibran R.S, y su novia Daniela C.L. a quien apodan la “Reina del Sur”.

Se confirma. La casualidad y no la inexistente inteligencia y mucho menos profunda indagación de los cuerpos de seguridad estatales, fueron los que llevaron a la detención de dicho objetivo.

Nos dicen que Daniela estaba celebrando su cumpleaños en un conocido salón de fiestas, que aseguran es propiedad del mismito director de Seguridad Pública Municipal, quien es conocido como “El Charolas”.

Alguien que se disgustó por el ruido y el escándalo reportó la borrachera, donde las bebidas espirituosas corrían de manera abundante, y fue así como dieron con ellos. No aceptaron la amonestación para detener la fiesta. 

Muy lejos la realidad de la narrativa y el discurso oficial con el que el gobernador se quiso alzar el cuello.

Más bien tiene tintes de una tragedia de novela policiaca mexicana de narcos que caen en desgracia providencialmente y no por mérito de la autoridad.

Será por ello que el secretario de Seguridad, Emilio García Ruiz tenía la mirada perdida y apenas la sostuvo para la foto que se divulgó profusamente.

La historia oficial choca irremediablemente con la realidad. Sueña el mandatario estatal con grandes operativos producto de instrumentos de indagación que ya quisiera el FBI. El asunto por supuesto es comidilla en los corrillos policiacos. Grave por la facilidad con que se alteran los hechos y se crean historias paralelas.

El único análisis e inteligencia realizado para lograr esa “importante detención de quien es clasificado como jefe de célula de esta organización criminal en esa región del estado”, fue llegar a tiempo a romper con una fiesta Covid.

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Es evidente el descaro en el manejo informativo de la administración corralista con fines electorales y ausencia de sensibilidad y datos responsables y totalmente confiables en el manejo de la pandemia.

Los de ayer fueron programas que deben motivar un extrañamiento público y una investigación que sancione el manejo irresponsable del gobernador y su comunicador social Manuel del Castillo, alias “Igor”.

Tiene toda la semana el gobernador con informes regionales, pasando por encima de los alcaldes y promocionando descaradamente sus programas sociales para obtener crédito y reconocimiento público.

Así lo dice con todas sus letras, que debe saber la población lo que está haciendo su administración, incluso por encima de otras entidades.

La promoción de obras y acciones de gobierno tiene muy claras las limitaciones en la ley electoral, tanto la estatal, como la general.

Hay prohibición expresa de este tipo de manipulaciones. Desde su figura como máxima autoridad estatal no puede estarse promocionando él, ni promoviendo a sus funcionarios, con el pretexto de un formato periodístico artificial.

Para colmo su comunicador prefiere hacer entrevistas a un promotor cultural en España, muy respetable por cierto, antes de que se brinde la información actualizada de Covid.

Así es. Pasó a segundo plano esa información de la estadística terrible. Arturo Valenzuela fue literalmente callado para un enlace, y de mala calidad, al país ibérico, donde todos los intervinientes sostuvieron una alegre charla trasatlántica, como si estuvieran en un programa de revista.

Falta de respeto total para las familias de diez chihuahuenses fallecidos, cientos de hospitalizados y mil seiscientos contagiados.

Hasta Valenzuela le pidió consejo a dicho promotor cultural acerca de las medidas de política pública que propondría a Chihuahua en esta tercera fase.

Hay ausencia total de oficio en la comunicación gubernamental y su contenido responsable, apegado a los principios de la administración pública y el manejo de los recursos, que raya en violación flagrante a normas electorales que tienen incluso sanción penal. La diferencia pequeña es que “La Pety” Guerrero, Ana Luisa Herrera y todos los funcionarios que desfilan en el programa no tienen fuero como el gobernador.

Ellos sí deben preocuparse ya con la polarización electoral casi encima.

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En lo más álgido de la guerra contra la inseguridad, con los números hasta el tope en ejecuciones y con amplias zonas de la entidad bajo control criminal, el otrora responsable de esta materia se encontraba estudiando.

Loable la preparación y el crecimiento personal, pero como titular de la Comisión Estatal de Seguridad, Oscar Aparicio debía tener realmente muy poco tiempo para el estudio.

Los operativos eran constantes, sus oficiales y personal siempre bajo el riesgo de ataque, como ocurrió hasta el final de su desempeño como funcionario.

Pero mientras eso ocurría, tenía sus escapadas, suponemos que largas escapadas, para atender clases, virtuales, para sacar una licenciatura y terminar una maestría.

A la administración estatal llegó con una licenciatura en Derecho otorgada en 2015 por el Instituto de Estudios Superiores Aduanales con sede en Tapachula, Chiapas, allá del otro lado del país.

Con esa credencial -más un título de Técnico Superior Universitario como Piloto Aviador obtenido mediante el acuerdo secretarial SEP 286- llegó a encargarse de la seguridad en Chihuahua y durante los años subsecuentes se inscribió en el Centro de Estudios Avanzados de las Américas, que ofrece estudios en línea de licenciatura, maestrías y doctorado, cuyos programas tienen reconocimiento RVOE, los más antiguos apenas del 2006. Es una escuela muy joven, pero muy joven. 

La cédula se expidió en 2019.

Antes, en 2017, obtuvo cédula por una maestría en The Inter-American Defense College, estudios que suponemos concluyó en esas fechas.

Aparicio se retiró del puesto apenas en enero. Fue Chihuahua una gran experiencia para él y la oportunidad de seguir creciendo académicamente. La seguridad, por supuesto, en los suelos.

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El desparpajo con el que se manejan autoridades viales se nota hasta en los señalamientos de tránsito que hay por toda la ciudad.

Lectores muy observadores hacen llegar fotos que pueden verse en la edición digital de GPS. Muestran que sobre la avenida De las Industrias se encuentran dos señalamientos en semáforos sobre la calle Fedor Dostoievski, nombre del autor ruso de la época zarista, cuya traducción al español siempre ha sido confusa por las variaciones alfabéticas de los idiomas. Por eso también se escribe como Fiódor Dostoyevski. La lección histórica, biográfica o lingüística no es el caso.

Uno de los anuncios, el que se puede ver de norte a sur, dice: Fedor Dostoievsky. El otro, en el sentido opuesto, está escrito así: Fedor Dostoyevzki. 

Independientemente de cuál es el correcto y cuál el incorrecto, pues nunca faltará la polémica por la traducción más adecuada, lo que llama la atención es la disparidad tan evidente y que por años se mantenga así.

Esa falta de atención a un detalle no sólo es reflejo de la ignorancia de las autoridades, sino de un desinterés total por hacer las cosas correctamente.

Más allá de que Fedor o Fiódor se revuelque en su tumba de San Petersburgo por un anuncio mal hecho en Chihuahua, lo que debe motivar la reflexión de la autoridad es que si no cumple con lo menor, menos cumplirá con lo mayor. De ahí la importancia de los detalles.

En desagravio a uno de los grandes escritores de la literatura universal y de la ciudadanía esos anuncios deberían corregirse de una vez por todas.