Opinion

-Por culpa de Aras viene una amarga Navidad

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GPS / Dominical

domingo, 21 noviembre 2021 | 05:00

Las instalaciones matriciales de Aras Investment Business, perteneciente a Aras Business Group, son relucientes, con acabados lujosísimos. Están localizadas en la Torre Azenzo, una de las escasas edificaciones verticales existentes aún en la ciudad. 

Se llega a través de estacionamiento exclusivo, elevadores que huelen a nuevo y a éxito, pasando por áreas de tipo comercial de alto nivel. Siempre todo reluciente, apantallador, glamoroso.

Desde ahí opera Aras la consultora financiera en colocación de capital, mediante la distribución estratégica en negocios rentables, que durante los últimos dos años proporcionó inimaginables rendimientos hasta del 10 por ciento mensual.

Para nada es extraño que dicha posibilidad de negocio corriera como reguero de pólvora, de persona a persona y redes sociales. De un momento a otro se captaron a miles de inversionistas, no sólo de esta capital. En 18 mil se cuentan hasta el momento.

Se expandió con oficinas a Ciudad de México, Monterrey, Cancún, Guadalajara, y a otras muchas ciudades de la entidad y del país, con el mismo concepto de suficiencia y ostentación. En los Estados Unidos opera en Phoenix y en Memphis.

Había una extraña confianza a un negocio emergente y alucinante por las ganancias prometidas y cumplidas. El CEO Armando Gutiérrez Rosas era un moderno Rey Midas.

En ese contexto miles de personas de la tercera edad decidieron invertir sus ahorros de toda la vida que tenían bajo el colchón o en las instituciones bancarias, donde los rendimientos son devorados por la inflación y las altas comisiones.

Hubo muchos que ilusionados hipotecaron las casas, vendieron autos o terrenos, e inclusive, quienes de manera temeraria acudieron a los bancos para solicitar préstamos con altísimas tasas de interés, que podían ser pagadas con facilidad por los rendimientos ofrecidos por los amables y convincentes asesores financieros de Aras, que les ofrecían resolver el problema de su retiro en la vejez, o cumplir el sueño anhelado.

Las inversiones eran de 10 mil o 20 mil pesos bajita la mano. Pero hubo quien invirtió un millón derivado de sus ahorros o que por medio de Wells Fargo Bank transfirió 25 mil dólares a Aras, persuadido del gran negocio de su vida.

Las historias no son inventadas. Están platicadas con todos los detalles, desesperación y angustia, incluso con malas palabras y adjetivos mil irreproducibles, en las charlas de Face del corporativo financiero, como respuesta a los videos transmitidos esta semana en que tratan de dar confianza con argumentos que tienen apariencia de auténtico atole con el dedo.

Hoy esos miles de inversionistas ven cómo sus utilidades mensuales se convirtieron en humo desde hace varios meses, y temen con justa razón que el capital invertido corra la misma fatídica suerte.

Por eso ahora corren, pero al ministerio público para interponer denuncias penales por fraude. Hasta ahora les cae el veinte que el negocio al cual fueron invitados tiene facha de verdadera pirámide cuya base se desfondó.

Nadie les quita de la cabeza que hubo una maquinación perversa para quitarles su dinero, en verdadero robo a despoblado.

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Las empresas que realizan promoción financiera con captación de recursos al público están sumamente reguladas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, bajo estándares de alto rigor.

Igualmente, la Comisión Nacional de Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros exige el registro de las instituciones que se dedican a este tipo de actividades, con la finalidad de conocer y sancionar contratos y ofertas de negocio.

Pero Aras se movió en medio de las regulaciones, constituida como una Sociedad Anónima Promotora de Inversión SAPI, con autorización para captar capital privado y de riesgo. 

Hasta donde sabemos, los contratos eran de venta de acciones de empresas, eso es lo que públicamente han manifestado los responsables legales del corporativo, que no estaban maniobrando como operadores financieros.

Sin embargo, los socios inversionistas dicen otra cosa muy diferente. No fueron llamados a formar parte de una empresa, sino que sus fondos iban a ser colocados en inversiones sumamente jugosas, con dividendos extraordinarios.

Por ejemplo, la colocación de sus inversiones en la mina La Morita, una instalación minera con modestas ganancias, concesionada no a Aras, sino a la empresa Camex SA de CV, de acuerdo a los registros de la Secretaría de Economía.

De esa mina no se extrae oro, hasta donde se conoció en el documento denominado Panorama Minero del Estado de Chihuahua, emitido por la Subsecretaria de Minería Federal, sino solo “Ag, Pb, Zn, Ba”, que no son otra cosa que plata, plomo, zinc y bario.

No serán suficientes entonces los esfuerzos para trabajar en tres turnos, sin descansar ni un minuto, para extraer material y pagar intereses más capital prometido, ni siquiera en los seis meses solicitados como prorroga públicamente por la empresa.

Los bienes inmuebles que se dice posee tampoco son suficientes para pagar aproximadamente 500 millones de pesos a inversionistas más los cincuenta millones mensuales en intereses. De locura.

El problema es que ya se veía venir el tema del colapso desde hace tiempo. Había rumores en las redes sociales y en medios de comunicación no sólo de Chihuahua, sino de Torreón, por ejemplo.

Causaba extrañeza que la empresa funcionara sin regulación alguna, sin que ninguna autoridad interviniera, a pesar de que desde 2013 la CNBV había advertido de este tipo de manejos irregulares.

Ni siquiera la competencia de Aras puso el dedo en la llaga. Todos callaron demasiado tiempo en relación con la evidente anomalía.

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Se movía el CEO, Armando Gutiérrez, en los primeros niveles del poder. Hace apenas dos meses, para ser precisos en octubre, organizó en Juárez un encuentro político de alcurnia para empresarios y clase dirigente.

Los invitados principales fueron de lujo, Felipe Calderón Hinojosa, expresidente de México, y Enrique de la Madrid, quien pretende competir por la candidatura presidencial del PRI o de la coalición opositora en 2024. Ambos hablaron del desarrollo económico con visión sostenible y ética, ante la crisis mundial.

Inclusive, la gobernadora, María Eugenia Campos Galván grabó un mensaje en video para felicitar por la celebración del evento. Éxito rotundo el de Armando, cerrando con un mensaje de creatividad, honestidad y aliento a la inversión. La pinza política también es su fuerte.

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Hay en la página oficial de Aras un mensaje de personas que han recibido la oportunidad por parte de la empresa de cumplir los sueños de toda su vida.

Gabino pudo instalar su cerrajería en un local propio y abandonar la calle donde tenía su puesto ambulante, o Krisel, que pudo adquirir una propiedad en la playa.

¿Cómo no aprovechar esta gran oportunidad de inversión?

El entusiasmo, que algunos califican de avaricia, terminó de manera abrupta. El rostro desencajado de Gutiérrez y su abogado Emilio Hernández, el viernes ya por la tarde, en una comparecencia en video a través de Face, lo dice todo.

Las palabras de casi media hora de intervención de ambos, con la promesa de cumplir con los compromisos en medio año, que la mina dará para eso y más, y que se revisará la determinación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, que ordenó suspender operaciones, quedaron en el vacío.

Nadie les creyó, fuera de los bots sembrados en la red social donde dijeron de todo, hasta acudir a cadenas de oración. La angustia es mucha, porque hay riesgo de que se materialice la pérdida de patrimonio en miles, han caído las personas en bancarrota familiar y tendrán inevitablemente una amarga Navidad, caminando por los pasillos de la Fiscalía.