Opinion

-Conforme le rascan salta más pus del corralato

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GPS / Dominical

domingo, 29 agosto 2021 | 05:00

Conforme avanza el equipo de Maru Campos en la recepción de los rojísimos números en las finanzas, se confirma la situación real del desastre e irresponsabilidad innegable con que concluye la administración estatal corralista. 

La calamidad se observa no sólo en los papeles oficiales que a cuenta gotas circulan, sino en las reuniones donde se destapa la cloaca, ya sin matices ni tapujo de ninguna naturaleza.

Los números son fríos y contundentes: se requieren no menos de 15 mil millones para enfrentar el déficit inmediato, sueldos y proveedores para que la administración continúe al menos funcionando, y se sigan prestando los servicios básicos a la población.

Contrario a lo que se ha dicho, son todos los frentes de la gestión pública estatal, recursos humanos, materiales y financieros, los que se encuentran al borde del colapso. Ni uno solo se salva del manejo inadecuado. 

Reprobado totalmente Arturo Fuentes Vélez en su calidad de pagador, Jesús Mesta Fitzmaurice como planeador y los ejecutores cabeza de secretaría, como Gustavo Elizondo, Carlos González o Eduardo Fernández, en Obras Públicas, Educación y Salud, simples floreros del apocalíptico maratón. De sus oficinas a la cárcel; no hay otro camino para ellos.

Cero altura de miras, pies en la tierra y contrapeso a las ocurrencias de Corral, que pudieron haber evitado la ruinosa situación actual.

El hubiera no existe, pero... el Secretario de Hacienda jamás debió firmar las suficiencias presupuestales porque carecían de asidero auténtico en recursos presentes y futuros, requisito fundamental e indispensable por ley, y aún, si se quiere, hasta de lógica elemental.

El Coordinador de Gabinete carga en sus hombros la grave omisión de vigilar una adecuada y democrática planeación. Jamás debió echar el gancho a las ocurrencias del mandatario, pero prefirió su papel de cortesano sumiso, porque no conoce ningún otro. No tuvo más mente durante los cinco años que para Baco y acatar las consignas del patrón.

Y por supuesto, los titulares de las dependencias llevan también culpa suficiente para hacerles cargo por no vigilar el adecuado funcionamiento de los servicios. Nunca se atravesaron, por la mísera y mundana aspiración de conservar un puesto y las inmerecidas prestaciones salariales que devengaron sin cumplir a cabalidad con sus funciones.

Pudieron meterse en medio y bloquear las aviesas decisiones caprichosas, que dilapidaron el dinero que ni siquiera se tiene, y que hoy se muestran nítidamente con el tiradero en Juárez, donde es visible la ruindad del gobernador que se va.

En esta capital no hay mucho tiradero, porque fue casi nula la inversión estatal.

Más allá de lo observable a simple vista hay efectos intangibles, con afectación en todas las áreas de la administración estatal.

En la frontera los peatones y automovilistas sufren lo indecible para rodear los embotellamientos por cierres de calles, que se convierten en un deterioro en la calidad de vida, gasolina, contaminación, estrés, mucho estrés.

Pero en las farmacias del Ichisal, Pensiones, Hospital General, de la Mujer, o en el Infantil de Especialidades, el tropiezo es con la falta de medicamentos, recetas incompletas o surtidas de manera inadecuada, casi casi con “chochos”. Los quirófanos con instrumental de baja calidad o inexistente, frustración y coraje permanente de médicos y personal de enfermería.

Lo mismo en educación, donde los niños y jóvenes serán enviados esta semana a instalaciones inadecuadas, sin insumos completos anti-Covid, hacinados en aulas sin ventilación suficiente y en muchas ocasiones sin agua siquiera.

El diagnóstico es como para cerrar el changarro y salir corriendo, si se pudiera.

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La radiografía presentada es lo que a grito abierto le expusieron los empresarios a la gobernadora electa, en el encuentro realizado precisamente en la frontera, con presentación puntual de líneas estratégicas.

