Opinion

-Evidencia mal manejo al rascarse las orejas

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GPS / Columna

martes, 13 octubre 2020 | 05:00

-Cae Corral junto con los federalistas

-Ahora hallan departamentito en Creel

-Duartista de la Coesvi acusada por vecinos

El desorden en el manejo del tema Covid está llegando a niveles inauditos en la Secretaría de Salud a cargo del economista Eduardo Fernández.

La imagen del alto funcionario rascándose la oreja es evidencia del desconocimiento que tiene de su responsabilidad. Ni el teleprompter ni las tarjetas son suficientes para salvarlo.

No es sólo la prisa en el improvisado mensaje dominical que entendemos fue grabado y mil veces ensayado. Sino el cuidado en los detalles de las acciones adoptadas.

El Periódico Oficial del Estado publicó el acuerdo caprichoso de la modificación en el semáforo de Juárez al naranja. Indudable castigo político por la reciente visita del Presidente, donde Cabada tuvo micrófono y sitio en presídium.

Esa publicación remite con motivo del semáforo al anexo 1 del decreto 109 del 2020, publicado el pasado 31 de agosto.

Dichas medidas a adoptar no son cosa menor, porque hay reducción de aforo y cierre de negocios, como los gimnasios o los bares. 

La maquiladora, por ejemplo, debe regresar del 80 al 60 por ciento de la plantilla laboral. Millones en pérdidas de nuevo y miles de empleos perdidos. No es menor el asunto como para ignorarlo, como se hizo.

De estas medidas no se dijo ni pío. Fueron pasadas por alto olímpicamente, cuando representan un retroceso, efecto del fracaso en las medidas adoptadas sobre las rodillas.

Ayer, en la conferencia de prensa con motivo del Covid, que sí se realizó después de un fin de semana de silencio sepulcral, se negaron los puntajes que motivaron la nueva decisión, dejar a Chihuahua en amarillo y Juárez en naranja.

La divulgación de dicha información es fundamental, porque los indicadores no han variado sustancialmente, sólo se han agravado. 

La sospecha de un acomodo en los números hoy o mañana es indudable, para ello también hay pincelín negro, como lo hay amarillo o naranja.

 

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El gobernador poco se preocupa. Acumuló más millas en su viaje a Aguascalientes, asistiendo a la reunión de gobernadores federalistas.

Allá el tema del Covid, argumento inicial para la agrupación de los mandatarios, pasó a segundo término. La desaparición de los fideicomisos acapararon la escena.

Incluso el tema del agua, de pronto se convirtió en un tema no prioritario. Es más, Corral no quiso tratarlo más a profundidad ante una pregunta expresa durante la conferencia con medios de comunicación.

Tiene a la entidad convertida en un polvorín. Puede ocurrir un nuevo enfrentamiento en cualquier momento por las reiteradas intentonas de desalojo de las vías del ferrocarril en Estación Consuelo. La entidad de nuevo al naranja, y él de paseo por tierras hidrocálidas con un séquito de aplaudidores.

La consecuencia no puede ser otra. Se cae en pedazos su escasa credibilidad. Incluso Mitofsky documentó en su último reporte una pérdida sustancial de credibilidad de agosto a septiembre, de 44.8 por ciento a 42.

Pero lo que más llama la atención es que su distracción en asuntos mil lo hace perder de vista lo evidente. De acuerdo con esta casa encuestadora 6 de los gobernadores que integran la alianza federalista disminuyeron su aprobación.

Junto con él cayeron Martín Oroz, el anfitrión, José Rosas Aispuru, Enrique Alfaro, Jaime Rodríguez y Francisco García; así como fichas de domino, Aguascalientes, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, siguen la suerte del de Chihuahua. Grilla mata credibilidad.

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Recién empezada la administración se hizo un escándalo monumental por el descubrimiento de un departamento en uno de los planteles del Colegio de Bachilleres en Juárez.

Que si era peculado, que si era de lujo, que no era posible que en una escuela del nivel medio superior hubiera este tipo de instalaciones, se dijo y se insistió.

Pues ahora resulta que al remodelarse las instalaciones del Museo tarahumara de arte popular, en céntricas calles del seccional de Creel, en la Sierra, se encontró un departamento. Así como se lee.

No hay mayores datos al respecto, más que el informe aislado difundido por la misma coordinación de comunicación social en uno de sus programas pseudonoticiosos.

Deben transparentarse las condiciones del indicado departamento, quién hacía uso del mismo, en particular durante los últimos cuatro años, que corresponden a esta administración.

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En el fraccionamiento privado Baleares, entre las Sendas y los relativamente nuevos desarrollos de El Reliz, ha surgido un problema vecinal que de no atenderse podría derivar en violencia. Los vecinos cuestionan la administración de su lugar de residencia a cargo de una exfuncionaria del duartismo en la Comisión Estatal de Vivienda, Guadalupe Loo Rascón.

Las imágenes que se muestran en la versión digital de GPS muestran a algunos de los residentes mientras colocan una lona en la que aseguran no ser morosos y exigen la destitución de la administradora del fraccionamiento.

Los afectados dejaron de pagar el servicio de la puerta de acceso al lugar por la falta de trabajo de Loo Rascón. Ella sólo recibe el dinero (le cuestionan algo cercano a los 100 mil pesos) y no da mantenimiento, no pinta ni limpia los desperfectos, pide “moches” a proveedores de servicios, no contrata seguridad privada y no factura ni pide facturas de los gastos para evadir impuestos.

Ante eso, algunos vecinos comenzaron a exigir cuentas a Loo Rascón y al no obtenerlas decidieron dejar de pagar, a lo que la mujer respondió impidiéndoles la entrada a su propio fraccionamiento, algo totalmente ilegal.

El conflicto dividió a los vecinos, que para poder instalar una reja de entrada a su calle -lo que es irregular de entrada- deben estar de acuerdo al 100 por ciento, de lo contrario la autoridad municipal puede cancelar el proyecto de enrejado.

El problema ha estado subiendo de nivel durante los últimos días y la puerta, de la que incluso cuestionan su legalidad en el Municipio, está bajo amenaza de ser derribada por los inconformes, si la administradora insiste en mantenerse al frente de una función que los vecinos consideran ya se ha tornado en negocio personal.