Opinion

-De las rayadas a la puñalada por ‘El Chueco’

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GPS / Dominical

domingo, 03 julio 2022 | 05:00

Resulta el horrendo crimen de dos sacerdotes jesuitas una pesada loza sobre la espalda del exgobernador Javier Corral, pese a su capacidad asombrosa de seguir echando culpas por doquier, como en rehilete, porque regresan a la memoria colectiva los lazos innombrables que lo aproximan a los Salazar, involucrados también en el artero crimen de la colega Miroslava Breach.

Mientras se hunde lentamente en el lodazal de su irresponsabilidad; insensato, ahora avienta hasta AMLO la culpa, directo en su persona, por la impune libertad de que goza “El Chueco”, cuando ha sido uno de los pocos altos funcionarios que le ha demostrado algo de simpatía y buena fe, pese a su contumacia mentirosa. 

Como si necesitara el jefe del Ejecutivo Federal de un nuevo capítulo que sea mancha en el tema de la seguridad -está ahí la liberación de Ovidio y la reunión con la madre de “El Chapo”- como para sumar un tema donde no serían ya los titulares de la Sedena o de la Marina los involucrados, sino el mismo Presidente, por conocimiento directo de quien le cocinó rayadas en Juárez.

Cuatro años tuvo el exgobernador para cumplir su palabra de detener al muy joven criminal, pero en lugar de eso ahora resulta que este asunto fue tema de primer orden en la reunión sostenida con el presidente de la República, apenas a un mes y medio de haber tomado protesta del cargo, allá en enero del 2019.

Así paga Corral las deferencias inocultables que AMLO tuvo con él, después de prestarle servicios a la recién encumbrada 4T, echándose en sus brazos para descarrilar a su correligionaria Maru Campos y sacar raja en un asunto personalísimo de odio enfermizo.

Está muy fresco en la memoria el ofrecimiento de una embajada, puestazo de primer nivel en el servicio exterior mexicano, con sueldo en dólares, libras esterlinas, yuanes o yenes, dependiendo del destino, con todo pagado como le gusta y con fuero constitucional, ideal para concluir una carrera en el servicio público, donde fue legislador federal en las dos cámaras, diputado local y ahora hasta gobernador, pero, sobre todo, lejos de las garras de cualquier procedimiento judicial.

Pero fueron sus mentiras las que le tendieron la grandísima trampa porque él se sabía inelegible para el puesto por el detalle de su doble nacionalidad, y aun así dejó correr el ofrecimiento, que no dudamos, sería cumplido por el titular del Ejecutivo Federal como lo hizo con Claudia Pavlovich, Quirino Ordaz, y Carlos Miguel Aysa González, y seguramente hará con Omar Fayad y Carlos Joaquín González.

No dudamos ni tantito que estando Corral con un pie fuera del PAN, aún pudiera ser considerado para un puesto de tercer nivel en el gabinete federal, por qué no, en la Fiscalía General de la República, algún organismo autónomo de aquellos que necesitan conformarse y están incompletos. Tiene hambre de nómina federal. Se siente un paria fuera de la burocracia.

Pero se ve cada día más lejos esa posibilidad, por la sencilla razón de que su pecho no es bodega. Lo dijo clarito en uno de los programas que al Presidente le cala más en el hígado, el de Carmen Aristegui, periodista a quien ha zaherido como a nadie, y que es de los pocos que aún le abren el micrófono al locuaz y desagradecido exgobernador, porque también contra los medios nacionales cargó toda su frustración.

Desde ahí vino la bomba de fin de semana, cuando para curarse en salud, hizo las revelaciones de una reunión en la que se trató como único compromiso del gobierno federal para Chihuahua, la detención de “El Chueco”, con supuesto compromiso de por medio y palabra empeñada del Presidente, que alguna vez confió en Corral y que ahora está pagando el precio de la cercanía con tal funesto personaje. Le está dando una puñalada en la espalda.