Lo primero es recoger el desastre realizado sobre las principales arterias y parte de ello es determinar cuáles obras concluir y cuáles de plano cancelar por necesaria y justificada inviabilidad, ya no se diga financiera, sino técnica, ajustada a lo que los juarenses proyectan.

Por supuesto, abrir el capítulo de responsabilidades, de manera objetiva, para sancionar a los culpables del hundimiento.

La jugada ante el reclamo no podía ser menos acertada de parte de la gobernadora: que sean los juarenses quienes determinen qué es lo que sigue.

Con esa simple decisión, de auténticamente escuchar, está Maru Campos distanciándose años luz de su innombrable antecesor. Fue en la imposición donde estuvo el principal error del corralismo.

Montado en su macho, hablando casi ex cathedra y levitando con su acostumbrado timbre falso de voz, pretendió, todo un lustro, hacer su santa y soberana voluntad, sin importar las consecuencias.

El gobernador Corral se auto designó el receptáculo espiritual no sólo de los juarenses sino de todos los chihuahuenses, y como tal, pretendió hacer ley de sus caprichos.

El fracaso entonces resultó contundente. Los ejemplos pululan.

Pretendió tener la razón con la manipulación descarada del semáforo Covid, que imprudente hasta el tuétano pretende colocar artificiosamente en verde; justificó la reestructuración financiera sólo para el jugoso negocio de las comisiones; financió su gobierno con créditos a corto plazo, comisiones y más comisiones.

El recorte de la nómina quedó solo en promesas. Fue una estrategia para rasurar a los duartistas y a los sospechosos de duartismo, aún y cuando tuvieran años en la administración, cancelando su derecho adquirido desde el punto de vista laboral, y provocando con ello demandas laborales con pasivos impagables. 

Luego volvió a inflar la nómina, pero con poca tropa. De mandos medios hacia arriba, con sueldazos, para fortalecer una masa de fanáticos adoradores, que en los estertores de la administración -como era de esperarse- ya le volvieron la espalda.

Se fue cavando poco a poco el hoyo donde hoy sepultan los corralistas con su líder al frente, al Chihuahua pujante y desarrollado que prometieron falsamente hace cinco años.

Paso a paso se distanciaron de las reales aspiraciones de los ciudadanos, hasta vivir en un mundo aparte, aristocrático, con golf y naves aéreas a disposición como si fueran Uber hasta para ir a la tienda de la esquina, o a la playa más próxima. De escándalo las millas acumuladas en este postrero mes de agosto.

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Ni un ápice de vergüenza muestra el mandatario estatal actual, al pretender defender lo indefendible, en el rubro de obras inconclusas.

Ha gastado inútilmente en palabrería para justificar que no habrá obras sin terminar en su gestión, cuando hasta los ciegos las sufren, porque tropiezan con ellas.

Tuerce cualquier lógica argumentativa al sostener que aquellas que no se concluyan, tendrán el respaldo financiero para hacerlo en la siguiente gestión, cuando sabe que está mintiendo.

Carecen las obras en su mayoría de una auténtica suficiencia presupuestal, y sólo están colgadas de falsas posibilidades financieras. 

De la federación no llegará más que lo que por ley corresponde.

No habrá un peso adicional para desatorar el desastre. Así se arrancaron las obras y así están en estos momentos estancadas peor que en lodazal serrano.

Condena de inmediato a la siguiente administración a la contratación de deuda, sin remedio alguno, para pagar no sólo nómina, sino sus caprichos de obra con tufo corrupto. 

El contexto de las decisiones que vienen entonces es grotesco: mientras Corral inaugura cascarones con pintura nueva o dejas tiraderos en calles, echándose confeti, la gobernadora enfrenta la dura realidad tomando el toro por los cuernos, en busca de soluciones a largo plazo consensuadas, por encima de lo inmediato y fácil. Eso quedó muy claro en la encerrona con los empresarios, duchos en el tema de las soluciones dolorosas.