Opinion

-Ceresos en rojo con pandillas y cárteles

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GPS Dominical

domingo, 08 enero 2023 | 05:00

Lo sucedido en Juárez estos días es lección inolvidable para sociedad y autoridades en el sentido que nadie debe bajar la guardia un solo momento en lugares tan delicados como son los Ceresos.

Han sido años de abandono en infraestructura y condiciones laborales del personal, que sobrevive con salarios ínfimos y prestaciones insignificantes, tentados todos los días para agarrar dinero sucio de los criminales a los que debieran vigilar celosamente.

Inexplicables las fiestas con licor, mujeres y cantantes de narco corridos, con drogas, celulares para grabar el momento y compartirlo en redes sociales, desde la simple corrupción de un celador. 

Es un mundo aparte el interior del Cereso, con evidente autogobierno –en menor o mayor medida- por parte de los grupos criminales dominantes, quienes siguen operando las acciones delincuenciales, como secuestro, extorsión y venta de droga, en picaderos y distribuidores por cientos en pequeña escala, con grandes ganancias. Nada menos tenía el fallecido  “Neto”, Ernesto Piñón, casi dos millones de pesos en efectivo en una caja fuerte. Indudable el poder corruptor.

La radiografía puntual elaborada año con año por las comisiones nacional y estatal de los derechos humanos es irrebatible, al retratar puntualmente el sistema carcelario de Chihuahua, con rezago criminal, que por el tiempo de olvido requiere con urgencia inversiones millonarias de recursos inexistentes. La calificación estatal es buena, 7.7 de una puntuación de 10, pero el de Aquiles anda en los 7.4 y el 3 de Juárez en el 6.7, reprobados en reinserción y en gobernabilidad, que son tareas principalísimas, lo que los hace bombas de tiempo.

Nada menos remodelar el Cefereso 9 recientemente entregado en comodato al Gobierno del Estado, necesita cuando menos 500 millones de pesos, que no fueron presupuestados en diciembre pasado, y que deberán ser extraordinarios, de una bolsa de recursos estatal que está sumamente presionada por inversiones necesarias en salud y educación, nada más para poner un par de ejemplos, que junto con seguridad representan el grueso del gasto público.

Paradójicamente uno de cada diez reos es federal y el restante es estatal, debido a las modificaciones en los tipos penales, como el narcomenudeo, que antes era atendido por la Procuraduría General de la República, hoy Fiscalía, y ahora debe ser perseguido y sancionado pero por ministerios públicos y jueces locales. Los estados pagan lo que por esencia tendría que correr con cargo federal.

Cuidó convenencieramente la federación –desde los gobiernos anteriores a AMLO- evitar el sobrecupo en los Centros Federales de Reinserción Social, pero aventó literal la pelotita con grave responsabilidad a los Ceresos locales, con todo lo que conlleva meterse con personas con una gran capacidad económica, armas, sicarios, halcones y miles de “empleados” a su disposición, base social amplísima, como hemos visto con los bloqueos y agresiones.

No son simples puchadores a quienes hay que meter al orden, sino una fuerza criminal muy bien organizada, poderosísima, al grado de poder enfrentar fuerzas militares al tú por tú, como vimos en Sinaloa, y en Ciudad Juárez, nada menos en el rescate de “El Neto” hace exactamente una semana.

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Si son requeridos esos recursos importantes para poner en condiciones mínimas de operación al ex Cefereso 9, reparar tuberías para servicios, adecuaciones menores y una pintada, pensemos en lo que es necesario para modernizar el Cereso 1 de Aquiles Serdán o el 3 de Juárez.

El de Aquiles tiene nada menos que 25 años y el tres, 18, cobrando el paso del tiempo necesaria factura en las condiciones de las crujías, muros, incluso, el diseño perimetral de seguridad, que como vimos hace ocho días, una pluma con una pequeña cabina para dos elementos armados, dista mucho de ser lo ideal para efectos de seguridad.

Esa misma pluma es la que tiene el Cereso localizado en Aquiles Serdán, sí con los resguardos necesarios en el área de Aduana, pero no son condiciones de alta seguridad, como es indispensable que cuenten.

Luego entonces estaríamos pensando en otros quinientos, setecientos o mil millones, para hablar en serio de un reforzamiento en materia de seguridad en los dos principales Ceresos, que cuando fueron construidos jamás hubo previsión que albergarían hasta un 30 por ciento más de reos, muchos de ellos de altísima peligrosidad.

Los 30 reos fugados del Cereso 3, con excepción de siete de ellos, estaban procesados o sentenciados por delitos de alto impacto, secuestro, delitos contra la salud en su modalidad de narcomenudeo, portación der armas de fuego de uso exclusivo del ejército y fuerzas armadas. 

Los demás no eran unos angelitos, eran responsables o presuntos responsables –los que no tienen sentencia- de violación y exhumación e inhumación de cadáveres.

Esa radiografía de los 30 fugados nos da una idea del acontecer diario dentro de la prisión, la relación entre los internos y los mismos cuerpos de seguridad. Mientras los celadores están pensando en sus condiciones precarias y sobrevivir un día más, muchos de los internos, arropados fuertemente en recursos y droga, sin esperanza alguna de salir libres con condenas de 200 años como el caso de “El Neto”, sólo piensan en escapar y ampliar sus privilegios a como dé lugar, sin importar los medios.

Luego entonces surge una especie de contradicción, ¿cómo equilibrar el respeto a los derechos humanos de los imputados en esas condiciones de hacinamiento, autogobierno y comisión permanente de ilícitos ordenados y algunos ejecutados incluso desde el interior de la cárcel, con la obligación que tiene la autoridad de garantizar la seguridad de todos los chihuahuenses, apartando de “circulación” en las calles a esas personas que tienen la conducta antisocial delictiva como plan de negocios permanente?

Unas “esposas” demasiado apretadas en las muñecas, una sanción desproporcionada y hasta un hablar inadecuado, puede generar denuncia de tortura, con base en el estricto Protocolo de Estambul, mientras los reos a sus anchas ejercen ese vacío de poder mediante amenaza o corrupción.

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Evidentemente la sociedad tiene derecho defenderse del ataque de los grupos criminales, que desde el exterior y el interior de los centros penitenciarios, han cobrado relevancia y han expandido sus tentáculos de poderío, con auxilio de autoridades omisas como los cinco años perdidos del corralato.

En esa defensa tendrían que adoptarse todas las medidas legales y humanas posibles, porque las ramificaciones de los Mexicles están distribuidas a lo largo y ancho de la entidad, y Aquiles Serdán no es la excepción.

Ahí hay casi tres mil internos apretujados, de los cuales la mitad está considerada como parte del grupo delictivo al cual pertenecía “El Neto”, situación que es un agravante del contexto de riesgo existente en dicho centro carcelario.

Entonces, el Cereso de Aquiles Serdán no es muy diferente al Cereso 3 de Juárez, no sólo en sobrepoblación, sino porque ahí permanecen 1500 cómplices de la banda delictiva fuerte de Los Mexicles.

Sí ya de por sí es delicado tener un penal con una sobrepoblación del 30 por ciento o más, la situación adquiere un color rojo vivo de alerta, que exige puntillosa inteligencia penitenciaria, dentro de la reestructuración operativa que viene con urgencia y atención inmediata.