Opinion

-Lo quebró la irresponsabilidad no el Covid

La deuda a corto y largo plazo, insostenible, terminó por estrangular la débil hacienda pública estatal. Ahora busca su salvavidas en quien crítica un día sí y otro también al “centralista y totalitario” gobierno federal.

Gps/ dominical

domingo, 22 noviembre 2020 | 05:00

Si en materia de Covid hay semáforo rojo modificado, las finanzas estatales están peor, son de un rojo grosella; bancarrota infame. Son ayunas las finanzas estatales del dinero elemental para pagar prestaciones de fin de año, proveedores, contratistas y un largo etcétera. Es en serio y con todas sus letras.

La deuda a corto y largo plazo, insostenible, terminó por estrangular la débil hacienda pública estatal. Ahora busca su salvavidas en quien crítica un día sí y otro también al “centralista y totalitario” gobierno federal.

Frente a ello, las excusas de siempre, con un agregado, el Covid-19, pretexto fenomenal con el cual Corral ahora se lava las manos como Pilatos.

Resulta que los problemas financieros de Chihuahua surgieron como resultado de la terrible pandemia que ha cobrado la vida a casi tres mil chihuahuenses.

Lo dijo a su patiño Valles en el costosísimo Canal 28 y lo deslizó en su zalamera reunión con Arturo Herrera, el secretario de Hacienda federal, quien lo recibió con las manos en sus bolsillos, como cuidando la cartera. Mensaje tácito de desconfianza.

La realidad es distinta.

Tiene atestados los hospitales carentes de lo elemental para atender a los pacientes de la terrible enfermedad SarsCov2, pero no es nuevo ni es de ahora. Encontró en 2016 con penurias la Salud y con él solo se agravó.

Está presente en la memoria el desabasto de medicamentos, la precariedad de miles de trabajadores, los manejos irregulares -sino es que francamente ilegales- en las adquisiciones directas vigiladas por su primer secretario de Salud, Ernesto Ávila, hoy su asesor tras bambalinas, el de los bonos de 100 mil pesos.

Muy frescas se encuentran en el imaginario colectivo las compras millonarias a la empresa que pretendía ser la preferida del sexenio, Egro, que hoy disputa en tribunales el pago de medicamento que surtía en minúsculas e improvisadas farmacias banqueteras.

Las condiciones patéticas en salarios y prestaciones de los trabajadores de la salud tampoco nació en marzo con el Covid, situación histórica, pero que Corral nunca atendió más que en el discurso, porque hasta la fecha, esta misma semana que pasó, han tenido que salir a la calle a exigir lo que por justicia les corresponde, y que les ha sido negado.

Lo que ha ocurrido con la infraestructura en salud es para llorar amargamente, por la perfidia con que se dilapidan y echan a perder recursos necesarísimos para la salud de los chihuahuenses.

Esos edificios que recibió como herencia en octubre de 2016 y que se encontraban en obra negra, en particular los hospitales de Cancerología y de Especialidades en Juárez, fueron despreciados y abandonados, a tal grado que requieren inversión millonaria para completarse y repararse, hasta de hongos que han permeado en sus paredes, y que constituyen enemigos letales en una unidad hospitalaria.

Nada más falta que deban derrumbarse y sustituirse sus paredes y muros por el riesgo de infecciones nosocomiales, por los bichos microscópicos de los cuales se han inundado por irresponsabilidad de la actual administración.

Esos edificios de inversión millonaria, que bien pudieron recibir atención inmediata, en lugar de iniciar pequenísimas y pequeñas obras en salud, tuvieron el desprecio por provenir de la administración del odiado enemigo César Duarte, capricho infantil de alguien que debió gobernar con altura de miras, pero que empezó y terminó transformado en Calígula.

No hay el más mínimo recato, ni autocrítica a los planes fallidos de austeridad, que terminaron por constituir una simulación descarada, con sus viajes interminables en avión privado, del gobierno y de sus amigos.

