Opinion

-El coraje los lleva a cometer sólo errores

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GPS / Columna

martes, 24 marzo 2020 | 05:00

-Para una epidemia, un cirujano...

-¿Y la Secretaría del Trabajo?

-Además de pandemia, suben delitos

 

La mala fe y perversidad escurren y son inocultables tanto en el acto material como en el acto jurídico que rodean la detención en domingo del magistrado Jorge Ramírez. 

Las excusas firmadas en boletín oficial y en declaraciones del Consejero Jurídico, Jorge Espinoza, poco abonan a desvirtuar el domingazo y tratar de explicar la obligada liberación posterior. 

Cuando regrese el funcionario a su afamado despacho privado a ver cómo le hace para recobrar la confianza ante los juzgados federales. A uno de los jueces ha llamado corrupto.

Es sumamente complicado que alguien crea la ignorancia de la Fiscalía ante la existencia de una suspensión, que había sido ampliamente difundida, pero que además era necesariamente de su conocimiento formal, como autoridad ejecutora -Gobierno y Congreso son una misma cosa políticamente hablando- y en el extremo último, como tercero interesado.

Se pusieron de pechito al tratar -desesperadamente- pasarse de listos para sacar adelante la orden del jefe que legalmente había caducado en sus narices.

Por ello en la detención, en el video que hemos difundido en nuestra edición digital de El Diario, el aún funcionario judicial, Jorge Ramírez, insiste ante el funcionario operativo de la Comisión Estatal de Seguridad sí lo iban a detener pese a la suspensión, que le fue mostrada físicamente.

El oficial le dice con frialdad que sí, y desliza una amenaza en el conocimiento público de su arresto.

Se pasaron la orden de un juez de distrito y del colegiado por alto. Ni la voltearon a ver. 

La instrucción era detenerlo a como diera lugar, bajo una simple razón develada por Jorge Espinoza en su coraje: no dejarlo incorporarse formalmente a la sala como se había ordenado, lo cual tendría lugar el día de ayer. Por ello el madruguete.

Lo demás es una retahíla de errores. Los oficiales no debieron detenerlo al presentárseles el documento que lo impedía, pero aun así lo hicieron.

 Los superiores debieron hacer girado la instrucción de dejar sin efecto la orden de aprehensión, que dicen es de fecha quince de marzo, al tener conocimiento de la existencia de la suspensión. Ni modo que vivan en un mundo aparte.

Pero nada de ello hicieron. Y de esa forma pasaron momento vergonzoso, que evidencia el abuso de poder, al tener que liberar entrada la noche al magistrado, con un oficio donde el juez de distrito reiteraba la existencia de una suspensión amplia y exigía su cumplimiento.

Lo demás, el patético comunicado de prensa y las declaraciones de Espinoza desde la Consejería Jurídica, son explicaciones no solicitadas, y por ello, necesariamente culpabilidad manifiesta. Otra vez el discurso de la corrupción de jueces federales. Ya chole como diría el señor. Esconden su incapacidad en adjetivos.

Boletín y declaraciones de Espinoza son un mea culpa de una decisión arbitraria e ilegal, sobre la cual deberán existir consecuencias penales, por ignorar con flagrancia y desparpajo increíbles la protección de la justicia federal.

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 Pues resulta que el vocero oficial en materia de Covid-19 -así presentado en la conferencia de prensa realizada ayer en Ciudad Juárez-, lo será el médico cirujano Arturo Valenzuela Zorrilla, responsable de la jurisdicción II de Servicios de Salud de Chihuahua.

No será entonces un epidemiólogo quien lleve la batuta en el delicado asunto. Lo hará a control remoto, vía una señal muy mala y con múltiples detalles técnicos, para atender a medios de comunicación de todo el Estado, un médico que no tiene especialidad en el tema.

Estará por encima de los epidemiólogos de Chihuahua, según se dio a entender.

Su cédula autorizada por la Secretaría de Educación es como médico cirujano. La foto tomada de la página oficial de la SEP en nuestra edición digital lo confirma.

Pero no es todo el problema, su ausencia de conocimientos técnicos y manejo de lenguaje apropiado, sino su forma espontánea de presentar la información y realizar sugerencias a la comunidad.

Ya no sabían los colegas presentes en la conferencia de prensa si aguantar o no la risa, cuando trató de exponer la sana distancia entre él y el comunicador de Corral, Manuel del Castillo. Evidentemente no cumplía con el requisito. Estaban ambos a una distancia demasiado próxima, casi rozando sus pieles.

No creemos que el mensaje enviado ayer -con toda la buena voluntad del gobierno del Estado- pudiera pasar un filtro de los especialistas de la SSA o de la OMS.

Mal mensaje para la comunidad.

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Nos han llegado quejas de trabajadores de empresas que no cumplen con el requisito mínimo de seguridad en salud con motivo de la pandemia.

La lista es larga. Debería la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en lugar de dar tumbos acerca de si suspenden o no audiencias laborales -que finalmente serán aplazadas, como debió anunciarse desde la semana pasada-, avocarse a capacitar y luego realizar una revisión en las fuentes de trabajo y verificar que sus sugerencias son cumplidas al menos en términos generales.

Tiene una gran responsabilidad Ana Luisa Herrera, la titular, en lograr un equilibrio entre la preservación de las fuentes de empleo y la continuidad en la producción en ciertas empresas que son indispensables. Pero ni en una cosa, ni en la otra.

Ya debería estar rascándole dinero a la exigua bolsa de recursos presupuestales, o mínimo anunciar incentivos fiscales, antes de que otras áreas le ganen el mandado.

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Los números de delitos se incrementaron sustancialmente de enero a febrero. Los homicidios y lesiones dolosas casi en un diez por ciento. En febrero tuvimos dos feminicidios, cuando en enero apenas se había presentado uno.

Pero no es un fenómeno aislado. Los delitos sexuales y patrimoniales también se incrementaron sustancialmente. No se alcanza a ver efectividad en las acciones de prevención y combate a la delincuencia como cotidianamente se anuncia en las mal llamadas mesas de recuperación de la paz. La inseguridad empeora y con la pandemia encima.   .