Opinion

-Se apareció Judas en Secretaría de Salud

.

GPS / Dominical

domingo, 02 agosto 2020 | 05:00

Designó el gobernador en la Secretaría de Salud a un ignorante de la atención médica y la salud pública, quitándole el liderazgo a los médicos para colocar un capataz con la orden de azotar a quien ose oponerse a la voluntad caprichosa de un supuesto orden que ni él ni su gabinete entienden ni aplican para ellos, sumidos en dilapidar recursos y darse vida de jeques de la burocracia.

Eduardo Fernández es el prototipo de junior que estudió en una institución privada de gran prestigio, que nunca se preocupó por obtener mínimo la cédula profesional como cualquier mortal, con un currículum que lo ha encumbrado en los negocios privados los últimos 40 años, hasta llegar al premio anhelado de administrar directamente miles de millones de pesos.

Los cuatro años en la administración estatal lo llevaron a pelearse con el Secretario de Hacienda en virtud de su amistad con “Javier” a quien así llama; luego en Fiscalía lo mismo, ruinoso su paso por la administración de bienes incautados en favor de los chihuahuenses, por impericia e indiferencia; los ranchos del odiado enemigo fueron abandonados a su suerte en lugar de ser rescatados, millones de pesos a la basura.

Sin igual la sorpresilla de la semana, con la revelación de su esposa en la jefatura de fideicomisos en Fiscalía, bajo su mando y dirección como Administrador General de dicha dependencia, inobjetable nepotismo evidenciado sin rubor alguno, por el que la Secretaría de la Función pública debería abrir de oficio expediente sancionatorio y que él debió evitar por prurito moral.

Junto a ese pecado de las glorias del poder -que es marca de la casa- existen dos denuncias, que decoran el muro de su nuevo despacho, una por el desastroso manejo de los ranchos de Duarte interpuesta por el administrador que el mismo gobernador había autorizado, y otra por la adquisición de camionetas blindadas que se niega a pagar con la mano en la cintura después de siete meses de entregadas.

Empleado y proveedor en pleito jurídico injustificado para cobrar honorarios y el justo pago por la prestación de un servicio, mal augurio para la salud si hay que demandar para cobrar.

Con estas credenciales para el olvido y el torpe evento de toma de protesta -y lo que ahí se dijo finalmente divulgado en video- no pudieron menos que incendiar la corta mecha de la comunidad médica, que aceptó a regañadientes la designación del anestesiologo Ernesto Ávila, que abrigó esperanzas con el doctor Jesús Enrique Grajeda Herrera y que ahora sienten que se les ha dado un golpe embustero que no merecían, cuando muchos han muerto en la línea de batalla del Covid-19, despreciados y olvidados por un gobernante que jamás se ha parado en esos pasillos de la muerte.

***

El martes, cuando aún permanecía la foto del exrector y exsecretario Grajeda en el patio de Palacio de Gobierno -un día antes del penoso decreto 100/2021-, congregó el gobernador a la escasa clase política que aún le queda y algunos líderes vinculados con Salud.

Torpe en su contenido, el discurso buscó justificar el despropósito -toda lógica echa trizas- de la designación de un no médico en el liderazgo de la salud. Los 19 minutos de palabrería son oda al desconocimiento elemental de la materia.

Vergüenza ajena sintieron los médicos asistentes, cuando hablando casi ex cátedra, confundió la salud pública con la atención médica, claramente diferenciadas en la literatura académica y en la norma jurídica.

Dijo que había puesto dos médicos en el cargo y que ello era suficiente para dar por cumplido el compromiso con el Colegio contraído a regañadientes en 2016 en su campaña.

Ni recuerda lo que firmó. Olga Ponce, María del Carmen Pinoncely, Jorge Vigna, el exdirector de la Facultad de Medicina, Jesús Benavides, el reconocídisimo y respetado Víctor Manuel Gómez Moreno, y más de 200 médicos y enfermeras, se lo trajeron a la memoria. Hasta los de casa se sintieron agredidos.

