Opinion

-Mando civil de GN es de adorno

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GPS Dominical

domingo, 15 enero 2023 | 05:00

Han sido entrenados los agentes de la Guardia Nacional (GN) en disciplina y uso de armas exclusivas del ejército; en tareas de disuasión, persuasión, uso de fuerza no letal y fuerza letal; es decir, aniquilación del enemigo, sea quien sea.

Su indumentaria es la de un elemento militar -y no un agente civil de prevención- vestidos con camuflaje café claro, casco de protección, fornituras y bota militar. 

No hay diferencia alguna más que la leyenda zurcida sobre el uniforme con las palabras Guardia Nacional, en lugar de Sedena o Marina.

La inmensa mayoría de quienes integran esa fuerza policial “civil” son de origen, formación y carrera militar, comisionados por el Ejército o la Marina –de los 115 mil, unos 92 mil-. Los menos, unos cuantos, son sobrevivientes de la Gendarmería y otros de la Policía Federal, ambas corporaciones extintas; poquísimos han sido reclutados en los últimos años. 

Todos los mandos son militares, bajo cuya bota deben someterse el rigor permanente y sin descanso de la inflexible disciplina castrense, que obedece jerárquicamente sin preguntar, menos discutir una orden.

La formación y dirección por tanto es netamente de la milicia, que en sus funciones podrá tener muy reglamentado el uso de la fuerza –con una ley, reglamentos, manuales-, pero no deja de ser el hilo sumamente delgado en esa gradualidad de atención a situaciones que ameritan una respuesta no letal o inclusive, por excepción, letal.

En cuanto a las armas casi lo mismo. Están dotados entre otros tipos por un fusil FX-05 “serpiente de fuego”, calibre 5.56 milímetros, capaz de traspasar chalecos antibalas y blindaje elemental, fabricado por ingenieros militares del país, tomando en cuenta las cualidades antropomórficas del mexicano, así como por una pistola Sig Sauer P-320, calibre 9 milímetros.

Por disposición legal –supuestamente- les está vedado utilizar armas automáticas y aquellas consideradas de alto poder, estrictamente reservadas a la Marina y al Ejército. Pero ese fusil FX-05, no le pide nada a los usados por los militares.

En el momento en que un elemento con esta formación y equipamiento está en una condición crítica, donde en segundos debe decidir el tipo de reacción, letal o no letal que debe tener, ante situaciones concretas, el pronóstico es reservado. 

Reglamentos, manuales y toda la amplia normatividad existente, pasa a un segundo término por instinto de sobrevivencia, pero además, porque para ellos, por instrucción implacable, segar una vida es una situación próxima aceptada, un riesgo laboral.

El exceso en el uso de la fuerza ocurre con mayor frecuencia de lo que debería, como ha sido documentado por la “dormida” Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en decenas, sino es que en cientos de quejas recibidas a lo largo y ancho del país. En Chihuahua no han bajado de veinte las quejas contra la GN.

La “ejecución”, porque no puede llamarse de otra manera, por la desproporcionalidad en el uso de esa fuerza letal contra Luis Fernando Maldonado y Mauro Miguel Rocha, de 20 y 24 años de edad, en Jiménez, apenas el primer día del año, es clarísimo ejemplo del grave riesgo de colocar la prevención de los delitos en manos de alguien con formación diametralmente opuesta.

Es un integrante del “army”, un soldado, equipado con armamento y adiestramiento, para no discutir o discernir con criterio amplio protector de derechos humanos. Su prioridad es la seguridad nacional por encima de esas consideraciones humanistas.

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El expresidente Enrique Peña Nieto propuso una reforma para crear una división especial de reacción ante sucesos delictivos dentro de la Policía Federal, sucesora de la antigua Policía Judicial Federal, de triste recuerdo. 

La corporación denominada Gendarmería sería itinerante con capacidad de despliegue operativo para desplazarse a zonas de alto riesgo delincuencial. Tendría cinco mil elementos con 250 mandos.

