Opinion

- Sin idea sobre el problemón del huachicol

- Muy oportuno Loera con la cartilla moral

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miércoles, 16 enero 2019 | 01:35

- Muy oportuno Loera con la cartilla moral
- Metrobús y Vivebús, el caro cambio de logos
- Socializa la UACH su transformación
E
n el juego de las cifras, el dato del afamado plan sistemático operativo para erradicar el robo de combustible, hecho patente ayer, es apenas pequeñísimo, ínfimo.
Como que la administración estatal no tiene ni idea del tamaño del problemón que significa el huachicol chihuahuense.
Dice el comunicado enviado ayer muy temprano desde la comunicación social estatal que han sido decomisados 335 mil litros de combustible en dos años y tres meses de la actual administración. Calculada la cifra en barriles, estamos hablando de más menos 2 mil 106.
Bueno, pues debemos conocer que los ductos que atraviesan Chihuahua, que son cuatro, de distintas pulgadas de anchura, tienen capacidad para trasladar en total 96 mil barriles diarios, que en litros suman quince millones cada 24 horas.
Cada año, esos ductos, uno de los cuales le mostramos en imagen satelital en nuestra versión digital, transportan 35 millones de barriles. La cifra en litros es inmensa.
Por ello, el huachicol, nada más en 2018, con 122 tomas clandestinas detectadas por Pemex, es mucho más que los dos mil barriles festinados.
Una golondrina no hace verano. Buena la intención, pero muy pobre el resultado del desconocido plan cacaraqueado, acaso porque desde el corazón de la Fiscalía General del Estado hay protección al crimen organizado responsable del robo de combustibles.
Por cierto, en la búsqueda del dato de los ductos nos encontramos con la sorpresa de la antigüedad de los mismos. Los dos de Gómez Palacio a Chihuahua datan de 1975 y 1977; el de Juárez a Chihuahua, es de 1992 y el de El Paso a Juárez, de 1989.
Pertenecen a una línea de conducción que nace en Juárez y termina en Tamaulipas, con un total de 3 mil kilómetros. Nada más de Gómez Palacio a Juárez hay que cuidar 800 kilómetros.
No hay operativo especial del Ejército; y por parte del gobierno estatal son  acciones esporádicas de un “plan sistemático” únicamente mediático para aprovechar la coyuntura de un foco presidencial para llevar agua a su molino.
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Muy oportuna la publicación de Juan Carlos Loera, en relación con la cartilla moral de Alfonso Reyes, documento sin duda indispensable en la vida social y política no sólo de México, sino de todos los pueblos.
Don Alfonso Reyes fue un diplomático y escritor verdaderamente relevante, no sólo para la cuarta transformación. Es universal el reconocimiento al regiomontano.
Por ello toma relevancia que desde el gobierno de México se haya impreso y circulado también en PDF una versión de dicho catálogo de principios y valores, que fue compartida por el súper delegado federal en su red social.
La cuestión es que nuestros políticos, antes y después de la transformación de julio del año pasado, poca atención ponen en la práctica.
Dice el reconocido poeta que “no todo está permitido. Lo excluido es aquello que está mal, que causa mal. El bien es benéfico, y el mal maléfico”.
Lo citamos porque es muy distinto lo que se pregona de lo que se hace. Hacerle al Maquiavelo orquestando manifestaciones para hacer manita de cochi al Director General del ISSSTE dista mucho de cumplir con el principio enarbolado por el autor del texto, cuya portada mostramos en la versión digital.
Más cuando el mismo día tiene lugar dicha travesura.
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Pensamos que ahora sí va en serio la estrategia de dar identidad al Metrobús. Por lo pronto empezaron las tareas de eliminar vestigios ostentosos del Vivebús en las terminales. La foto que le mostramos en la versión digital corresponden a la terminal norte.
Ahí se observan los rastros de lo que fue un monumento al culto de una marca política en decadencia.
A la anterior administración le dio por colocar logotipos de identidad institucional monumentales. No fue el Vivebús el único. Recordemos el macro logotipo de Chihuahua Vive en el edificio que ocupa el Hospital General, sobre Teófilo Borunda.
La colocación de esos logotipos significó inversiones millonarias en búsqueda de generar una marca e identidad en los electores, que al final no sirvió absolutamente de nada, salvo para fortalecer el hartazgo de la comunidad en relación a los excesos de la clase política.
No deben los antiguos logotipos gigantescos ser sustituidos por otros, en el mismo exceso de comunicación política. Son otros tiempos. Ojalá no se repita en este asunto la simpleza de la macro pantalla instalada el año pasado afuera del Hospital de la Mujer en Juárez.
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En la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) empezó la socialización de la nueva organización académica y administrativa.
El rector Luis Fierro ya ha tenido diversas reuniones con sectores y líderes, entre ellos el empresarial. Esta semana inició con los maestros universitarios de las distintas facultades.
El modelo implica, como ya se sabe, la desaparición de las facultades y la creación de institutos. Un formato que le dará oportunidad a los estudiantes de obtener un título por cada año de estudios.
En lo pedagógico incluye una focalización en las competencias necesarias para insertar a los alumnos no sólo en el mercado laboral, sino una profundización en el humanismo.
Habrá naturales resistencias, de quienes no desean cambio alguno para conservar las canonjías existentes.
Por lo pronto los directores han estado muy callados y los sindicatos muestran una disposición patente en las últimas decisiones adoptadas en relación con aportaciones a pensiones y edad de jubilación.
Faltaría sólo el andamiaje jurídico, que implica tocar la ley orgánica y reglamentos interiores. Estaremos al pendiente.