Opinion

-Don Luis no pensaba lo mejor de Corral

.

GPS / Columna

martes, 12 octubre 2021 | 05:00

-¡Ante la evidencia se defiende con retuits!

-Un audio que es prueba de la balacera

-Cae en la trampa del vocablo Ralámuli

Como tantos otros panistas, Javier Corral usó y aprovechó la figura de don Luis H. Álvarez para publicitarse y ganar adeptos dentro de Acción Nacional. Le alcanzó hasta para el obsequio de una senaduría.

Era y todavía es notable la influencia del camarguense en el discurso de los líderes del albiazul, pero muchos, como el exgobernador, se colgaron de la credibilidad de Álvarez para crecer a sus costillas, sin conocer en realidad el ideario pragmático del segundo prohombre (detrás de Gómez Morín) del PAN.

De ahí que Corral Jurado le haya mandado a hacer, a manera de supuesto homenaje a Don Luis, dos retratos al óleo para colgar en el Palacio de Gobierno, uno de Maltos y otro de Soto.

El entonces gobernador pidió las obras, con cargo al presupuesto público, en ese afán de promoverse y colgarse de la figura del mítico panista, del militante azul que era panista cuando era un verdadero riesgo serlo y oponerse al partido dominante, no como ahora.

Prueba de que lo hizo sólo para lucirse está el hecho de que Corral sabía exactamente lo que Don Luis pensaba de él.

Álvarez confesó en sus últimos días de vida en 2016, ante Luis Felipe Bravo Mena, que Corral no le gustaba para gobernador. Que tal vez era un buen tribuno porque sabía hablar, pero no tenía dotes de buen administrador.

Así -según la anécdota que cuentan los panistas a raíz de los caprichosos óleos que mandó a pintar Corral- Don Luis se decantaba por Juan Blanco, o por cualquier otro de los aspirantes, y no por Corral Jurado en el momento de las definiciones del PAN en el ya lejano 2016.

Luego murió el camarguense, llevándose en mayo de ese año incontables testimonios de la ineficiencia de Corral y de su convenenciera militancia en Acción Nacional, que le tocó vivir y padecer en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón.

***

Las historias acerca del proceder de ministeriales y ministerios públicos durante la época de la inquisición corralista son muchas como para una inútil y patética defensa mediante escuetos retuits.

Así reaccionó el exmandatario, simplemente dándole reenviar a diversos mensajes, ninguno de la pluma de sus secretarios, ni del fiscal, nadie de peso salió a decir esta boca es mía. Todos guardaron silencio sepulcral.

También lo hizo Corral. Se escondió simplemente en las enaguas de las redes sociales, desde donde antes pontificaba y ahora esconde su mañosa operación justicia para Chihuahua.

Sin ningún pudor ni límite, se la hizo el exgobernador a los expriistas, a periodistas, a políticos morenistas e incluso a sus propios correligionarios, para salirse con su caprichosa y única voluntad.

Corrieron algunos a vender sus bienes, a pedir prestado o a hipotecar sus casas, para resarcir el recurso que se dijo era fruto de la corrupción duartista, ante la presión ejercida sin escrúpulo alguno.

Los que aguantaron la risa tuvieron que enfrentar procesos penales que debieron costear bajo su pecunio y pérdida de tranquilidad. Anduvieron a salto de mata, fueron detenidos y retenidos en cárceles pese a tener derecho a medidas cautelares menos rígidas.

Algunos de ellos siguen bajo prisión.

Los que no soportaron la presión psicológica, auténtica tortura de conformidad con el Protocolo de Estambul, tuvieron que ceder, y convertirse en dóciles testigos protegidos, entregando dignidad a cambio de libertad.

La publicación en un medio de los llamados nacionales golpeó con contundencia en lo poco que queda del corralismo y sus devaneos por ocupar un puesto en el gobierno federal que blinde y abra de nuevo el entrañable presupuesto público.

***

Agarró de moda Corral durante la pasada administración denominar a los rarámuris “ralámulis”, siguiendo las discusiones teóricas acerca de la denominación más apegada a dicho grupo étnico originario de la sierra alta y baja de Chihuahua, desde el punto de vista del sonido en su vocablo.

