Opinion

-Orden de cierre drástico, sin plan

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GPS / Dominical

domingo, 08 noviembre 2020 | 05:00

Si no fuera porque se trata de una historia de profundo dolor, que ha enlutado a las familias chihuahuenses, el asunto pasaría como una anécdota más de la politiquería mexicana, una auténtica parodia de Rius en tiempo real más propia de San Garabato en los Supermachos.

Es una trama donde un gobernante, en este caso Javier Corral, extraviado en su banalidad y ansias de poder, juega al dictadorzuelo, desde una pequeñísima porción de la función pública, en lugar de ponerse a trabajar con seriedad. 

Tuvo todo el tiempo del mundo para tomar las decisiones financieras y de recursos humanos para enfrentar el Covid y en lugar de ello prefirió dedicarse a la grilla, ir y venir en avión de un lugar a otro en su ilusión presidencial.

Ha edificado con su conducta megalómana un caparazón infranqueable. O nadie le dice las cosas como son o no escucha, en un gabinete cuyo período agoniza y que ha terminado siendo un círculo cerrado de cuates que asientan afirmativamente a todo lo que ordena.

Es patética la escena donde Eduardo “El Higadito” Herrera, el no médico, actual Secretario de Salud, le dice incontables “sí señor”, a un mandatario que se refiere a él simplemente como Eduardo. 

Temblorosos por inseguros, resbalaban con una cosa y otra al anunciar las nuevas medidas restrictivas el pasado miércoles en la mañana, auténtica oda totalitaria. El acordeón en hojas de papel impresas con el guión de lo que no conocen ni dominan, temblaba en sus manos. Ni un concepto médico o clínico en una guerra que se libra precisamente en esos términos y no en otros.

El fortalecimiento de las instalaciones médicas, adquisición de insumos, contratación de personal, equipo médico -en particular ventiladores, ventiladores y más ventiladores- pasan a un segundo espacio. Craso error. 

Lo primordial es apretar el cuello a los ciudadanos, diciéndoles irresponsables e inconscientes y como consecuencia de sus actos, -necesario castigo- ordenar todo el peso de la ley. Si no quieren entrar al orden por las buenas, será por las malas.

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Varias veces usó el mandatario megáfono en las redes sociales para lanzar este discurso de regaño con tono de enfadado y cansancio. Se le olvida que los chihuahuenses están poniendo los muertos, centenas de ellos en las casas, porque desde hace dos semanas cuando menos no hay una sola cama con respirador. La lista de espera es terrible y angustiante.

Los que menos tienen, menos pueden y menos saben, están al final de la lista y son ellos quienes en gran medida están muriendo, al carecer de los recursos económicos para sufragar equipo y medicamento para recibir atención de calidad en casa ante la insuficiencia de camas. La diferencia entre la vida y la muerte es un respirador de 30 mil pesos y antivirales de 15 mil.

Pero ellos, los altos funcionarios, están en la esfera de cristal. Largos ocho meses se entretuvieron con un conteo de muertos y contagios. Utilizaron la pantalla para justificarse. Desplegaron un gran operativo para vender mercadológicamente su esfuerzo en la primera etapa, los pesos y acciones insuficientes que se convirtieron en centavos y se esfumaron. Hoy no hablan de ello ni por error.

Estaba y está muy claro el drama de la película europea y norteamericana. Las reaperturas trajeron siempre rebrote terrible, como consecuencia normal de la interacción social. Hubo tiempo para más camas, hospitales provisionales, equipo, personal. Lo sabían y poco, o más bien nada, hicieron al respecto, por ignorancia o desidia, que ya no sabemos que es peor. Cero inversión, más que lo que estaba ya pobremente programado. De antemano sabían que jamás alcanzaría.

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Es muy difícil que alguien pierda el tiempo oponiéndose legalmente al decreto inconstitucional publicado el miércoles -no sabemos a qué hora- en el Periódico Oficial del Estado y que sirve de base para el mega-cierre de establecimientos, negocios y prestación de servicios, durante las noches y el fin de semana.

Es conocido que la formalidad de la ley es un principio jurídico que con facilidad -lo estamos viendo- es violentado por alguien que tiene el poder, con más razón utilizando el argumento perfecto de una emergencia sanitaria real.

Ni los comerciantes, ni los industriales, los empresarios organizados, le dirán al gobernador abiertamente que están en contra. Lo piensan y se desahogan en sus círculos familiares y de amigos, pero no le dicen que está equivocado en todo lo que está haciendo. A estas alturas no desean confrontación...aún.

Saben que en el fondo no plantea solución de largo alcance y de la magnitud requerida.

Ordena cerrar drásticamente por dos semanas, pero no hay un plan radical o de emergencia para dotar a Chihuahua de las camas Covid necesarias, no 20 ó 40, o las que vayan a instalar IMSS o ISSSTE. 

Se necesita mucho más. Tiene a los colegios médicos, a las universidades con personal de salud, para que lo ayuden ante su fracaso, pero no quiere romper la burbuja y evidenciarse. Puede reclutar cientos de personas y capacitarlas para atender una situación urgente, vital, pero nada de eso pasa por la mente de un gobernante que piensa que cerrando todas las actividades el Virus desaparecerá por arte de magia. 

El pensamiento crítico que pudiera existir podría venir también del Consejo de Salud, pero sólo lo usa para tapar su incapacidad e ineficiencia.

En 15 días, o en un mes, o dos, cuando levante la medida draconiana del encierro, vendrá otro rebrote, incluso más agresivo, con un virus que muta continuamente. Eso ha pasado en otros países y Chihuahua no puede ser la excepción.

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En el maremágnum de la pandemia, muy pocos podrán escatimar razón en la desesperación del gobernante que pasa por encima de la ley, como lo ha hecho Corral.

Respetar la norma es un prurito que no puede detenerse a cuidar en su pragmatismo, en particular en un momento en que la mayoría de las familias chihuahuenses sufren un agudo dolor, porque han sepultado a un ser querido, o lo tienen en estos momentos en velatorio aislado y con estrictas medidas de sanidad, o en cama con sus pulmones colapsados, sin poder ir a un Hospital porque no se lo aceptan.

Es entonces muy sencillo para un gobernante irresponsable ir dando tumbos, en un país laxo, muy laxo, penosamente laxo, en el respeto a la constitución, en este caso en materia de salubridad, cuyas facultades, las del toque de queda -como el decretado de facto por Corral- sólo son atribuidas al presidente y con autorización del Congreso de la Unión.

Quienes debieran estar velando por el respeto a la normativa superior, las instancias jurisdiccionales y las políticas por supuesto no mueven un dedo. 

Estamos frente a un gobernante que ve la desgracia, y no sólo no se hinca en gesto de humildad, sino que echa la culpa al que menos se puede defender, en este caso, a “los irresponsables” que no entienden que se deben enfermar y morir poco a poco para que no falten camas.

En esa locura nada tiene que ver que en la actual administración el sistema de salud haya terminado por desfondarse, y que es en ese contexto en el cual se está haciendo frente a la pandemia.

Los hospitales inconclusos, la falta de medicamento, las carencias de personal, las deudas a proveedores y muchos etcéteras, no fueron traídos por el Covid. Son males que ya estaban, y que fueron olímpicamente ignorados durante cuatro años, en los devaneos y sueños de poder corralista.