Opinion

-Lo de Maru es legítima defensa

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GPS / Dominical

domingo, 18 abril 2021 | 05:00

Ha sido hasta el cansancio una pesadilla la persecución despiadada desde Palacio de Gobierno con el fin de descarrilar a Maru Campos de su candidatura.

Pese a esta inquina, la postura de la entonces alcaldesa y hoy aspirante a la gubernatura ha sido prudente y paciente.

Estoica ha soportado no sólo los embates mediáticos y jurídicos, sino las agresiones personales, peor que bullying. 

Corral y sus más cercanos colaboradores se han ensañado con ella, con groserías mil verdaderamente infantiles.

Si en la guerra y el amor todo se vale, muy bien pudo ella abrir fuego desde el año pasado, con decenas de argumentos sólidos, en escenarios mediáticos y judiciales.

Los canales para recibir las denuncias estaban abiertos, tanto en el Partido Acción Nacional (PAN) como fuera de él, simplemente por la misoginia que es auténtica violencia política de género.

Aún con el aumento en decibeles que su discurso ha tenido en las últimas semanas, ha sido respetuosa hasta el tope de la investidura de su correligionario.

Ha buscado siempre dejar una salida negociada, como toda buena política. Sabe que es útil dejar entreabierta la puerta.

Por eso ha tratado de mantenerse ajena y no engancharse fácilmente en dimes y diretes. Ha tratado incluso de potenciar públicamente algunas acciones que pudiesen rescatarse, no sin esfuerzo, en la actual administración, aunque haya muchas otras en que se ha incurrido hasta en responsabilidad no sólo ética sino penal.

Esa postura ecuánime ha sido identificada erróneamente como reconocimiento de culpas y debilidad, por parte de una “débil mujer”, muy joven, a la que se pudiera por fin en cualquier momento quebrar en su espíritu de lucha.  

Nada más alejado de la realidad. Ha demostrado traer la falda muy bien puesta.

La presencia de Maru en las audiencias, y luego salir a buscar el voto, con una sonrisa y un semblante de serenidad, sin doblarse y con la frente en alto, evidencia la madurez que ha adquirido.

Es demostración de la capacidad para soportar y sobreponerse a condiciones de alta presión, necesario como característica para quien aspira a gobernar el Estado Grande.

Muy lejos de la hormona y con la cabeza fría.

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Se sabe por su propia boca, que desde 2016 tenía conocimiento Corral de la supuesta nómina secreta duartista pero no hizo nada. 

Al contrario, se colgó con descaro de los votos que la entonces alcaldesa le arrimaba y que eran indispensables para su tranquilidad como mandatario.

No hubiera tenido Corral el dominio de la primer legislatura ni los escasos diputados locales de 2018 que sobrevivieron al tsunami morenista.

En esos momentos de nerviosísima condición, el gobernador calló como momia, y enfiló sus ataques contra Duarte y Peña Nieto.

Largos cuatro años tuvieron que transcurrir, con el pretexto de la estrategia de ministerios públicos, para que la carpeta se judicializara.

Durante todo ese tiempo trató Maru Campos de conocer las acusaciones para mínimo poderse defender, pero le fue negado cualquier acceso al expediente.

Pero lo que se mantenía en el cajón secreto de la Fiscalía General del Estado, era ventilado a los cuatro vientos con feroz ataque mediático.

Unas veces de frente, los más con filtraciones y rumores. 

De pronto, se abandonó el simple chisme de sobremesa y hasta comunicados de prensa oficiales empezaron a manejarse en torno al asunto, en evidente violación al debido proceso y a la presunción de inocencia. Nada más claro que una persecución de Estado.

Eran los tiempos previos a la convocatoria para seleccionar candidato a la gubernatura por Acción Nacional, con ánimos de no permitirle a Maru llegar siquiera al registro interno partidista.

Lo que no se avanzó judicialmente en cuatro años se hizo en un par de meses. De pronto le dio prisa al Ministerio Público.

