Opinion

-Acoso y corrupción en Central de Actuarios

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GPS / Columna
lunes, 24 junio 2019 | 05:00

-De nada sirven turboglorietas sin Vialidad

-Revoltijo de PRI, PAN y Morena

-¿Apoya de su sueldo o es lana del Congreso?


Son múltiples las quejas de litigantes que nos han llegado en relación con el funcionamiento de la central de Actuarios del Tribunal Superior de Justicia.

Nos dicen que hay un actuario preferido para participar en los desalojos por una muy sencilla y sutil razón: hay lana de por medio.

Tanto el abogado interesado en llevar a cabo el desalojo, como las personas que están siendo desalojadas, están muy interesadas en que se realice o no el acto jurídico ordenado por el juez.

Pretextos hay mil para evitar el desalojo, mediante los cuales puede pretextar el actuario la imposibilidad de realizarlo. Y ello lo convierte en un elemento de negociación económica.

Es obvio moche con los coordinadores de la actuaria central, según nos explican, con un arreglo muy cómodo y sin testigo alguno. 

Eduardo Sotelo es el jefe central de actuarios y los coordinadores Daniel Castillo y Ricardo Tello. Ellos están en el enjuague. Ni modo de pensar lo contrario.

En lo oscurito un desalojo sale sin problema en cuestión de minutos, aun y cuando falte algún detalle o requisito.

Todo es cuestión de aceitar bien la maquinaria, y los responsables de sacar adelante una actuación judicial, simplemente se prestan a cualquier juego.

La condición es el pago de una cantidad, que hace sufrir a los abogados honestos, que no tienen contemplada tal contingencia necesaria e indispensable.

Incluso, si es necesario, los actuarios muy bien pueden brindar cualquier asesoría para dejar satisfecho al mejor postor, para que logre su propósito sin mayor contratiempo.

Pero además hay acoso, de tipo sexual y laboral. Asunto harto grave donde involucran tanto a Sotelo, Tello. como a David Urías.

Obvio. Debe voltear el Consejo de la Judicatura en un asunto que está por reventar. Remember caso Stove y otros. Acá es tantito peor porque hay mochadas de por medio.


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Deben estar muy dormidos en ingeniería de tránsito y por supuesto en la misma Dirección de Vialidad.

Los cuellos de botella del tráfico generados en horas pico se han convertido en un auténtico infierno.

No existe ningún tipo de planeación ni inteligencia para sincronización de semáforos o la mínima disposición para habilitar agentes en cruceros donde haya que agilizar el tráfico vehicular.

Por muy avanzados que sean los sistemas con que funcionan los semáforos en esta ciudad capital, es obvio que algo no funciona bien.

O es necesario entrar a hacer una revisión a fondo o hay que volver a la adopción de medidas antiguas, como la habilitación de agentes donde sea necesario. Increíble que sólo en los cuatro semáforos junto a las áreas de gobierno estatal, por la Calle 11, no exista la mínima sincronía.

Se nota un abandono de vialidad en este sentido. Los agentes son enviados a cumplir su cuota de infracciones y que se olviden de agilizar la circulación vehicular. Esa no deja dinero.

Al final de cuentas, que sufran los automovilistas en sus recorridos de tormento entre las siete y ocho, una y tres de la tarde.

Los cuellos de botella muy identificados, en Cantera, Ribereña, Tecnológico y Vallarta, el centro de la ciudad, entre otros puntos muy específicos.

De nada sirve que el Municipio realice obras como las turboglorietas para facilitar la circulación necesaria en una ciudad con un nivel de crecimiento muy alto, si Vialidad no adopta acciones urgentes en esta materia.

Los millones de pesos invertidos por el Municipio se van a la coladera si Vialidad sigue dormida pensando en los moches del alcoholímetro a partir del jueves de cada semana y lo demás les importa un soberano cacahuate.

La imagen que le mostramos en la edición digital nos la envió un amable lector. La tomó en Teófilo Borunda y casi Junta de los Ríos.


