Opinion

- No es de su interés la declaración patrimonial

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GPS / Columna
lunes, 23 septiembre 2019 | 05:00

-Obras terminadas sólo en el discurso

-La realidad es que no hay Guardia Nacional

-Ya se siente la salida del nuevo amanecer


La Ley de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos sigue siendo letra muerta en lo que hace a la obligación de divulgar declaraciones de interés y patrimoniales.

Se supone que ya no habría mayores secretos al respecto, con declaraciones que no serían guardadas en los cajones de la Secretaría de la Función Pública, y que sólo serían exceptuados aquellos datos que resulten en afectaciones a la vida privada o contengan datos personales protegidos por la constitución.

Leyes van y vienen. Hay una gran puerta hacia la opacidad, cuando la plataforma nacional, donde deberán ser colgados estos datos, a la fecha es sólo una buena intención.

Como resultado de esta indeterminación, cada quien hace lo que le viene en gana en la materia. Por ejemplo, si se revisa la declaración patrimonial última subida al portal de Secretaría de Salud, por el titular Jesús Enrique Grajeda, es claro que es muy fácil darle la vuelta al cumplimiento de la norma. 
En este caso, el funcionario público, con la mano en la cintura, remata la declaración afirmando que no es su deseo hacer pública ni su declaración patrimonial ni su declaración de interés.

La imagen de la declaración, que no tiene un solo dato que aporte a la transparencia de la información, se la mostramos en nuestra edición digital. Corresponde al 29 de octubre de 2018.

Suponemos que en idéntica situación se encuentran la mayoría de los funcionarios públicos estatales y federales.

El sistema nacional y el estatal en materia anticorrupción carecen de dientes, particularmente porque las sanciones corresponden a órganos estatales o federales, según corresponda.

Se convierte entonces el SNA en un entramado de complicidades y protección entre funcionarios del mismo ámbito gubernamental, y donde la opinión pública, sin la información transparente, poco puede hacer en el equilibrio y contrapeso.



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Entre semana sostuvo una reunión el gobernador con el Colegio de Ingenieros, para hacerles una atenta invitación a colaborar de manera estrecha con el Plan de Inversión 2019-2021.

Les dijo, textual, que se debe firmar con los ingenieros civiles una asociación estratégica para asesorar al gobierno, “particularmente en el desarrollo de este plan que es uno de los más ambiciosos planes de inversión en infraestructura que se hayan presentado en las últimas décadas en el estado, que proyecta una inversión de más de 19 mil millones de pesos”.

Sin embargo resulta que hay un pequeño detalle.

De una revisión únicamente de dos de los diez grandes rubros de obra anunciados pomposamente, resulta que la mayoría están en proceso y algunas de ellas terminadas.

En el apartado deporte, recreación para las familias y rescate de espacios públicos, de 213 obras contempladas, el 60 por ciento está en proceso y queremos pensar que muy avanzadas. Hay un 3.2 por ciento de obras terminadas. Sólo el 36 por ciento de las obras están programadas.

Lo mismo ocurre en el caso del rubro ciudades amigables, con un 53 por ciento en proceso, un 37 por ciento programadas y un 8.4 terminadas.

Luego entonces, algunos ingenieros se preguntaron, ¿cuál será la intervención del Colegio?, particularmente cuando debió haber intervenido en la planeación, que es donde la intervención adquiere particular relevancia. Incluso, en la ejecución directa de algunos proyectos.

Porque las mismas obras programadas ya están determinadas y comprometidas, con recursos y proyectos específicos.

Por lo que la invitación se antoja verdaderamente tardía.

Como que fue una ocurrencia del momento, al percatarse que el principal proyecto de obra, el más ambicioso de los últimos años, careció de un elemento fundamental, el amplio consenso, no sólo con los ingenieros, sino con los diversos sectores de la sociedad.

Incluido en ello a los propios ayuntamientos, que fueron desplazados de cualquier ejercicio de planeación, y sólo fueron invitados al momento de convalidar y legitimar la proyección impuesta desde el escritorio principal de Palacio.


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Hubo entre semana presencia de personal del Ejército en las afueras del Palacio de Gobierno, en las calles Vicente Guerrero y Libertad, que hoy son peatonales en su mayoría.

Estacionaron ahí sus vehículos en espera de algún mando, pero lo que llamó la atención a los ciudadanos, fue que no existiera distinción alguna entre el personal de la Guardia Nacional y el personal militar.

Ambos traían vehículo pickup camuflado igual que su vestimenta. La única distinción lo era una banda con las iniciales GN en el brazo.

Pero además, los dos grupos de elementos realizaban exactamente las mismas tareas de protección a un superior, cuando se supone que los elementos castrenses comisionados a la GN se encuentran realizando acciones de combate a la delincuencia.

Por eso ya no se sabe quién realiza qué, hay una confusión indudable entre ambos cuerpos militares que de civiles nada tienen.

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Queremos pensar que es pura casualidad el hecho de que una de las obras de artistas plásticos, convocados para decorar los parabuses del transporte público, por parte del Ayuntamiento, se haya denominado Atardecer.
 Es un paisaje con un rarámuri corriendo y un vaquero montando. Al fondo el sol ocultándose detrás de las montañas de la campiña chihuahuense, con su tonalidad amarillo-rojizo.
 Estará colocada dicha obra del artista Carlos Ernesto Esparza en el respaldo de uno de los paraderos de autobuses urbanos. Ya se siente en estertor el eslogan del nuevo amanecer.
 En la foto que le mostramos está la alcaldesa María Eugenia Campos, junto con los artistas. Sostiene ella en sus manos precisamente la obra a la que nos referimos.

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El partido Morena y los chairos que lo componen son lo que menos preocupa al subdelegado regional de Programas Federales, Marcelino Gómez Brenes.
Eso lo ha dejado en claro el funcionario federal, al rellenar la nómina de arribistas y oportunistas, sin darles oportunidad alguna a sus compañeros de partido que le ayudaron en su fracasada aventura electoral, como candidato a diputado federal, pese a la cual fue premiado con un cargo público.


También ha dejado muy en claro que tampoco le importan los beneficiarios de los programas sociales que promueve. Son montones las quejas que hay por malos tratos de él directamente, ni siquiera de sus burócratas colaboradores.


Por eso es que Marcelino sabe, según los chairos, que no tiene oportunidad de competir para un cargo de consejero dentro del partido, lo que complica candidaturas futuras para él y sus amigos. La dirigencia de Morena ni se diga, está a años luz del subdelegado acusado de nepotismo.
Pese a ello, el joven político parece haber perdido el piso o de plano se le subió a la cabeza el cargo de segundo nivel que ocupa.


Resulta que ya se promueve no como aspirante a cualquier cargo de elección, sino que piensa en la gubernatura de Chihuahua.
Así se lo ha confesado a sus allegados. Su apuesta a favor del superdelegado Juan Carlos Loera de la Rosa para el año 2021 es a cambio del apoyo del funcionario para postularse en 2027.


La futurología al vapor de Gómez Brenes pareciera un simple chiste, pero es tan serio que asegura tener enfocadas sus baterías en ello. Así de extraviado. “Ya lo perdimos”, dicen los que antes eran sus amigos.