Escatimó viáticos, celular y apoyos para las áreas operativas, despidió a cientos de empleados y contrató a sus amigos con altos sueldos. Creó subsecretarías y nuevas áreas como la Coordinación de Gabinete.

En el colmo, rascó centavos de su fallida y mentirosona austeridad, mientras él se da la gran vida chapoteando en las playas del Caribe y Mazatlán.

Compite lastimosamente, por su afición a las excentricidades del golf, que adquirió en edad muy adulta y a la sombra del poder que da el servicio público, al mismo tono y lenguaje, con uno de los empresarios favoritos del régimen, Ricardo Salinas Pliego, con quien agarra pleito innecesario en su intolerancia a la crítica.

Tiene dificultades para tomar con técnica el grip del palo de golf, incluso con entrenadores, para obtener resultados por debajo de mediocre. Pero es peor su grado de asertividad en el manejo de la crisis económica, donde pone mucho menos empeño y atención, se ha dedicado a pedir prestado y a quejarse de Duarte, Peña y ahora López Obrador, con quien ha escalado pleito innecesario y hoy pide dinero, ya no digamos para pagar lo que debe, sino para cerrar al menos diciembre.

La chequera se ha quedado sin fondos y tiene a los cobradores tumbándole la puerta.

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No podía ser de otra manera el estertor de la administración corralista. Inauguró su llegada a Palacio de Gobierno pidiendo un préstamo de corto plazo y ahora lleva tres decenas de empréstitos de esta naturaleza.

Son cerca de 14 mil millones de pesos los que ha solicitado con un costo altísimo, cerca de 200 millones de pesos mensuales que en la actualidad se pagan como costo de la tarjeta de crédito que irresponsablemente utiliza el gobierno de Chihuahua.

Si desde diciembre de 2016 ha hecho uso de este mecanismo, y en septiembre acaba de registrar los últimos 600 millones, quiere decir que ha pagado no menos de 4 mil 800 millones de pesos en intereses, pensando en un promedio de 100 millones mensuales durante los últimos cuatro años.

El dato es inaudito. Si sabía que el déficit es mayúsculo, tres, cuatro o hasta cinco mil millones de pesos anuales, sobre el cual nada ha hecho más que patear el bote, ¿porqué seguir endeudándose a corto plazo?

Y no hemos hablado de la deuda a largo plazo. Las reestructuraciones pregonadas como la gran salida estratégica tronaron como ejote. Al 31 de marzo, antes de la pandemia, los compromisos de largo plazo que eran de de 31.2 miles de millones de pesos, pasaron a 32.9 miles de millones. Dos mil millones más.

En conjunto con la deuda de corto plazo el apalancamiento estatal se calcula en 60 mil millones de pesos, que colocan a Chihuahua en un horroroso color amarillo en el sistema de alertas de la Secretaría de Hacienda.

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Hay entonces un antes y un después de marzo. La debacle financiera atribuida al Covid no es otra cosa que una mala broma de pésimo gusto del corralato.

Son 3 mil 500 millones los atribuidos a un plan emergente para paliar y enfrentar la pandemia, pero la verdad en relación con ello es cruda y agraviante.

Esos recursos se compusieron de muy diversas fuentes que nada tienen que ver con la austeridad del Ejecutivo Estatal. Hay intervención de órganos diferentes que pusieron su granito y granote de arena. Hay esfuerzo de empresarios estatales y nacionales. Les pasó la charola y ellos respondieron.

De esa cantidad, gobierno amacizó mil millones para pagar las perdidas por ingresos fiscales; utilizó grandes cantidades para invertir en salud, que debió haber destinado desde el inicio de su administración y no lo hizo.

El bono Covid fue un paliativo miserable de tres meses y los apoyos directos a empresas y personas, fue penosamente diferido y entregado en goteo lento y terrible.

No fue el Covid el causante de la actual crisis que pone de rodillas de nuevo a la entidad ante la federación, incluso suplicante para que sea aval en nuevo préstamo a corto plazo. Fue la irresponsabilidad en la conducción del gobierno que carece de un auténtico líder.