Opinion

-La escena de un niño que saca lágrimas

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GPS / Columna
jueves, 10 octubre 2019 | 05:00

-Tere no le afloja al trabajo... partidario

-El inocente comentario de los guaruras

-Ganó perdiendo en estancias infantiles
 
Es una historia estrujante pero no lo suficiente para generar sensibilidad en los funcionarios del nuevo amanecer.

Uno de nuestros lectores envió un mensaje de Whattsapp con el relato pormenorizado, cuya imagen mostramos en nuestra edición digital.

Asimismo, tenemos una foto a la distancia del pequeñín en las puertas de la mencionada Procuraduría de Defensa de Niños, Niñas y Adolescentes.

En resumen, llegaron dos adultos, un hombre y una mujer, ante un empleado de la Procuraduría, quien los atendió casi en la entrada.

Le dijeron que no sabían qué hacer con el niño, por su mala conducta, y por tanto no lo querían tener con ellos.

Ninguno quiso hacerse cargo de la custodia, y querían entregársela al DIF, sin mayor argumento. La funcionaria simplemente se ofreció a realizar los trámites, sin más.

¡El niño ha de tener nueve o diez años!

Ni los protocolos internacionales de protección a los niños, ni el llevado y traído artículo primero constitucional, un gran avance en materia de derechos humanos, ni los discursos continuos de una supuesta defensa de la niñez y la familia. Nada.

No sabemos al final qué fue lo que ocurrió, pero por lo pronto, compartimos el angustiado mensaje que nos enviaron.


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La directora general del Colegio de Bachilleres de Chihuahua, María Teresa Ortuño Gurza, continúa en una amplia gira de carácter partidista por todo el país.

Recientemente, la ubicamos en México y el fin de semana en esta misma ciudad, en reunión del Consejo Político Estatal del PAN.

Pero nos sorprendió verla como integrante de un grupo denominado “Los pioneros de la democracia”, que tuvo participación recientemente en Saltillo, Coahuila. 

Es un grupo integrado, según supimos, entre otros, por Rosendo Villarreal, Juan Antonio García Villa y Jorge Zermeño Infante.

La crítica a estos pioneros muy democráticos es que les encanta el dedazo. Teresa Ortuño ha sido diputada federal y senadora por la vía plurinominal desde 1982. Sólo una vez ha sido electa por tierra, es decir, en elección por la vía de mayoría relativa, como diputada local. 

La otra ocasión perdió allá en Coahuila, en la elección para gobernador en 1987; quiso ser candidata en 2010, también a la gubernatura, pero en Chihuahua, y no le alcanzó ni siquiera para la interna.

De ahí en más, ha ocupado puestos burocráticos, como en la actualidad, en el gobierno del Estado.

Juan Antonio García Villa, su cuate del alma, padece del mismo mal. 

Sólo ha ganado una sola vez por el voto de las urnas, de ahí en más ha sido diputado federal en las legislaturas de 1988 y 1994, y senador en 1997, todas por la vía cómoda plurinominal. Por ese mismo método hoy cobra como diputado local allá en Coahuila. Cuando contendió por la gubernatura, también perdió.

Entonces, eso de la democracia como que suena extraño. Claro, los medios de comunicación de aquel terruño coahuilense no podían dejar pasar el dato, que nosotros compartimos, junto con una foto viejita, del 2014. A la orilla García Villa y casi al centro Teresa Ortuño.


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Se ha convertido el deporte más que en una estrategia de gobierno, en un pretexto para lucirse y jalar reflectores, en una especie de culto a la personalidad, una marca personal.

Sin dejar de lado que es un mecanismo de distracción y ocio, del cual ha abusado el gobernador, con sus largas horas de dedicación al golf; en cuanto se encuentra cerca de algún green, sea la ciudad que sea, no duda en darse ese placer. Es una de sus debilidades.

Por eso no es extraño que, incluso sus gentes cercanas, se refieran a las competencias deportivas y recreativas de la “Liberación”, hoy conocida como Unidos con valor, como “la carrera del gobernador”.

Y lo hacen de manera inocente, como un cumplido hacia el titular del Ejecutivo, porque son gente cercana, comprometida con su proyecto.

Es el caso de la familia Borja, cuya imagen mostramos tomada del muro social. Insistimos, lo hacen de buena fe, pero el comentario tiene por supuesto un mar de fondo.

Los Borja son una familia que ha estado cerca del gobernador. Hacen funciones de guaruras desde que estaban en la policía municipal bajo la conducción del Dhiac-Yunque.

Fueron ellos en gran parte quienes lo acompañaron en aquel entrenamiento donde cerró las calles en reconocimiento del recorrido oficial que se hizo este domingo pasado.

En particular sólo basta echar un ojo a las imágenes que profusamente envía el área de comunicación social, en una auténtica oda a Javier Corral. No se mide Alejandro Alanís, su fotógrafo personal.

Está el gobernador en sus diferentes poses de corredor, luego entregando medallas, saludando a diestra y siniestra, con cheques de premiaciones pírricas, hasta en cuclillas, como en la foto que le compartimos.

Y el Estado, bien gracias. Incendiada la Mesa del Huracán, antes el corredor Jiménez-Parral, Gómez Farías, periodistas internacionales lesionados en Juárez, etcétera.

Por eso no es extraño que actividades sean conocidas como las carreras del gobernador, envuelto en un mundo multicolor, grato, lúdico, y de ensueño. 


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“El Caballo” Alfredo Lozoya obtuvo un gran triunfo el día de ayer ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Perdiendo, ganó. Su abogado se lame los bigotes -literal- porque obtuvieron boleto para ir a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Ticket to Washington, debe haber exclamado cuando la Sala desestimó el recurso presentado en contra de la desaparición de dinero público para las estancias infantiles, más cuando ni siquiera entró al fondo y salió por la tangente con un asunto de interés jurídico, meramente procedimental, cuando el espíritu del reformado artículo primero constitucional y la nueva ley de amparo es la protección más amplia en beneficio de las personas, y particularmente de quienes se encuentran en una posición de desventaja, como son los menores de edad.