Dentro de la Policía Federal continuarían existiendo las áreas especializadas en Fuerzas Federales; Seguridad Regional; Investigación; Científica; Antidrogas e Inteligencia, con un presupuesto inicial de 4.5 mmdp, modificado a menos de la mitad y con un ejercicio de apenas el 12 por ciento en el 2014. El proyecto nació muerto.

Con el triunfo de Andrés Manuel López de Obrador, en 2018, una de sus primeras propuestas fue la creación de la Guardia Nacional, que sustituyó de manera completa, en todas sus funciones, a la Policía Federal.

El presupuesto otorgado es enorme, histórico. Para este año la Secretaría de Seguridad, de la cual depende la GN, recibirá 47 mil millones de pesos, más de la mitad de lo que el estado de Chihuahua tendrá en su presupuesto total. De ese dinero, el 70 por ciento va directo a la Guardia Nacional, y de ahí en términos materiales, al Ejército.

Los cinco mil efectivos de la Gendarmería son un juego de niños. La GN tiene 115 mil elementos a la fecha, y pretende llegar al 2024 con 199 mil. ¿Quién va a controlar a ese estado de fuerza?

El mando de toda esa fuerza “policial” preventiva desplegada por todo el país bajo una estrategia militar a base de construcción de cuarteles blindados, estaba materialmente en el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, pero formalmente en la Secretaría de Seguridad Ciudadana.

La titular de esa SSC, Rosa Icela Rodríguez, no es otra cosa que un adorno en las conferencias mañaneras, en relación con la Guardia Nacional, cuyo comandante, General Luis Rodríguez Bucio, es un militar de origen, licenciado en administración militar, maestro en administración militar, doctor en defensa y seguridad nacional.

Rodríguez Bucio ha sido comandante de guarnición, director de centro de investigación militar, jefe de planta del Estado Mayor de Defensa Nacional, agregado militar en Alemania y Polonia. Es una broma pensar que estaba supeditado a Rosa Ícela, la secretaria de Seguridad.

Como militar, sólo acepta órdenes de otro militar, su ahora jefe directo, por reforma polémica a la ley de la Guardia Nacional –para darle la vuelta a la imposible reforma constitucional- Luis Cresencio Sandoval. Aún está pendiente en la SCJN la resolución a la acción de inconstitucionalidad interpuesta por la oposición para echar abajo la adscripción de la GN a la Sedena.

De locos: la GN es un desconcentrado de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, pero el mando inmediato superior –quien controla ese monstruo de personal y recursos- es el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.

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Como ya vimos, con una formación y equipamiento militar, no podría esperarse de los elementos de la Guardia Nacional una actuación distinta a la observada en los lamentables acontecimientos ocurridos en la salida sur de Jiménez, que vimos y escuchamos a todo color en los dos videos que han circulado.

Ellos, los elementos de la GN, argumentan que escucharon detonaciones y reaccionaron al respecto, con la fuerza letal para la cual han sido entrenados durante años.

Tardó muchísimo la ONU en ver que los disparos de cerca de 10 elementos de la Guardia Nacional eran un franco abuso, exceso, en términos llanos, una ejecución extrajudicial. La CNDH no ha visto nada.

Le marcaron el alto a los jóvenes, quienes no detuvieron la marcha del vehículo. No había suficientes motivos para dispararles. Antes del uso letal, el elemento castrense tendría que agotar tácticas disuasivas, persuasivas y no letales.

Superaban en número y fuerza a los jóvenes. Era cuestión de aguantar el gatillo en el fusil de alto calibre que llevaban al hombro, pero no resistieron. 

Disparó uno, dispararon todos, incluso en lugar de detener sometiendo al joven que huye milagrosamente, le disparan por la espalda.

No es libertad la que tienen para actuar, es libertinaje. La adscripción, ilegal o no, a la Sedena, puede traer como único beneficio que deberán ajustarse estrictamente al mando militar y no débil de Rosa Icela Rodríguez y la inútil Secretaría de Seguridad “Ciudadana” que encabeza.