Opinion

-En Morena hasta el gobernador pretende decidir

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GPS / Dominical

domingo, 06 septiembre 2020 | 05:00

El partido Morena es el rival político a vencer en las próximas elecciones. Nadie lo pone en tela de duda con base en las encuestas diversas que así lo señalan.

Está el Movimiento de Regeneración Nacional encima en todos los estudios por partido y en un empate técnico cuando se colocan nombres de candidatos.

En el mejor de los casos hasta una silla gana; en el peor, la riña será en territorio, con la movilización de las bases, a través de los comités de defensa de la 4T y los grupos aún más radicales que se conforman cuadra por cuadra en las colonias populares.

Esos grupos de adoctrinamiento constituyen el elemento clave de operación política, armados con la experiencia de expriístas en los días previos y durante la jornada electoral. Formidable operación si logra accionar bajo un mando único y no en la polarización de corrientes y tribus dispersas, como ocurre hasta el día de hoy.

Esas disputas internas desgarran al partido, previo a la selección del representante a la gubernatura, planteando un reto inédito de unidad.

 La renuncia de Bertha Luján por la aspiración a la presidencia, provocada como saldo final del enfrentamiento con Yeidckol Polevnsky, saca chispas que llegan hasta Chihuahua, donde el pasto seco representa grave riesgo de incendio.

Si no hay acuerdo nacional menos habrá arreglo pacífico en la entidad, donde todo se definirá con encuestas que incluso, en el colmo, podrían ser ordenadas y administradas desde la autoridad electoral, que en la práctica casi define quien será gobernador.

Si la resquebrajadura es una desventaja, la principal ventaja es la popularidad de un Presidente de la República que presenta números inmejorables pese a los yerros cometidos en diversos rubros y la falta de resultados en otros, que la han cobrado factura pero aún mínima.

Sus operadores llevan maletas de dinero que distribuyen a carretadas bajo la legitimidad de programas sociales y el lema primero los pobres, con un toque guinda de indudable siembra electoral que mañana será cosecha de votos.

Van a todos los rincones y entregan dinero etiquetado por la cuarta transformación a siete de cada diez familias, a los abuelitos, a los padres, a los nietos.

Es un populismo a todas vistas, que no ha sido detenido por un INE socavado en sus cimientos, que se muestra débil y avasallado por la dinámica presidencial.

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El entorno es de una oposición, desdibujada, lejos al menos en Chihuahua de una alianza PRI-PAN-PRD y la operación de zapa de Javier Corral, que prefiere entregar la entidad a quien sea menos a sus odiados enemigos, crea un ambiente propicio para el triunfo morenista.

La apuesta del nuevo amanecer es sellar un pacto de no agresión post-sexenal, tipo Peña Nieto-Andrés Manuel, aún con los riesgos que ello significa en la vorágine de gobiernos que se olvidan de los compromisos previos aun y cuando sean sellados con sangre.

Peña Nieto ya no es presidente, es un simple mortal, un mexicano señalado por actos de corrupción que no pueden tolerarse y si vox populi lo ordena, será sancionado de manera ejemplar.

Así, Corral debe estar seguro de que quien gane la gubernatura, aun y cuando exista un acuerdo de impunidad, las irregularidades existentes serán perseguidas. 

Los hechos serán destapados más temprano que tarde por la Auditoría Superior o la Secretaría de la Función Pública. Hoy son comparsa fiel, pero mañana sacarán las garras y encontrarán la basura debajo del tapete.

Ni Espino, Ni Quintana, Ni Loera, pueden garantizarle inmunidad. El único que puede hacerlo está muy detrás en las encuestas, su candidato, el senador Gustavo Madero, aun en el peor de los escenarios con un candidato débil de Morena como partido dominante y un PAN descuidado desde la élite de palacio. No quiere a la única en el PAN que puede ganar.

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No es sencillo para Morena construir mayorías y elegir candidatos, por lo cual se someterá a una consulta, que determine liderazgos y aspiraciones. 

Andrés Manuel está muy lejos, en la capital del país, luchando con sus propios demonios y librando sus batallas, que no son pocas en el ámbito nacional e internacional.

Por más que quiera, el poder presidencial se escurre entre las manos, es un monstruo incontrolable de mil cabezas, cada una con su movimiento propio y caprichoso. El control total, absoluto, no existe. Ahí está su hermano Pío con los videos.

Tienen con el presidente algunos de los aspirantes cercanías indudables, pero aun ahí existe distancia.

En esa cercanía, que en algunos casos es virtual, se construyen presencias y mensajes de lineazos, que hasta el momento son débiles señales, no determinantes.

Sabe el presidente que de poco ayudará una determinación central si está desconectada de la realidad, pero también conoce el sentido de las encuestas, que como casi en todo el país, pintan de Morena el paisaje, aún y con el desgaste de dos años de gobierno. 

Le ayuda en esa representación electoral de mayoría la debilidad de los gobiernos locales, incapaces de garantizar la seguridad y endeudados hasta el copete, como ocurre con Chihuahua.

Sabe el presidente que en el mejor de los casos el candidato más popular gana holgadamente y en el peor, habría una lucha cerrada con el PAN, incluso con la muy lejana alianza de un frente opositor amplio que incluya al PRI y al PRD.

Juan Carlos Loera, Rafael Espino y Cruz Pérez Cuéllar, -incluso un Víctor Quintana que no debe darse por muerto- no necesariamente en ese orden, libran sus batallas por la decisión presidencial, unos personalmente en función de sus cargos y relación amistosa presidencial, otros mediante operadores ubicados en el primer nivel y de comunicación continua, estratégica, con Andrés Manuel.

Los aspirantes conocen que esa ruta presidencial sólo es una posibilidad en un presidente que es un auténtico operador político, que los está dejando libres, en el espectáculo de la escaramuza previa. 

Por ello no tienen rubor, están obligados, en desatar por debajo de cuerda auténticos tablazos dentro y fuera del partido.

Hay una disputa mercadológica, en particular con operación en redes sociales, para aumentar los positivos y reducir los negativos, en vísperas de encuestas que serán el gran elector.

Todos ellos, entonces, inmersos en el juego del pragmatismo por el triunfo de una marca ganadora que hasta el momento no tiene rival digno y que cuenta con un aliado estratégico que hace el doble juego a su propio partido.

Las especulaciones al mil, de un plan “B” con la supuesta e inminente salida del gobierno de Juan Carlos Loera, para buscar ahora sí de lleno la postulación y la renuncia del alcalde de Cuauhtémoc que abre boquete electoral en la zona.

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En Chihuahua, es iluso negar que Javier Corral está arrogándose un papel de gran elector dentro de Morena que no le corresponde atravesándose imprudentemente al dedo elector del presidente.

Hace Corral con sus predilecciones soterradas y en algunos casos abiertas y descaradas, el intento por inclinar la balanza a cualquiera, para bloquear el camino de Cruz Pérez Cuéllar, sin pensar en las consecuencias.

Lo mismo hace en el PAN, desaforada y desesperadamente, en contra de Maru Campos, atropellando a la dirigencia nacional y al panismo de cepa. No le importa estar en caída libre, sin estatura moral y política suficiente.

Su credibilidad está por los suelos. No podía ser de otra forma, encabeza un gobierno que no cumplió, sin márgenes de operación financiera, el Covid plagado de decisiones equivocadas, con una economía postrada, miles de negocios en quiebra, y una entidad incendiada por la inseguridad.

El pragmatismo excesivo que ha sido su principal bandera, está por jugarle una mala pasada.