Opinion

- Entre ‘zafo’ y ‘no bromeo’ ahorcan la frontera

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La Columna de El Diario

sábado, 30 marzo 2019 | 20:40

Es una crisis humanitaria sin precedentes la que sufre México-Estados Unidos en relación con los migrantes ilegales procedentes particularmente de Centroamérica. Pero no se queda sólo en el tema migratorio ilegal, porque ya afecta seriamente la vida económica y social en la frontera, el flujo legal de personas y el comercio fronterizo.

Frente a ello, ninguno de los dos gobiernos asume una posición responsable; Trump asfixia los cruces fronterizos como respuesta y López Obrador es omiso en el control de la frontera sur.

Si en algo coinciden ambos es en pretender resolver la disputa mediante el simple discurso fácil frente a los medios de comunicación y especialmente las redes sociales. El “bla, bla, bla” es la marca de la casa. Dicho coloquialmente, ellos no la sufren en sus burbujas doradas de protección con recursos humanos y económicos públicos.

No reparan en la afectación millonaria que significa hacer lentos los cruces en los puentes, por donde cruzan diariamente cientos de miles de personas, autos y bienes de todo tipo en diez entidades México-norteamericanas, que tienen una vida activa, cotidiana y permanente basada en esta relación comercial, que no se puede ni se debe detener.

En este entorno, las pláticas en lo oscurito entre ambos gobiernos, con visitas de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero a los Estados Unidos y la reciprocidad reciente de Jared Kushner, nada han resuelto, entre el “zafo” y el “no estoy bromeando” de ambos presidentes.

En un asunto que ni por asomo puede tomarse a chiste y que esconde un drama humanitario y económico mayúsculo.

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Desde los estertores de la administración de Enrique Peña Nieto empezaron a formarse las caravanas de migrantes, que derribaron las mallas ciclónicas de la frontera sur y atropellaron al escaso e impreparado personal del Instituto Nacional de Migración en Tapachula, Chiapas.

Queremos pensar que Peña, con un presidente electo sumamente fuerte, se plegó al sucesor, dobló las manos, y entregó su gobierno de manera lastimosa a la orientación política de la Cuarta Transformación, que exigía nada por la fuerza.

La situación no ha cambiado, ya con esa política de Estado: bajo un esquema de evitar al máximo la coacción física para imponerse aún cuando sea en la aplicación de la ley, el gobierno de López Obrador abrió de par en par el tránsito de migrantes, sin otro requisito que un registro, y párele de contar.

Entran los migrantes ilegales en México como Juan por su casa.

De aquel entonces a la fecha, miles de personas, entre ellos niños y mujeres, han caminado cientos de kilómetros en busca del sueño americano, en condiciones infrahumanas.

Con sus pies lastimados con ampollas, que son auténticas heridas profundas en sus pies, lastimaduras que dejan secuelas en músculo y hueso, para nada superficiales, y mucho dolor; con sed, y hambre, los migrantes sufren en carne viva el frío y el calor inclemente del amplio territorio mexicano.

La desesperación los lleva a soportar estas condiciones con el ingrediente de la violencia, que entre ellos mismos se practican, con abuso sexual, robos, lesiones y homicidio. Un autogobierno anárquico, donde la ley del más fuerte priva.

Pero además enfrentan el acoso de la delincuencia organizada, como ocurrió en Matamoros, donde desaparecieron varias decenas de migrantes de un autobús, sin que hasta la fecha se sepa nada de ellos. Se esfumaron.

El otro drama son los refugios temporales proporcionados por las autoridades locales y sociedad civil, donde reciben atención médica y asistencial precaria, porque los recursos económicos no alcanzan.

Las organizaciones sociales junto con los municipios hacen esfuerzos por financiar el apoyo, ante la mirada impasible de los gobiernos estatales y el federal, que han sido omisos.  

