Opinion

-La orden salió en secreto y por la noche

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GPS / Dominical

domingo, 25 octubre 2020 | 05:00

Todavía el jueves por la noche, en los pequeños, medianos o grandes negocios se estaban haciendo pedidos de mercancía e insumos, incluso para el fin de semana.

Los restaurantes que habían regresado en parte a su normalidad, con excesivas medidas de control, se abastecían para los comensales. Refaccionaban la cava con vinos, licores y cerveza.

Sus ventas han sido bajísimas, ni siquiera para sacar el costo de funcionamiento, pero tenían esperanzas en fechas próximas, el Buen Fin por ejemplo.

Lo mismo pensaban los empresarios de gimnasios, spas, comercios dentro y fuera de centros comerciales, casinos y salones de eventos. 

No se diga la industria considerada por decreto como no esencial, que deberá despedir o mandar a su casa a dos de cada tres trabajadores. O en la misma situación los hoteles con aforo de 15 por ciento y sus restaurantes sólo con comida para llevar.

Nadie creía en la información que circulaba en internet, con declaraciones de Javier Corral acerca de un retorno al semáforo rojo. Podría ser una de sus tantas estridencias y aspavientos, con el que adorna sus ocurrencias.

A lo más creían que se anunciaría el domingo o el sábado para entrar en vigor el lunes, como siempre. No era cualquier medida. Era suspender actividades de tajo. 

Lo que no sabían era que desde la semana pasada ya jugaba Gobierno del Estado con las cifras en los mensajes directos e indirectos de sus comunicadores Covid.

Los informes se convirtieron cada día en auténticos pregoneros del desastre. Y no era para menos, con una infraestructura y capacidad rebasada, frente a contagios y fallecidos reales.

Durante largos ocho meses invirtieron minucias en insumos, poco equipo y cero nuevas instalaciones. Se arriesgaron a lo increíble.

 El irresponsable manejo del semáforo, ayuno de liderazgo y pleno de abulia, lo único que ha traído son muertes y altísimas pérdidas económicas.

Decisiones todas adoptadas en las rodillas, saltándose a los epidemiólogos y sin consulta mínima con los sectores. Lo del Consejo de Salud, de nuevo, es auténtica burla.

Incongruencia a tope es por ejemplo la Junta Municipal de Aguas, dependiente del mismo Estado, entregando en domicilio miles de recibos con personal sin cubrebocas o caretas.

Esos papelitos son transmisores idóneos del Covid junto con el personal que anda casa por casa dejándolos en las rejas o bajo las puertas.

En este contexto, el viernes amanecimos en rojo, con los refrigeradores atestados de mercancía con esperanza de recuperar lo perdido.

Es más, muchos incautos se quedaron sin una cervecita para disfrutar los juegos de las grandes ligas o el fútbol, todo ello por televisión. Maltrato innecesario.

Muchos municipios deberían estar en verde. Pero no importa en uso de tabla rasa.

En el colmo de la incongruencia, gobierno no se detiene. El aforo en sus oficinas es al 100 por ciento, incluso con flagrante violación a los derechos humanos, al obligar para que se presenten las personas consideradas como vulnerables por comorbilidad. Con todas sus letras lo pusieron en el decreto que irresponsable hasta el tuétano firmó Fernando Mesta, el Secretario de Gobierno.

El Covid sólo existe entonces en el sector privado y social, a quienes hay que apretar el cinturón para que dejen de funcionar, bajo medidas de persecución implacables.

No hubo indicadores ni mucho menos una base científica, sólo la determinación a rajatabla en base a algo que ya se sabía y nunca se previó.

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No fue un solo decreto el publicado por el Gobernador el jueves por la noche en inusual edición extraordinaria para imponer el rojo en la semaforización del Covid.

Fueron cuatro los acuerdos rubricados, el 120/2020, el 012/2020, el genérico para establecer nuevo horario de venta de bebidas alcohólicas y uno adicional para autorizar la publicación extraordinaria del Periódico Oficial.

El primero corresponde a la modificación del acuerdo que establecía restricciones de funcionamiento en las actividades, gracias al cual hubo consideraciones a la industria, a la cual ahora se le permite funcionar al 15 por ciento. Antes tenía que suspender actividades forzosamente.

Dice el decreto que la industria ha sido solidaria en la adopción de medidas. Pero igual lo han sido todos los demás sectores, que bien podrían funcionar con restricciones y aforos como ese quince por ciento industrial. Representa una bocanada de aire bajo el agua.

Con ello podrían los negocios ayudarse a pagar una parte de sus gastos y que su mobiliario y equipos no se deterioraran. Una solución lógica que no existe cuando se impone el capricho.

El segundo decreto es la imposición del color rojo y el tercero la ley seca durante cuatro días de la semana.

Sólo se venderá cerveza o licor en botella cerrada los lunes, martes y miércoles. Habrá un disparo de clandestinaje y sobre compra, que no detendrá el consumo ni las fiestas, en particular si son las mismas gentes del gobierno quienes las protagonizan. Si no que le pregunten a Roberto Lara, el presidente de la Junta Municipal de Aguas, que ya tiene hartos a sus vecinos.

Esos cuatro decretos no fueron obra de la casualidad y elaborados de último momento. Fue una decisión planeada y concertada al más alto nivel por el Gobernador con las diferentes secretarías involucradas. Lo sabían desde días antes.

Cuando se convocó a lo que se dice es el Consejo Estatal de Salud para proponer el cambio en el semáforo, la decisión ya estaba tomada y los decretos forzosamente elaborados y revisados.

Simplemente se citó a algunos representantes para que validaran moralmente la decisión caprichosa adoptada; no hay lista de asistencia, ni fotos, ni actas levantadas, nada que lo compruebe.

Hay una imagen del Gobernador, con sus funcionarios cercanos, y algunos líderes de cámaras. Pero el Consejo de Salud es más amplio que ello y exige formalidad, más aún cuando se trata de una decisión con graves consecuencias.

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El viernes salieron de las distintas oficinas de gobierno lo que han denominado células mixtas, como las usadas en seguridad, para imponer un decreto que sólo conocían el gobernador y sus cercanos, legitimado por su publicación en el Periódico Oficial del Estado número 85, del 22 de octubre, en la oscuridad de la noche. 

Los sellos de clausura y suspensión pulularon injustamente. Las imágenes del personal colocándolos en los negocios, y que fueron divulgadas por el mismo gobierno, retratan el abuso. Las multas podrían ser hasta de dos millones de pesos!!!

No había forma material para que los dueños de restaurantes, bares, spas, gimnasios o cualquier otro negocio, conocieran oficialmente el contenido de dicho documento. Ningún respeto al debido proceso ni a la legalidad de los acuerdos.

La regularidad formal indica que estás decisiones oficiales obligan al día siguiente de su publicación, ordenándose una amplia difusión a los mismos. Por eso había urgencia de hacer una edición especial del POE para darle falsa legitimidad legal a una decisión arbitraria. 

Lo importante era imponer con desesperación una decisión adoptada desde hace varios días antes, a escondidas, sin reparar en el grave perjuicio económico y social que esto acarrea.

La paranoia, la hipocondría y falta de oficio administrativo se apoderó de Palacio. Están desesperados por su ausencia de capacidad para enfrentar el reto de cuidar la salud de los chihuahuenses. 

Ya no saben qué hacer y recurren a lo más cómodo, trasladar el costo a la sociedad. Ellos son los culpables, que ellos paguen, con dinero y muertes, con sus refrigeradores atestados de mercancía aunque se echen a perder, en un rojo que mínimo estará vigente dos catorcenas.