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Ganan los diputados locales más de 120 mil pesos mensuales, entre sueldo, arrimadijos, gasolinas y celulares, etc., etc., etc.

Están muy por encima del sueldo fijado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, con total ligereza, sin mortificarse demasiado.

Algunos se quedan con su sueldo sin pensar en acciones de solidaridad, pero tenemos un caso especial, el de Blanquita Gámez.

Ella ha apoyado a más de 180 estudiantes de escasos recursos y con calificaciones sobresalientes, que se ubican dentro del Distrito XVII, donde fue electa.

No dice de cuánto fue el apoyo o en qué consistió, pero al menos es algo. ¿Quinientos, mil, dos mil pesos?

Si fueran mil apenas estaría invirtiendo mes y medio de su sueldo en un año. Pero tiene cuatro años como diputada local de manera ininterrumpida.

Ha ganado durante ese tiempo más de cuatro millones de pesos en sueldo, cantidad nada despreciable.

Algo así como 39 mil salarios mínimos. Ganó el sueldo de un día de un municipio como Camargo, que tiene cincuenta mil habitantes.

Luego entonces, el anuncio posteado en su propia red social se convierte en un asunto que poca oportunidad tiene realmente, en proporción, de ser cacaraqueado.

Por un lado, porque despierta suspicacias y criticas de sus propios compañeros legisladores, que quedan mal porque no mueven un dedo en ese sentido de solidaridad, pero por el otro, porque en perspectiva es algo así como arrancarle un pelo a un gato.

La imagen del cacaraqueo en nuestra edición digital.

Ah, nos queda la duda que seguramente hoy nos despejará la señora diputada: ¿ese dinero de apoyo lo saca de su sueldo o es de otras partidas del Congreso?. 


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Fueron miles los estudiantes que el viernes pasado presentaron examen Ceneval para ingresar a la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh).

La novedad es que serán los jóvenes que participarán en la prueba piloto con el nuevo modelo educativo.

Ello implica una condición novedosa, inédita, que generó una adrenalina adicional al propio examen.

Pero, además, la nueva condición es que todos los jóvenes presentaron un examen general, y ya no especializado, por ejemplo, en ciencias sociales o económicas.

Todos los estudiantes estuvieron en igual de condiciones en el examen, lo cual permitirá dos cosas, una movilidad posterior en las divisiones planeadas, y, además, conocer el nivel real de los estudiantes, mediante una prueba estandarizada.

Nunca en épocas recientes se había aplicado un examen general para ingresar a la UACh, según nos dicen los que saben.

Y, mucho menos, se había presentado la posibilidad de ingresar a una nueva modalidad de estudios, con nuevas competencias que implican un rompimiento de paradigma, como hace tiempo no ocurría en la máxima casa de estudios.


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Andan con ronchas los chairos luego de darse cuenta de los revoltijos que se hacen en la Secretaría de Bienestar y la Coordinación Estatal de Programas Federales, a cargo del superdelegado Juan Carlos Loera.

Héctor Bafidis Ochoa, por ejemplo, es operador de Loera de la Rosa. Él se encargó de meter a Víctor Juárez a la ya no tan generosa nómina federal.

Pero resulta que Juárez es el hijo de Zulema Rentería, quien por cierto fue seccional del PRI y posteriormente quiso ser regidora del PAN, pero ahora le hace ojitos a Morena desde la sombrita que le hacen en el gobierno municipal. 

Vaya embrollo difícil de explicar y de comprender.

Por lo anterior es que se han sumado las quejas contra el equipo de Bafidis Ochoa, pues excepto la gente que ya está trabajando en el Congreso del Estado, no hay morenista que le haya tocado un roce de la cuarta transformación.

Al contrario, hay más figuras externas por todo el estado y, en el colmo de los sinsentidos, muchas son de aviadoras.

Con todo esta complicada red de amistades resulta complicado creer en el discurso adoptado del delegado, de que Morena es para los morenos.