Opinion

-Un arranque con deslinde de Corral

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GPS / Dominical

domingo, 03 enero 2021 | 05:00

Este es el momento en que el Partido Acción Nacional (PAN) requiere urgentemente concretar, de una vez por todas, el establecimiento claro de límites con una administración estatal que roza el piso del fracaso, batida de manera irremediable en el lodo de una ausencia de ética en el servicio público.

Se han incumplido grotescamente las promesas de campaña del 2016, salud, educación, seguridad, austeridad, ejercicio responsable del poder público, y muchas más, bajo una rienda caprichosa alejada de los principios del que se supone es su partido, todo ello bajo un estandarte pragmático, egoísta y unipersonal.

Nada tiene que ver esta conducta desplegada por el gobernador y su séquito con los postulados que enarbola el partido fundado por Manuel Gómez Morín, y que tienen como base un humanismo político cercano a la población, a quien ha dado la espalda de manera ruin durante 48 meses, especialmente en el fatídico 2020.

Son más de 20 mil muertes producidas por la inseguridad y el Covid, retrato y corolario terrible de cuatro años de gobierno, plagas ambas ante las que cedió sin combatir siquiera desde la comodidad de la nómina pública. Fue omiso e irresponsable hasta el cansancio, cero atención ni supervisión personal, más que de lejecitos.

Es imperativo atender con urgencia la deuda que se encuentra en condiciones de espiral ascendente terrible, mal llevada desde aquellos idus del 2016 cuando lo primero que hizo Corral -y que sigue haciendo con singular insensatez- fue extender la mano por un préstamo de corto plazo, cuando tenía varios años criticando precisamente eso.

Anda arriba ya de los 60 mil millones. Se ha incrementado la deuda a largo plazo en lugar de disminuir, con el agravante del pago de cientos de millones de pesos en intereses y comisiones por una fracasada reestructuración; ni qué decir de los miles de millones en préstamos a corto plazo, respirador artificial en busca de liquidez en carísimo crédito revolvente.

Por ello, está muy lejos de ser la administración corralista una plataforma adecuada para la candidata o el candidato a la gubernatura, sea quien sea, porque esta estulticia es evidente y ha provocado una escalada de opiniones negativas en los ciudadanos, auténtica carga ladeada, cual semoviente pandeado que requiere aligerar su peso.

Son tan delicados estos hechos atribuidos al corralismo que sólo pueden ser sepultados con los positivos de una propuesta política fuerte, e independiente en la realidad, y no en la simulación de una continuidad nefasta con cambio de rostro.

Es tarea del partido y de los candidatos marcar la rayita en una praxis política diáfana de cara al electorado que espera definiciones contundentes y no tímidas medidas que sólo agravarán la situación actual.

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El proceso interno del PAN que hoy inicia es escenario propicio para el deslinde de los precandidatos, en indispensable estrategia para recobrar la confianza de los panistas de hueso azul y compañeros de mil batallas, hoy en franca decepción de una administración que les ha sido infiel, una y otra vez.

El clavo sobre el ataúd fue la purga efectuada en varias dependencias estatales en contra de los militantes que osaron firmarle a la aspirante María Eugenia Campos Galván, auténtico disparo en el pie, intromisión descarada en asuntos estrictamente partidistas, que hasta delito constituye. Los corrieron casi en época navideña, innecesario maltrato en los estertores de la administración.

No se diga de un gabinete estatal integrado con componentes que son soterrada, y abiertamente incluso, contrarios a los principios doctrinarios panistas, algunos de ellos insertos en áreas sensibles que tienen que ver con el campo, los indígenas, la mujer, el desarrollo social, y un largo etc, áreas desde las cuales se opera un proyecto totalmente distinto e incluso adverso.

Si así están las oficinas centrales, imaginémonos cómo se encuentran las decenas de organismos desconcentrados y descentralizados, en los cuales se operó una nómina con sentido opuesto al panismo vencedor en las elecciones del 2016, y que simplemente fue desplazado con descaro no sólo de las principales posiciones, sino de mandos medios e inferiores donde era posible y necesario el cambio para aplicar un nuevo estilo de hacer las cosas.

Pero no sólo fue la nómina, sino el manejo de la administración con una brújula extraviada, que cayó en el campo de golf, de lo fatuo, lo snob, que no es otra cosa que lo superficial copiado de estilos que nada tienen qué ver con la modestia y humildad del decálogo panista, alejado de las luces y la estridencia caprichosa.

Se dedicó el jefe del Ejecutivo a pelearse con todo mundo, empezando con los de casa por ese desaseado comportamiento, viajes mil en avión, austeridad falsa, comilonas en restaurantes que nada envidian al anterior sexenio que tanto critica, selfies en el extranjero como la de Filadelfia con su hoy jefe de gabinete, todo menos atención a su responsabilidad en el cargo.

El resultado, confianza sólo en tres de cada diez chihuahuenses, y negativos elevadísimos en tres o cuatro más, en el suelo la credibilidad y para colmo, para 2021 descaro inaudito, con la petición de mil 600 millones de pesos en deuda para hacer obra y pagar lo que debió haber hecho en sus primeros cuatro años, y que ahora quiere cargarle a los chihuahuenses los próximos veinte años.

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No es lo mismo Gustavo Madero que Corral. El actual senador con licencia es, desde antes, personaje con peso en el panismo, cuando el gobernador apenas hacía pininos.

Pero sí es importante que defina con claridad su propuesta, con un plan de gobierno para que se diferencie del gobernador y se comprometa ya con los chihuahuenses no sólo en los dichos que se lleva el viento.

La palabra debe ir acompañada de la acción, más allá de cualquier expresión, porque ese fue el gran espejismo de Corral, las promesas que se volvieron lo contrario, huecas, lejos de la concreción, simples evasivas primero lingüísticas y después, praxis política opuesta.

La otra aspirante, Maru Campos, en los hechos ya se ha deslindado con precisión, no de ahorita, sino desde hace tiempo. En la alcaldía, de la cual pidió licencia el viernes, ha marcado raya con marcador grueso, indeleble, para que no quede duda.

Ha sido en obra pública, en el manejo de seguridad, en el manejo de la ciudad en general, un estilo distinto con tonalidad de deslinde pleno de su propio compañero de partido, y por cuya razón, no por otra, básicamente se le ha echado encima, característica innegable de gobierno, no sólo misógino, sino con ribetes obtusos y canibalescos.

Si el gobernador hubiera querido combatir la corrupción habrían sido insuficientes los cuatro años para remediar este mal dentro de su propio gobierno, en la policía, las finanzas, la salud, comunicación social, sus gastos de viaje aéreos injustificados a todas luces.

Por eso, al arrancar la carrera de veintitantos días para obtener la candidatura a la gubernatura, se inaugura a la vez el reto del panismo para separar la propuesta de un nuevo gobierno del que está por terminar en ruinas, en el necesario reencauzamiento hacia los fines, objetivos, metas, propósitos, principios y bases del albiazul.

Para los chihuahuenses es momento de esperanza de que haya un cambio auténtico y no mentiras, como ha ocurrido los últimos once años con Duarte y su copia al carbón llamado Javier Corral.