Pero como se trata de un uso no extendido, ni aceptado por todos los estudiosos de la materia, se le tomaba como choteo al exgobernador y a Pety Guerrero, la entonces titular de la Comisión de Pueblos Indígenas.

Ahora resulta que, con el afán de congraciarse, ya empezó el nuevo e impugnado titular de la Coepi, Enrique Alonso Rascón, a hacer lo mismo, utilizar la discutida denominación sin la “r” sino con la “l”.

Es legítimo tratar de congraciarse con quienes lo impugnan, para darles por su lado con la denominación del maltratado grupo étnico también llamado tarahumara.

Pero en la pasada administración sólo fue pose y simulación la afamada empatía con los rarámuris. Los programas se quedaron cortos, sólo había fotos, pero en lo sustancial no hubo avances significativos. Sólo migajas.

Al último promovió Corral una ley demagógica en materia indígena, tan demagógica era que presentó la iniciativa ya cuando se estaba yendo.

No vaya a ser que caminemos en el mismo sentido, en denominarlos “ralámulis” sólo como signo esnob y se abandone la sustancia en la atención real de las necesidades de los hermanos tarahumaras, en sus lugares de origen donde son desplazados y abandonados, o en las comunidades establecidas en las grandes urbes como esta capital.

A ver Omar Bazán que ponga orden.

***

El audio no deja ningún lugar a dudas sobtre la intensa balacera ocurrida en días pasados en Guadalupe y Calvo. Están nítidos los sonidos de las armas largas y cortas. Mucha metralla de mayor calibre al 50.

Hubo cuando menos dos decenas de fallecidos según nos indican nuestras fuentes, sólo que la autoridad ministerial no ha podido dar con rastro alguno.

No es extraño que esto ocurra. En aquellas zonas de nadie los delincuentes se enfrentan protegiendo su territorio al margen de cualquier autoridad.

Ni el Ejército, ni la Guardia Nacional ni mucho menos la autoridad policiaca estatal o municipal se entera oficialmente. A lo mucho llegan tiempo después a recoger los cadáveres o a dar fe de los vehículos calcinados. En ocasiones, como en esta, ni siquiera ubican el lugar. De los cuerpos se han encargado las aves rapaces.

El audio fue convenientemente editado para ocultar expresiones verbales de los intervinientes en la refriega.

Es una tarea pendiente y necesarísima de los cuerpos de policía y los militares, recuperar esas amplias zonas que aún continúan siendo tierra de nadie lamentablemente.

La gobernadora Maru Campos se reunió con la mesa de seguridad, y en ningún informe hubo referencia a los hechos criminales indicados, ni por el Estado ni por la Federación.

Se informó del jefe policiaco detenido en Matamoros por su papel como generador de violencia, pero hasta ahí. Tiene que aplicarse en el tema el fiscal, Roberto Fierro, junto con sus fiscales de zona, antes de que el asunto continúe en espiral e in crescendo.

***

Hay algo que no cuadra con los números que se pagan a la empresa Lifer (Klifer para el público), ni al resto de las empresas prestadoras del servicio de limpia.

De acuerdo con el contrato CDE 08/11 firmado entre el ayuntamiento y la proveedora del servicio de recolección de basura y residuos sólidos no peligrosos, se pagan algo así como 37 mil pesos mensuales por ruta. Y eso con el agregado de un bono de cumplimiento casi por cuatro mil pesos.

Pero esas cifras nos llevan a algo así como a mil pesos diarios por ruta, lo cual no alcanza ni para los chicles.

Cada camión trae cuando menos tres personas en servicio, más el costo de diésel o gasolina, el mantenimiento y los arrimadijos. Ni pensar en recorrer los 16 kilómetros diarios de ida y vuelta al relleno sanitario, sólo en la distancia de carretera.

Algo debe estar mal en el dato…y alguna explicación deberá existir al respecto, de otra forma podrían explicarse las fallas continuas de los vehículos y las inconformidades de los empleados, que trabajan con las mínimas condiciones de higiene y seguridad, que exige mínimamente la ley laboral.