“Que el titular de la Secretaría de Salud en el Estado de Chihuahua sea médico de profesión, preferentemente especialista, en consenso con el gremio médico”.

No hay temporalidad ni número de nombramientos. El Secretario de Salud debía en todo momento ser médico, y no sólo licenciado en Medicina, sino especialista, y ser consensuado. Corral incumplió con los tres elementos fundamentales del compromiso. Igual que Judas negó tres veces. Eduardo Herrera no es médico, mucho menos es especialista y su nombramiento fue hecho a espaldas de la comunidad médica.

Ahora resulta que en la Secretaría de Salud hay disputas irreconciliables que afectan su funcionamiento, no hay medicamento ni equipos, hay vil desorden, aspectos que han sido impunemente ignorados cuatro años.

Por eso es tiempo de la organización, administración, de la comunicación, de ejecutar lo que se planea. De hacer que las cosas se hagan a cualquier costo, con látigo si es necesario, sin comprender un ápice de lo que se trata. Un villamelón que baja al ruedo, pensando que es lo mismo vaciar una bota de buen tequila que estar frente a los pitones.

El flamante designado va por quienes trapean en los hospitales. Así lo dijo en su lacónico e insustancial discurso de dos minutos con 30 segundos. Va por menos muertes de Covid, sin entender una coma de ello. No hay plan de acción alguno.

Es insostenible.

***

La ignorancia supina del nuevo Secretario de Salud en términos médicos se retrata con la imagen que mostramos en versiones digital e impresa de GPS.

Modela con corbata y cubre bocas n95. Es la corbata un transmisor del coronavirus que ha sido prohibido para su uso en distintas latitudes. La FGR lo señala en su protocolo. Ni el mismo Corral la usó.

El n95 está justificado sólo en condiciones de tratamiento directo con pacientes infectados. Lo usan, junto con otros aditamentos de seguridad, los médicos y enfermeras en los hospitales.

Hace unos meses escaseó y fue necesario hacer su importación masiva con alto costo. En los hospitales de Chihuahua estos implementos son racionados por los administradores y entregados a cuenta gotas.

Ese es el nuevo responsable de combatir no sólo el Covid, sino las morbilidades que azotan a los chihuahuenses. Es la cabeza de la atención médica de calidad, que no sólo es equipo ni insumos. Es trato clínico, humano, integral en cada cama de hospital y en unidades de primer nivel.

Es sanitarismo como política de salud pública, caravanas de salud en cientos de rancherías y comunidades dispersas, es compra adecuada de estents y material quirúrgico.

Realidad que choca con la designación efectuada en términos de una facultad jurídica, pero ayuna de pertinencia técnica, ética y compromiso social.

***

Incapaz de asumir su papel como responsable del cuidado e integridad de los chihuahuenses, en todos los órdenes, Corral da muestras de estar sumido en la desesperación en los estertores de su gobierno. Se muestra en clímax de lo disfuncional.

Cree que sentarse a cuidar los pesos y centavos es más importante que la salud. Es el colmo de esta errática actuación. Si ya se había equivocado al entregarse en los brazos de López Gatell -en irresponsable pragmatismo político de juego doble que cobra terrible factura, con traición a sus amigos gobernadores federalistas- de nuevo derrapa sobre el lodo del interés personal aderezado con corrupción.

Detiene irresponsable la marcha del sector salud, pone al volante a alguien que ni licencia tiene y sólo ha manejado patines, en un vehículo que corre por sinuoso camino a mil por hora, en una emergencia que está por enlutar mil hogares, designando a un improvisado cuya curva de aprendizaje será lenta y dolorosa para todos los chihuahuenses.

Para él, para Eduardo Fernández, viene sólo mayor confort salarial y lustre para el cárdex que venderá a sus nuevos empleadores al concluir el quinquenio. Para Corral, sólo es un espacio más que llenará con un amigo o cómplice. Hasta ahí.