En el fondo, esa estrategia, que ha tratado de justificar Corral hasta el cansancio, no es otra cosa que una zancadilla siniestra en perjuicio de las aspiraciones de la entonces alcaldesa con licencia.

Ahora, ya registrada oficialmente como candidata y en plena campaña, no ha variado ni un ápice esa intentona sinvergüenza por hacerle daño.

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Hubo muchas ocasiones en que el gobernador y sus auxiliares trataron de opacar y hacer menos a la alcaldesa Maru Campos, sin el respeto mínimo que exige también esa investidura.

Se le empezó a desplazar de los eventos oficiales del Estado. Hasta en las inauguraciones era “desinvitada”, cuando el protocolo que se estila pide la intervención del munícipe.

Si forzosamente tenía que estar presente, era colocada en un extremo, y evitaba Corral hasta el contacto visual.

Impensable que se le permitiera dar algún discurso o intervención por mínimo que fuera.

Ya en los últimos meses, ni siquiera eso. No era contemplada en los eventos y Corral comenzó a distanciarse de manera absoluta.

Si eso ocurría en la relación pública, la coordinación oficial estaba prácticamente rota. Los chihuahuenses pagaron por el rencor anidado en la principal oficina de Palacio.

Mucho menos obra, la inversión desaparecida. Redujo el gobierno del Estado en nada su presencia en la ciudad.

Muy bien pudo abrir pelea la alcaldesa mediante algún recurso jurídico para exigir los recursos que por derecho le correspondían a Chihuahua.

Por el contrario, incrementó la capacidad de gestión, austeridad, estirando los pesos para que rindieran en beneficio de los ciudadanos de la capital.

Frente a los ataques furibundos con tintes claros de misoginia, no acudió ni a la CEDH, a la CNDH, no presentó demandas ante Fiscalía Estatal o Federal.

Cuando se le atacaba mediáticamente contestaba lo menos...se defendía y se defiende únicamente. Es el último recurso, la obligada defensa propia, frente a la desproporción de la persecución.

Hubo voces que incluso pidieron iniciar procedimientos dentro del PAN, primero por la inequidad en la contienda, con los dados cargados desde palacio de Gobierno, pero frente a ello nada.

Una vez más la prudencia. Incluso en estos momentos pudiera utilizar los estatutos del partido para exigir la expulsión de Corral, por el evidente sesgo que la persecución ha adoptado, y que tiene como única y exclusiva finalidad forzosamente perjudicarla, como sea y al costo que sea.

Primero se esconden los expedientes, segundo se judicializan con timing electoral, tercero, como no fue suficiente la nómina secreta, abren otra carpeta que pretende penalizar un asunto que normalmente se procesa en sede administrativa.

Como su ventaja no cede, al contrario, se ha conservado, la intención es seguir mintiendo para socavar en lo posible su imagen.

La estratagema para tumbarla carece de límites, aun y con el riesgo de que el PAN se quede sin candidato. A ese extremo el tufillo malintencionado que todo esto arroja.

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Fue hasta que rompió todo límite el gobernador y sus cercanos en los ataques en contra de ella, que decidió romper el silencio.

Fue así cuando realizó una agenda de medios a nivel nacional y no se diga en el ámbito local, que caló hondo. La legítima defensa no puede negarse a nadie. 

Pero después de ello, de nuevo la calma y la paciencia.

Su prioridad es la campaña, ahí es donde se le necesita, el otro frente, el jurídico, se libra en cada foja de la carpeta de investigación en sede judicial.

La audiencia del viernes lo único que dejó en claro es el cochinero con el que se han formulado las acusaciones. Fueron golpeadas las tretas de la Fiscal anticorrupción y el patrón Corral. 

El respiro del aplazamiento sin fecha es golpanazo de alto nivel, otra cachetada con guante blanco, sin estridencias, sin contrademandas, aun guardando el respeto hasta el tope.