Opinion

-Levantones de Creel en vísperas de la masacre

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GPS / Columna

viernes, 24 junio 2022 | 05:00

-Ante ausencia de recursos, proponen revivir la tenencia

-Milimétrico cuidado en atención al caso de jesuitas

-Calló durante cinco años, hoy recobra el habla

Entre el lunes 12 y el jueves 16 de junio en Creel, la capital turística del estado, ocurrieron varios levantones que tenían como fondo la extorsión y otros delitos atribuidos al grupo criminal que opera a sus anchas en la región. 

Eran las vísperas de la masacre de Cerocahui del lunes 20 de junio, donde fueron privados de su libertad dos hermanos y asesinados el conocido guía de turistas Pedro Palma, así como los sacerdotes jesuitas Joaquín Mora y Javier Campos.

La desaparición de personas en el conocido pueblo mágico del municipio de Bocoyna tuvo eco en las redes y en denuncias informales que poco o nada fueron investigadas. El Diario reportó oportunamente los casos entre el viernes 17 de junio y los días posteriores.

Por fortuna, según lo que se ha conocido hasta hoy, la serie de levantones no dejó pérdidas fatales, pero sí daños al patrimonio de las víctimas y sus familias, que no encontraron auxilio en las autoridades locales, menos en las federales.

Lo que vivió Creel tiene una conexión sólida con los hechos de Cerocahui, municipio de Urique, dado que es la gente del mismo grupo criminal de José Noriel Portillo, alias “El Chueco”, la involucrada en ambos casos.

Si bien los móviles de cada delito podrían variar (conflicto por un partido de beisbol, extorsión, secuestros y ajustes de cuentas), sobresale la responsabilidad de una misma célula delictiva con el conocido mando a la cabeza.

Los casos tienen también otro denominador común, la negligencia oficial. Los días en que arreciaban los reportes de desaparición y los llamados de auxilio de las familias de la sierra, las autoridades aseguraban que no había denuncias.

Obviamente no había investigaciones y, como desde hace años, “El Chueco” y compañía hacían lo que querían; sólo de cuando en cuando evadían algún operativo gracias a filtraciones y al control territorial de la región. 

A ver si los crímenes recientes, pues, son motivo suficiente para que los distintos órdenes de gobierno tomen por fin ese control territorial entregado a la delincuencia desde hace años.

Las autoridades municipales y sus policías son literalmente cero a la izquierda.

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A la deuda que enfrenta Chihuahua, heredada de las últimas administraciones estatales, unos por contratarla y otros por aumentarla y por el pésimo manejo y la oportunidad perdida para hacer una efectiva reestructuración, se suma la caída de lo que los expertos denominan el espacio fiscal.

Ese espacio es el recurso que tienen las entidades federativas para responder con servicios e infraestructura a los ciudadanos, y que a nivel nacional ha tenido una caída promedio del 27 por ciento, lo cual es histórico y presiona las finanzas estatales.

En el caso de Chihuahua es de las entidades privilegiadas porque ha conservado niveles de recaudación con ingresos propios frente a la reducción presupuestal federal, pese a la desaparición de fideicomisos y otros mecanismos de apoyo.

Los resultados del estudio efectuado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria CIEP, y que fueron presentados ayer en un hotel de la ciudad de México, allá sobre avenida Reforma, indican que Chihuahua tendría algo así como 12 mil 200 pesos per cápita, por debajo apenas de las entidades con mayor espacio fiscal, como Colima, Sonora, Aguascalientes, Ciudad de México y Querétaro y distante de Chiapas, que en el último lugar no llega ni a los dos mil pesos.

Lo delicado es que el estudio propone a los estados, que, para fortalecer sus finanzas, y toda vez que la tendencia es el no aumento de recursos federales, tendrían que acudir a la odiada tenencia vehicular, mejora en recaudación de predial e implementación de impuestos ecológicos, para poder enfrentar los retos de servicios e infraestructura a una población creciente.

