Opinion

-Pagaba de pura renta 40 mil al mes

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GPS / Columna

jueves, 30 diciembre 2021 | 05:00

-Sufren sin medicamento por contratos vencidos

-Números de violencia al alza y con maquillaje

-Las puertas de palacio abiertas de par en par

Por 42 vehículos del año, el exrector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Luis Fierro Ramírez, instruyó pagar un millón 169 mil pesos mensuales al mes, por un contrato de arrendamiento que abarca de junio de 2020 a septiembre de 2022.

El contrato sigue vigente, aunque ya está señalado con irregularidades graves por la propia Auditoría Superior del Estado.

Este monto significa que en promedio la UACH estuvo pagando 27 mil pesos al mes por cada vehículo mediante el esquema de leasing (arrendamiento financiero), pero hay unos utilitarios que cuestan apenas 10 mil pesos, mientras que las Suburban rozan los 40 mil pesos mensuales.

Se trata de 18 KIA Sorento, 15 Vento de la Volkswagen, una Silverado, cuatro Traverse y las cuatro famosas Suburban de las que no se bajaba el exrector.

Arrendar por 40 mil pesos al mes (el sueldo de dos maestros universitarios o más, según el tipo y grado) un vehículo de lujo, es un exceso. Que sean cuatro los de lujo y otros 38 supuestamente utilitarios, rebasa cualquier calificativo.

El ojo de los auditores al mando de Héctor Acosta Félix se ha centrado en el uso del esquema de leasing, sin un estudio de factibilidad que avale el contrato de renta pura, en vez de una adquisición licitada u otra alternativa como arrendamiento con opción a compra.

También la revisión arrojó que el contrato de arrendamiento puro se hizo sin que el arrendador, Lumo Financiera del Centro S.A de C.V (sociedad financiera de objeto múltiple no regulada), cumpliera todos los requisitos para su contratación.

Ojo con el nombre del arrendador. Lumo es el mismo proveedor de patrullas rentadas para la Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, con base en el Estado de México y muy favorecida con contratos del corrupto corralato.

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El alprazolam es un medicamento controlado, indispensable para los pacientes que sufren ansiedad. Sin el tratamiento, la condición de ellos es terrible; digamos que es fundamental e indispensable. Se encuentra dentro del cuadro básico de Pensiones Civiles del Estado, y una de sus más comunes presentaciones es la marca comercial Tafil.

Resulta que los derechohabientes que han acudido al menos en la última semana han tenido que regresar a casa sin el medicamento, pese a contar con receta. 

No son los únicos, de hecho, hay un desabasto continuado que se ha incrementado a últimas fechas y que no puede ser resuelto a través de la subrogación, porque, dicen, los contratos han vencido y no han sido renovados.

Al menos ese es el pretexto que se ha dado en farmacia a los pacientes que han hecho fila. Que no hay medicamento en existencia y que no puede otorgárseles un pase porque por el momento no es posible, debido a que no hay contratos vigentes.

Pensamos, como los derechohabientes que se quejaron en GPS, que se trata de una broma de mal gusto y que hay información inadecuada en el personal que atiende farmacia. Lo otro es creer que no se han tomado las provisiones necesarias para resolver el tema con la anticipación que amerita, sobre todo cuando tienen muy presentes las fechas de término y vigencia de los contratos.

Hay decenas de personas en área administrativa, almacén y jurídico, para estar al pendiente del asunto como para desconocer que hay un contrato que está por vencerse. El argumento dado sólo parece ser pretexto.

El Tafil sólo es un ejemplo, su costo es de casi quinientos pesos, de ese tamaño la afectación por paciente, no se diga quienes deben surtir una mayor cantidad de medicamento. El tema por supuesto es comidilla entre los burócratas.

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En su momento fueron de escándalo los números finales de homicidios ocurridos el año pasado, y este 2021 amenaza con cerrar en los mismos niveles; con un dato adicional, la innegable manipulación de cifras.

El quinquenio anterior fue para el olvido, porque desde 2016 empezó la vorágine imparable de asesinatos, llevándonos a niveles que no veíamos desde el sexenio de Felipe Calderón, en la curva más alta.

Poco pudo hacer la recién instalada administración en el gobierno del estado en materia de seguridad, por el nivel de descomposición existente y los problemas de coordinación y simulación heredados.

Si el año pasado cerramos con una tasa de homicidios altísima, cercana a los 70 por cada cien mil habitantes, este año ya andamos por las mismas, arriba de los 60. El acumulado en lo que va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador es también de horror, arriba de 200 como tasa.

Pero los números estadísticos brindados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública se quedan cortísimos, frente al detalle que ofrece el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, que recaba los datos directamente de las actas de defunción.

Para darnos una idea de la realidad, mientras el SESNSP contabilizó el año pasado 2,566 homicidios, el INEGI presenta 3,376, ochocientos homicidios más, con lo cual la tasa se incrementa casi a 90 asesinatos por cada cien mil habitantes.

No hay que ser muy ducho para las matemáticas para comprender que los 2,184 homicidios contabilizados por el Secretariado Ejecutivo al mes de noviembre, están más maquillados que payaso en fiesta infantil. 

La estela de dolor y luto es mucho más extensa, lamentablemente, de lo que se presenta de manera oficial. 

Los datos están para muestra en el Atlas de Homicidios que presentó el año pasado la organización México Unido contra la Violencia.

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Por el número de contagios tendríamos que estar en estos momentos con muchas más restricciones. Cuando menos, el llamado tímido para evitar aglomeraciones, aún y cuando sean familiares, tendría que ser más enérgico, tomando en cuenta la variable Ómicron, cuya presencia no debe ser desestimada.

Injustificable vacacionar para los responsables en salud del tema, no sólo de quienes aparecen en la difusión institucional, sino de los encargados del área de epidemiología principalmente y aquellos departamentos involucrados. Se da la impresión de que hay un relajamiento.

El reporte de ayer no deja lugar a dudas con 21 decesos en total, aunque la mitad de éstos se hayan concentrado en Juárez, porque los días anteriores fue esta capital quien presentó de manera lamentable mayores defunciones.

Pero, además, los contagios suman 308 y las hospitalizaciones no ceden, en promedio casi de 200 diarios, igual que los intubados, aunque en este último caso el descenso es de lamentables muertes en su mayoría.

Tendrá entonces que ser más insistente la autoridad en los llamados de cuidado extremo, no sólo en casa, sino en restaurantes y centros de esparcimiento, con cumplimiento estricto de las medidas sanitarias.

De acuerdo con Serendipia, una página web que concentra información en materia de Covid, Chihuahua está en un 63 por ciento de hospitalización general, un 60 por ciento en cuidados intensivos, y en un 37 por ciento en ocupación de camas con ventilador. Como se ve, los datos no son nada alentadores.

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Ha llamado mucho la atención ver la puerta trasera de palacio de Gobierno abierta de par en par aun durante las noches, cuando se ha incrementado el flujo de paseantes por el primer cuadro de la ciudad, y en especial la calle Libertad.

Son de esas cosas que no se extrañan del pasado, luego de que esas puertas han permanecido casi tapiadas, con vigilancia mil, como auténtica pared inexpugnable ya no se diga para los turistas, sino para los mismos chihuahuenses.

La imagen que presentamos en versión digital fue tomada el mismo día de Nochebuena. Fue enviada por un paseante que deambulaba por unas calles iluminadas y repletas de familias enteras que se tomaban fotos en los escenarios creados con motivo de la Navidad.