Opinion

-Acuerdos firmados menos que en servilleta de papel

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GPS / Columna

domingo, 04 julio 2021 | 05:00

Arturo Herrera ya se va y Javier Corral también. La visita a Juárez el viernes del alto funcionario federal no es otra cosa que auto engaño e intento de engaño a los chihuahuenses.

Hasta el último minuto se pretende esconder todo lo que existe sobre una desastrosa situación financiera del estado, como tratando de ocultar el sol con un dedo. Es intento pírrico de espaldarazo político de cuates.

Como hace un año, estuvo el Secretario de Hacienda Federal recorriendo obras en Juárez y prometiendo apoyos que infortunadamente nunca se materializaron, más que de manera marginal.

Cayeron migajas de la mesa y el gobernador, de rodillas, pronto acudió a medio saciarse con ellas, de manera muy poco digna, lejos del espíritu rijoso de la revolucionaria convención hacendaria.

Esa es la tablita de salvación que tiene Corral para los últimos 60 días de su gestión, porque nada más hay enfrente, con un pequeño detalle.

Lo tiene presente, pero quiere olvidar que su amigo sólo tendrá en sus manos siete días más la chequera. Si hay algún cheque de participaciones extraordinarias debe ya estar firmado y depositado...de lo contrario pasará por el tamiz del nuevo titular.

A partir del día 16 de julio el influyente personaje será aspirante a la presidencia del Banco de México, en espera de la ratificación del Senado para que en enero próximo asuma como cabeza del órgano autónomo.

Las palabras melosas de un lado a otro, acerca de un aval a la conducción pulcra de las finanzas, se realiza al son del mariachi, pero carece de asidero real.

El nuevo titular de Hacienda será en unos días Rogelio Ramírez de la O, con una larga trayectoria en el servicio público hacendario y por ende con mucho más colmillo y años de experiencia que su invitado del viernes.

Con él tendrá Corral que empezar a trabajar la relación de amiguis con la cual quiere resolver todos los problemas de la administración pública, fuera de cualquier objetividad responsable.

Por ejemplo, tendrá que convencerlo -ingenuo a más no poder- que realmente ha sido pulcro el manejo financiero, ordenado y austero.

Y que por tanto, necesita apoyo extraordinario urgente, a ojo tapado y en año de Hidalgo. Casi un cheque en blanco, con los dígitos palomeados de su adulado predecesor.

Es inocente pensar que el nuevo titular de Hacienda no repare en datos duros.

La deuda ha crecido hasta llegar a los 60 mil millones de pesos y un piquito más, tras el fracaso de las restructuraciones que sólo llenaron de billetes a comisionistas atravesados en cada una de las negociaciones.

Está el carísimo interés de los préstamos a corto plazo, autorizados en más de una docena. Son un acumulado de miles de millones de pesos, que se supone ya fueron liquidados.

Vistos en perspectiva, son auténtico fraude a la ley que prohíbe apalancarse en deuda a largo plazo sin pasar por los congresos de los Estados.

Convirtieron los “cortos” en deuda a largo plazo, uno tras otro, como quien cava un hoyo para tapar el otro, arrastrando el problema hasta el final del quinquenio, cuando quisieron dar el zarpazo del préstamo por casi dos mil millones.

Sobrevivió la administración corralista gracias a ese conjunto de artilugios financieros, fortalecidos por las denominadas cadenas productivas, que no son otra cosa que prestamos también a corto plazo con castigo de intereses a los proveedores, como mecanismo desesperado de pronto pago, por la ausencia de liquidez estatal. Las tasas de interés son hasta del 14 por ciento anual.

Si un proveedor quería su dinero rápido tenía que someterse a dicho mecanismo que había sido usado como instrumento financiero extraordinario, pero que con Corral encontró patente de corzo.

Pese a ello la deuda con proveedores es altísima. En la opacidad bien pueden ser 8, 9 ó 10 mil millones, no se diga los contratistas que están en ascuas por licitación, adjudicación y arranque de obras sin contar con suficiencia presupuestal.

Súmese a todo ello el déficit autorizado por el Congreso para el presupuesto estatal, del orden de los cinco mil millones de pesos.

Hay un cóctel terrible de variables que afectan el gasto, muy lejos de la jauja que presume el gobernador y los problemas que minimiza. Esta peor que Duarte.

Por supuesto, nada hizo para remediar dichas condiciones paupérrimas. Hace malabares para justificar su irresponsable actuación gubernamental. Y se la cree.

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Arturo Herrera asumió el cargo de Secretario de Hacienda en julio de 2019, tras la estruendosa salida de Carlos Urzúa, por incompatibilidad con la política planteada por la 4T.

En la pequeña pero contundente renuncia, Urzúa se quejó de que la política económica se pretendía ejercer sin evidencia y a través de funcionarios impuestos sin conocimiento de la Hacienda Pública.

Desde entonces, Herrera era ya fuerte. Venía de ser Secretario de finanzas en la jefatura de gobierno con el hoy Presidente de la República.

Como subsecretario tuvo contacto con Javier Corral, por eso no es de extrañar que su nombramiento hubiera generado en el mandatario estatal esperanzas de apoyos financieros.

Pero se topó con la dura realidad de que el Secretario de Hacienda federal sólo tiene una firma de los dos ganchos que se requieren para soltar recursos. La otra usa tinta presidencial y es invisible.

Los recursos por tanto fluyeron muy lentos, llegaron con marca de participaciones y alguna que otra obra. Esa supuesta afectividad que presume Corral cada vez que se reúne “en privado” con AMLO no se ha traducido en un solo peso; vaya, no le ha generado ni comentarios positivas en alguna de las últimas mañaneras.

Las acciones monumentales se quedaron estancadas. En diciembre Corral se quejó públicamente de la indiferencia y el abandono de la federación -dice indolencia el boletín oficial-, en particular con los dos hospitales que se caen en pedazos en Juárez y el capricho del parque lineal en el Chamizal.

Precisamente esa fue la intención de la visita de Arturo Herrera hace un año a Juárez, donde se le presentaron las acciones en infraestructura planeadas por la administración corralista.

Al viernes de esta semana que acaba de pasar, se cumplió un año completo de aquella visita y los proyectos conjuntos han avanzado lentamente o están atorados.

Se ensuciaron de polvo Herrera y Corral los zapatos recorriendo obras que son minúsculas, remodelaciones, las instalaciones de Correos que pasaron al Estado...pero nada sólido. Igual que hace un año.

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La lisonja corralista no fue sólo para Herrera sino también para el titular de control presupuestal de la dependencia federal, Víctor Mójica.

Este joven personaje, se mantenía al margen en la conferencia de prensa, a la cual fue convidado autoritaria y mañosamente.

Se mantuvo mudo como una momia, cuando se le incitaba a comprometerse en apoyos que no están en sus manos.

Si pretendía permanecer fuera de los reflectores, es porque sabe que su papel es técnico y subordinado al secretario de Hacienda, que a partir del día 16 ya no será Herrera sino Ramírez de la O.

Es más, lo probable es que a partir de esa fecha deje el cargo, como es costumbre, porque los titulares de las secretarías llegan con su equipo.

La veladora encendida puede que se apague más pronto entonces de lo que quisiera el titular del ejecutivo de Chihuahua.

Sabemos que el viernes cenó Corral con el próximo y poderoso presidente de Banxico, a quien atendió con manteles largos en su casa...igual que a Mójica y una enviada de Cultura.

Lejos de cualquier formalidad, con el Secretario de Hacienda Arturo Fuentes ausente, los compromisos quedaron menos que en una servilleta de papel...igual que hace meses.