Cuando menos López Obrador ha sido claro en suspender desde el 1 de enero cualquier recurso para las organizaciones de la sociedad civil, pero los gobernadores quedan en puras promesas, dejando colgadas a las organizaciones civiles y religiosas que no pueden con esta pesada carga.

Chihuahua es un ejemplo de ello.

Es una auténtica crisis humanitaria y nadie repara en ello, ni dentro del país ni en el ámbito internacional.

Hay una omisión criminal desde la esfera gubernamental en complicidad con las organizaciones de derechos humanos, oficiales y no oficiales.

¿Dónde está la Organización de las Naciones Unidas y las organizaciones civiles nacionales e internacionales en esta tragedia?

En Estados Unidos hay varias organizaciones de defensa de los derechos humanos, como The Southern Poverty Law Center, la Comisión Episcopal de Migrantes o el Consejo Nacional de la Raza, con activismo intenso, pero en México, ¿por qué nadie actúa con fuerza y decisión en el tema?

La Comisión Nacional y las Comisiones Estatales de los Derechos Humanos han quedado mudas. Los esfuerzos de protección son aislados por organizaciones regionales de derechos humanos que brindan acompañamiento, gestión de alimentos, hospedaje, salud y seguridad, pero hasta ahí.

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Migrant Status Inc del Reverendo Robin Hoover elaboró una guía practica del migrante, con consejos acerca de la manera en que se debe recorrer el país para tratar de cumplir el sueño americano.

Entre las recomendaciones se encuentran las relativas a la delincuencia organizada y la extorsión que practican sobre los grupos de migrantes.

Los puntos localizados se encuentran, de acuerdo con esta guía, en Nuevo Laredo, Saltillo, Juárez, Sasabe, Hermosillo, San Luis Potosí, Reynosa, Mazatlán, Morelia, Aguascalientes, Zacatecas, Estado de México, etcétera, etcétera.

Prácticamente se van a encontrar una o varias veces con grupos armados que les pedirán dinero para dejarlos continuar.

Algunos de ellos serán secuestrados en espera de que sus familiares, desde el lugar de origen, hagan depósitos. En cautiverio serán sometidos a tortura psicológica y física, que doblega sus voluntades. Sufrirán violaciones sexuales.

La guía es una propuesta crítica y cruda de la auténtica realidad del sufrimiento al que son sometidos los migrantes.

Una realidad que nadie ve.

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En este entorno, Donald Trump, aprovecha el tema para conseguir votos de los norteamericanos radicales.

Por eso con gran estridencia llama a cerrar la frontera y hace rounds de sombra con el Gobierno mexicano, a través de las redes, tratando de generar confrontación.

Esto aún y que con ello se afecte el tránsito de un millón de personas que cruzan por todos los puentes, 300 mil vehículos y 70 mil camiones con mercancía, incesante ir y venir cada día.

Un trasiego de personas y bienes que no sólo es el alma del comercio en la frontera, sino que es sustento indispensable dentro de la economía nacional.

Juegan al gato y al ratón los regímenes de ambos países: en uno se obstruyen los puentes como consecuencia del personal que debe destinarse para atender a los migrantes que llegan hasta la puerta de entrada norteamericana, y en otro el territorio mexicano se ha convertido en tierra de nadie, donde la política migratoria es la más flexible del mundo, con miles de migrantes que con sólo caminar ingresan al país, apedrean instalaciones migratorias y lesionan a los infortunados oficiales, que ni las manos pueden meter. Escenas como estas son cotidianas en la frontera sur.

Es cierto que el drama de los fronterizos que se ven afectados en sus actividades cotidianas, al tener que esperar hasta cinco o seis horas para cruzar, es nada frente a la tragedia humanitaria del migrante con pies sangrantes, pero ambos son dos caras de la moneda, que la autoridad pretende evadir, en una enajenación que no se justifica, ni en el supuesto de evitar el uso de la fuerza, ni en el excesivo uso de la misma, con decisiones irracionales como las que escuchamos del líder de nuestro país vecino.