No cae nada bien en los contribuyentes la información, con los niveles de inflación actuales y la auténtica recesión o cuando menos parálisis económica, de un país que no arranca en términos de crecimiento y desarrollo.

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Con los reflectores locales, nacionales e internacionales encima, ha tenido que ser la gobernadora Maru Campos, y su equipo, sumamente cuidadosa, para no herir susceptibilidades a flor de piel por supuesto justificadas, que generan desconfianza y exigencia con duras palabras por parte de la comunidad Jesuita.

Por ello cuando recibe la noticia del hallazgo de los cuerpos, no duda la mandataria en dirigirse al lugar de los hechos en Cerocahui, y previo a difundir un mensaje en redes sociales, que ocurrió a las 15:35 minutos hora de Chihuahua, 16:35 hora de la Ciudad de México, sostuvo comunicación directa con el superior de la orden, Luis Gerardo Moro Madrid.

La llamada con el Padre Provincial ocurrió a las 16 horas con 15 minutos hora de México, 15:15 hora de Chihuahua, dato documentado por los mismos jesuitas en un comunicado oficial difundido por redes sociales, y fechado en la capital del país, con severas palabras, que insistimos, están del todo justificadas.

“Llamamos a que ante hallazgos de esta índole en la investigación se priorice la certidumbre científica y una comunicación respetuosa de las víctimas, familiares y comunidades dolientes”. De ese tono el mensaje, en respuesta a la información proporcionada de viva voz por la Gobernadora.

Dicho prelado jesuita se trasladó a Chihuahua, pensamos que, con necesario auxilio de transportación aérea privada, para llevarlo hasta el lugar o muy cerca del hallazgo, donde ayer en la madrugada, confirmó personalmente que efectivamente se trataba de los cuerpos de los dos padres jesuitas asesinados, Javier Campos Morales S.J. y Joaquín César Mora Salazar S.J.

Así de milimétrica la atención en las últimas horas, en el contexto de tan terrible homicidio y la ola de reprobación y consternación unánime que ha levantado.

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Ha recuperado el habla con la capacidad de crítica que le habíamos conocido al padre jesuita Javier “El Pato” Ávila, con motivo de los lamentables acontecimientos ocurridos en Cerocahui.

Durante cinco años se mantuvo muy cerquita del poder político estatal, como asesor plenipotenciario del corralato, junto con Dizán Vázquez y Camilo Pérez. Eran los curas de Palacio.

Fueron ellos cercanísimos con el exgobernador Corral, incluso “El Pato” ocupó de manera polémica una consejería en la Comisión Estatal de Víctimas, que fue impugnada porque rompía con el principio de separación Iglesia-Estado.

La jerarquía católica, y suponemos que lo mismo pasó con la compañía de Jesús, fue puesta a un lado e incluso perseguida la primera de ellas, como parte de la trama corrupta contra Duarte.

Durante esos años fueron miles las muertes por la violencia, cientos de desaparecidos y miles los desplazados en la sierra de Chihuahua y otros puntos.

Ahí no dijo nada cuando se reunía con Corral, en la plenitud del ejercicio gubernamental que terminó como un verdadero desastre.

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Se están preparando los empleados del Sistema de Administración Tributaria para festejar los 25 años de existencia del organismo recaudador.

Habrá diversas ceremonias y actos conmemorativos, incluida una parte lúdica para los servidores públicos y sus familias, que incluye hasta baile de zumba, carreras de costales y más.

Todo muy bien, pero mientras eso ocurre, millones de contribuyentes siguen pariendo cuates por la puesta en marcha de la factura 4.0 y la famosa constancia de situación fiscal.

La amenaza continúa por las empresas a los empleados, exigiéndoles la constancia, de lo contrario no habrá pago de nómina, un trámite que era simple rutina para las empresas.

Un espíritu recaudatorio a más no poder.

Lo que son los contrastes, mientras unos se divierten y festejan un aniversario más, los otros deberán cumplir sí o sí con las nuevas disposiciones, que los tienen, literal, con el Jesús en la boca.