-Salen caras las ocurrencias mañaneras

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La Columna de El Diario
domingo, 10 marzo 2019 | 03:07

La debilidad se asoma en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador por donde menos se espera. Creerse poseedor de la verdad absoluta arrastra hacia el error. Es mal este de mesianismos e ‘infalibles’, así con comillas.
Esta semana su discurso rijoso en contra del sistema neoliberal empezó a golpear en las calificadoras de riesgo.
Lo hizo indudablemente molesto por la rebaja en la evaluación a Pemex realizada por la agencia inglesa Fitch, que precedió a una reducción también con perspectiva negativa a la deuda nacional a largo plazo.
Fue un duro golpe a su administración, que en los últimos meses ha colocado como prioridad el combate a la corrupción como mecanismo de financiación.
De manera general, con dicha pelea se generarían ahorros que serían utilizados para otorgar apoyos directos a las personas vulnerables y realizar acciones de gobierno.
En ese entorno es cuando llega la mala nota.
Aún y cuando descartó eliminar el contrato con Fitch, para el presidente las calificadoras deberían -con todo respeto, dice- tomar en cuenta el combate a la corrupción dentro de sus indicadores de riesgo para evaluar mejor a México en estos momentos.
Es este asunto de las calificadoras un nuevo tropiezo, con un dólar que tuvo una ligera recuperación el fin de semana, pero que ha sido golpeado varias veces por imprudencias declarativas de sobre regulación del sistema financiero y la política pública de entregar miles de millones de pesos de manera directa a los ciudadanos más vulnerables.
Con aire infalible, el inquilino de la silla del águila pontifica desde Palacio Nacional y arremete contra sus opositores políticos, con una sonrisa y un sarcasmo constante, que continuamente le genera nuevos embrollos.
Testarudo como él solo -conducta que ha reconocido- ha persistido en su punto de vista a costa de lo que sea.
Sólo que éste, el de las calificadoras, puede ser la punta del iceberg.
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Las calificadoras tuvieron un papel tardío de actuación en la crisis financiera provocada por las hipotecas basura en el 2007, y que provocaron una pérdida billonaria en dólares a nivel mundial. Crisis de la cual aún no hay una recuperación plena.
El Fondo Monetario Internacional ha alertado, particularmente en un estudio publicado en octubre pasado, acerca de la necesidad de implementar medidas de carácter preventivas, desde el mismo interior de los países, pero siempre pensando en fortalecer el papel de la vigilancia internacional del sistema financiero.
En esa vigilancia entran las financieras de riesgo soberano, donde destacan además de Fitch, Standard and Poor´s y Moody´s, estás dos últimas con sede en Nueva York.
S&P y Moody´s, han sostenido la calificación de México, dando un voto de confianza al gobierno, pese a la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en la capital del país y la insuficiencia de inversión en Pemex.
Esa disputa entre calificadoras ha sido utilizada por la Presidencia de la República como argumento adicional para cuestionar a Fitch como un ataque del neoliberalismo y tratar de imponer condiciones sobre las actividades de las calificadoras, como lo presentó hace unas semanas la Comisión Federal de Mejora Regulatoria.
La nueva regulación buscaría atemperar el conflicto de intereses que subyace en el modelo de negocio de las mismas empresas trasnacionales, cuyos ingresos derivan de los emisores de deuda.
Sin embargo, el anuncio no fue bien recibido por el mercado internacional, menos con el nivel de respuesta en voz del titular del Ejecutivo federal en sus conferencias mañaneras. Arriba el dólar y abajo el peso en automático. Recular, fue la medida más inteligente.
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La pregunta del reportero fue aguda y ríspida. Hizo una relatoría del fracaso de las calificadoras para prevenir el desastre financiero de hace una década en los Estados Unidos, antes de hacer la pregunta al presidente. Un día les dan métrica de solvencia y después caen estrepitosamente en quiebra. Dan notas ficticias o infladas.
López Obrador ya no quiso meterse en problemas. Un día anterior también había abordado el tema, como lo ha hecho de manera recurrente debido a la mala nota crediticia sobre Pemex.
“Somos respetuosos de lo que decidan. Estamos seguros de que la economía de México está bien, marcha bien, entonces no queremos polemizar sobre este tema, vamos el lunes a informar sobre el estado en que se encuentra la economía nacional, y en general les puedo decir que vamos bien, y lo vamos a probar con datos”.
El presidente se basa fundamentalmente en que no ha existido depreciación de la moneda y que la inflación está controlada.
Datos muy polémicos, en medio de un alza sin precedentes en los combustibles -con el anuncio de un probable subsidio fiscal a las gasolineras para reducir el precio- y una apreciación tímida de fin de semana del peso frente al dólar, luego de tener pérdida en los últimos meses.
El ama de casa que va al mercado y con el mismo dinero del año pasado trata de hacer sus compras, y no le alcanza, no piensa lo mismo que el presidente. Igual ocurre con los servicios, si hace dos años pagaba 100 pesos de agua hoy son 300. Con justa razón le reclamó Beatriz a Andrés Manuel por el recibo de la luz, y eso que él gana 108 mil pesos mensuales.
En cuanto al dólar, en los últimos dos meses la moneda mexicana ha tenido alzas y bajas casi de un peso en relación con la moneda norteamericana. De 19.02 ha llegado hasta los 19.62. Hay una inestabilidad constante en la divisa. Diciembre y enero fueron de pérdida, febrero y marzo en términos mensuales fueron de recuperación precaria.
La verdad presidencial choca con la realidad cotidiana.
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La economía es un tema delicado y, con el nivel de deuda que enfrenta el país, las calificadoras asumen un papel relevante, porque sus evaluaciones inciden en relación con los pagos que México debe enfrentar.
No debe ser el tema tomado con ligereza, para arrancar aplausos por ocurrencias mañaneras ni sobre actuar en regulaciones que van más allá de indicadores internacionales como los que ha asumido el FMI.
Porque hay una realidad, vivimos en un mundo globalizado e hipervinculado.
Gran parte del problema en diciembre y enero fue provocado por la cancelación del aeropuerto, una decisión que generó incertidumbre y zozobra en inversionistas y proveedores ya comprometidos. Mal mensaje.
Las fallas y debilidades en el proyecto de Santa Lucía, un aeropuerto en poder del Ejército al cual se le invertirán miles de millones de pesos, tiene tufo a capricho.
Con una circunstancia adicional. Las decisiones se toman en un contexto de muchos frentes abiertos que no han podido ser cerrados y amenazan con colapsar.
La violencia es uno de ellos. También esta semana el presidente aceptó que no ha podido en varias entidades, entre ellas Chihuahua y particularmente Juárez. Los homicidios de civiles y agentes policiales por decenas no son una buena señal de fortaleza del país, con pueblos literalmente en llamas como pudimos ver de nueva cuenta en Gómez Farías y toda aquella región noroeste.
Estos sucesos ahuyentan los recursos económicos y deterioran la imagen.
Menos aún con los vientos de fracaso que golpean la llamada zona franca, a la cual sólo el 15 por ciento de los empresarios y comerciante han podido adherirse debido a los controles y burocracia establecida, datos que ya se encuentran en el escritorio principal de Palacio Nacional.
Frente a esto, sostener dogmáticamente que todo está bien, y va a estar mejor, se convierte en una fórmula esperanzadora y de bienaventuranza útil para el discurso político, pero que en términos reales busca ganar tiempo y apaciguar los ánimos en un contexto muy adverso y complejo.
La popularidad de AMLO está siendo severamente amenazada... por él mismo.