Y pensar que hace tres semanas le abrió las puertas de Palacio con el tema de César Duarte. No sabemos si ahí lo escuchó directamente el Presidente o estuvo con el Secretario de Gobernación, o con Gertz Manero, pero no dudamos, que, en algún momento, por algunos minutos pudieron haber estado juntos, Javier –como lo llama el Presidente- con la cerviz inclinada de quien se cree sagaz conspirador.

La sola presencia palaciega de tan doble personaje, le debe haber recordado a AMLO la gran novela acerca de la vida y obra del genio tenebroso José Fouché, obra de uno de los autores de su preferencia, Stefan Sweig. Es imposible no imaginar la figura del encorvado Corral, que sin mirar a los ojos, ofrece información privilegiada entre comillas que no sirve absolutamente para nada, para tratar de seguir disfrutando las mieles del poder y el favor del “ministro” en turno.

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En la entrevista radiofónica transmitida y consultable en redes sociales, varias veces, Corral insiste en que él se lo dijo al Presidente, lo de “El Chueco”, no una, varias veces, en esa reunión de café. 

Remarca. 

“Este fue uno de los asuntos prioritarios que yo le traté al Presidente de la República. Él lo sabe perfectamente ehh, porque la primera reunión que tuvimos, el presidente López Obrador y un servidor en enero del 2019, ya como Presidente Constitucional”.

“Nos tomamos un café en Ciudad Juárez, después del evento que tuvimos, en donde incluso por cierto tuvimos un primer roce, por el tema del pacto federal. Él estaba un poco molesto por mi discurso, pero me dijo, pues entiendo tu postura, sin embargo, yo no voy a dar más dinero a los gobiernos estatales, porque los gobernadores se lo roban”.

“Pues aquí no cabe el supuesto, y entonces me dijo, tienes razón, tu eres una cosa aparte, no voy a hacer eso, me dijo: Javier, y entonces un poco para destensar el ambiente, te quiero decir qué me dijo, bueno, vamos a ponernos de acuerdo en qué cosas te voy a apoyar”.

“Le dije mire Presidente, vamos a capturar a “El Chueco”. Le platiqué del tema, de las amplias redes de complicidad que “El Chueco” tiene en este estado, porque no sólo son redes de complicidad delincuencial, sino también son redes lamentablemente de complicidad social, porque ha dado mucho dinero a mucha gente necesitada, y han generado toda una gama de encubrimiento”.

“Yo le traté al Presidente este tema como una de mis prioridades desde el 2019. Es que, en noviembre, el 18, había sido asesinado Patrick de una manera brutal, absolutamente un inocente en ese homicidio, efectivamente el Presidente respondió…”.

Se refiere también al General Secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval, con quien supuestamente se coordina “directamente”, resistiéndose a darle intervención a la Marina, viene una filtración y “El Chueco” se les escapa. ¿Filtración de quién y a quién?

Corral, AMLO, el general Secretario, tratando el tema como prioridad. Tres años después, el martirio de los jesuitas, afuera del templo en Cerocahui, la disputa pública con la iglesia, los apergollados, el Papa Francisco, los abrazos que no alcanzan para proteger de los balazos –autoría de uno de los pupilos corralistas-, una nueva crisis.

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Haber hecho cómplice de la incapacidad para detener a “El Chueco”, al Presidente de la República, desde aquel lejano 2019, no es cualquier cosa.

Los Salazar, brazo armado del Cártel de Sinaloa, de los que forma parte Noriel Portillo, no son sólo responsables en el homicidio terrible de los jesuitas, sino también del asesinato de la colega Miroslava Breach, donde Corral tiene manchadísimas las manos por acción u omisión.

Ahora pudo comprobar el Presidente de lo que es capaz Corral para lavar sus culpas. Una corrección: López Obrador no comprobó ahora sino desde finales de su campaña electoral en 2018 que le lengua de Corral solo mantiene conexión exclusiva con el intestino grueso, no con las neuronas, no con la razón. Aquella vez lo llamó “ambicioso vulgar”. 

A pesar de ello, aceptó AMLO desayunar luego frijoles y rayadas en la casa de Corral en Juárez. Esta semana le ofreció alimentos de nuevo, pero unos taquitos al estilo Fouché. Bon apettit!