Opinion

-Tras el fracaso, la esperanza de mejor gobierno

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GPS / Dominical

domingo, 06 junio 2021 | 05:00

Como si hiciera falta una evidencia más del fracaso en materia de seguridad, un solitario comandante de la Agencia Estatal de Investigaciones, fue acribillado sin ninguna protección; enviado vil y literalmente al matadero por sus jefes.

Fue de madrugada el homicidio sangriento. No le dieron oportunidad alguna siquiera de defenderse. Los cientos de agujeros provocados por armas de alto poder accionadas por criminales que tienen secuestrada la entidad, son testigos que gritan la indolencia ante tales hechos.

En las terracerías cercanas al relegado poblado de Maclovio Herrera, fue localizado el vehículo cuatro puertas asignado al difunto jefe policial, convertido en coladera infame. 

El video humeante y con olor penetrante a muerte, de apenas unos segundos, circuló profusamente por las redes sociales, para reforzar la imagen de una tierra sin ley en la frontera con los Estados Unidos.

Siendo mando ni siquiera un blindaje del más austero o cuando menos escoltas, contraste brutal contra las suburbans de ocho millones que utilizan los jefes y la caravana de resguardo que los sigue hasta los comederos de alto postín.

En la era de la tecnología los policías en Chihuahua andan prácticamente indefensos logística y operativamente hablando.

Cero protocolo de protección de aquellos anunciados hace meses, relajamiento que es cesión completa de la plaza por César Peniche, el Fiscal, y el Secretario de Seguridad, Emilio García Ruiz.

Están esperando para salir corriendo de la papa caliente que jamás quisieron ni pudieron enfrentar, y que durante cuatro años administraron pésimo y lo que le sigue.

Los recursos supuestamente invertidos en seguridad les llegan a los policías materialmente a cuenta gotas. Si la gasolina, las balas y el armamento son escamoteadas con el pretexto del buen uso del presupuesto, arriba se dan vuelo sin ninguna restricción.

Se roban y gastan gasolina, por ejemplo, por millones, mediante el discrecional uso de las tarjetas que los altos mandos manipulan a placer y que de vez en cuando simulan sanción, cuando son ellos los que hacen chilar y huerto.

Es poco creíble que un agente le meta millones a una tarjeta en gasolinera sin la complacencia de más arriba, durante meses y meses, sin que nadie se de cuenta, por el grado de desorden existente.

En el colmo, es burla la entrega hace dos semanas de 10 cuatrimotos a la AEI, con bombo y platillo con presencia incluso del desaparecido gobernador y el infaltable boletín de prensa con pesadísimas fotos.

Patético apoyo y más la voz surgida de un pecho henchido del gobernante que habla de inversiones a la AEI por poquito más de 40 millones...nada, frente a los 5 mil millones invertidos en Fiscalía y la Secretaría de Seguridad Pública, convertidas en verdaderos barriles sin fondo.

Son, en resumen, dineros que se quedan no sabemos dónde porque en los salarios, equipos y condiciones generales de operación no se observan por ningún lado. 

Esa presencia atropellada en acto protocolario, en plenas campañas electorales, sin mayor trascendencia sólo para la foto, es golpe a la moral de los héroes de la seguridad, contraste infame cuando son velados como reconocimiento a su valor y entrega en la soledad del estricto círculo cercano o algún mando medio.

Esos desaires escamoteados con fundamento en mezquinos resquemores de propaganda, en medio del agravio y dolor a las familias de los fallecidos, son puñalada trapera a ellos y a sus compañeros de lucha, pésimo mensaje a la sociedad que llora de rabia ante la incapacidad oficial.

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Los primeros meses de administración se anunciaron medidas para evitar la muerte de policías, que incluían patrullajes conjuntos, entre otras acciones.

Pero llegó el momento en que se convirtió en lamentable suceso cotidiano, diez, 40 o 100 asesinatos, que si bien es cierto no son nada frente a los once mil homicidios ocurridos en la fallida gestión corralista, es indicador de los más altos a nivel nacional, y declaración tácita de que si ellos están inermes ¿cómo andarán los simples mortales?

Pese a ello, los protocolos de protección han sido olvidados en el cesto de la basura o peor, en los cajones de escritorios polvosos de una burocracia policial que cierra los ojos por complicidad con criminales y franca traición con quienes andan en la calle dando la cara y poniendo el pecho.

El Alfa 1 de la AEI en Ojinaga participó hace unas semanas en un golpe certero a uno de los jefes narcos de la zona, donde hubo droga, armas y autos de lujo de alta gama, entre ellos un poderoso y exclusivo Lamborghini. Más o menos un millón de dólares en valor.

Al operativo en ese momento se sumó un piquete de militares protegidos por su poder de combate y que por lo mismo difícilmente encuentran resistencia. No hubo enfrentamiento ni mucho menos.

Pareció un simple trámite de aseguramiento de bienes en una diligencia sin mayor complicación, después de lo cual evidentemente todo quedó en aparente calma. Ilusión inocente.

La liga entre esos hechos y el terrible homicidio del oficial Andrés Lara Luna esta más que clara...pero además está lejos de ser crimen aislado. Es uno más de la lista tétrica de más de ciento veinte agentes asesinados en lo que va de la administración.

Antes que él fue víctima el comandante Luis Raúl Tarango, en idénticas condiciones de brutalidad, sorprendido mientras conducía un vehículo oficial en una calle perimetral en Parral.

Y antes que ellos otros 13 agentes tan solo en lo que va del año, a cuyos funerales ni siquiera han tenido la decencia mínima de aparecerse más que en contadas ocasiones el Fiscal y el Secretario de Seguridad.

Es imposible ver el crimen de los elementos policíacos como una situación ajena al contexto irresponsable, cuando por increíble que parezca cientos de unidades oficiales se quedaron esta semana tiradas en plena calle.

Las unidades fueron inmovilizadas por falta de pago porque resulta que no son propiedad del gobierno estatal, sino de un brillante empresario favorecido que recibe millones mensuales.

Dramático y patético el espectáculo de las unidades jaladas por grúas en todo el estado. El crimen organizado carcajeándose del gobernador.

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Hoy se renueva la esperanza de que cambie esa desastrosa situación tras la jornada electoral que arranca muy temprano con la instalación del órgano electoral estatal y federal en la elección intermedia simultánea más grande históricamente hablando.

Palpable el deseo ciudadano y urgente la necesidad de que el nuevo gobierno retome los consensos y articulación con los sectores que han sido ninguneados unos y otros aventados a un lado como estorbos por sus críticas ante el desastroso estado de cosas en materia de seguridad.

Una administración que inclusive muestre real capacidad por retomar el gobierno desde el primer minuto del próximo ocho de septiembre en que rinda protesta la nueva gobernadora o el nuevo gobernador.

Han sido cinco años perdidos por excesos de celo en perseguir la corrupción, mientras se descuidó el ejercicio integral del gobierno, con pesado lastre: la deuda exorbitante; los anaqueles de medicamentos vacíos; la obra tan necesaria para generar empleo, reactivación económica y avance en la solución de problemas cotidianos, en el olvido y lo poquito sólo para hacer negocios.

En honor a la estricta objetividad, en el anterior sexenio estaban mejor las cosas que con Corral en seguridad. Y en materia de manejo financiero, le son adjudicados a Duarte múltiples desfalcos pero queda claro que el sucesor canta mejor las rancheras. 

Apenas ponga un pie fuera de la administración reventarán el dique los lodos negros por alrededor de 25 mil millones de pesos; material para decenas de carpetas de investigación.