Opinion

-Una semana más de Chihuahua sin gobernador

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La Columna de El Diario
domingo, 03 noviembre 2019 | 05:00
| El gobernador de Chihuahua, Javier Corral, bromea en Albuquerque por un juego de tenis con la gobernadora de Nuevo México, Michelle Luján Grisham.

 Deliberada y comprobadamente de mala fe, Chihuahua ha sido dejado a la deriva por su gobernador cual conductor irresponsable de un vehículo en malas condiciones al que en lugar de dispensar atenciones y las reparaciones necesarias le acelera hasta que el motor truene.
 No le importa a Javier Corral. El carro es prestado por cinco años y no ha mostrado ninguna intención de regresarlo a sus dueños, los chihuahuenses, siquiera con los servicios de rigor.
 Sin aceite y por terracería, ya cascabelea; la suspensión ha quedado inservible y en presentación general, por pésimo desempeño, su chofer se ha ganado en tres años la bajísima calificación menor a tres en general pero con indicadores paupérrimos como corrupción o salud que no llegan al dos de acuerdo con la última encuesta levantada por Arias. Peor que su perseguido antecesor.
 Esta semana nos brindó otros botones de muestra más que ilustrativos sobre ese abandono y las razones de ese paisaje desolador que sufren los chihuahuenses en materia de Gobierno estatal.
 De entrada, no hubo gobernador durante toda la semana. El lunes estuvo participando en Juárez en una larga comida privada que se fue a la sobremesa con miembros del Consejo Coordinador Empresarial municipal.
 El contenido de la encerrona no fue dado a conocer a los chihuahuenses, salvo por la caridad de algunos de los líderes empresarios participantes que desearon compartir algo de información a cuenta gotas con El Diario y sus lectores. Corral se negó rotundamente a cumplir con su obligación pública de ofrecer detalles al respecto.
 El martes transcurrió para el gobernador en Nuevo México, específicamente Albuquerque. Llevó a suelo estadounidense a una comitiva superior a los 50 funcionarios con todo pagado del presupuesto público.
 Su información más relevante fue que jugó tenis contra funcionarios estatales de Nuevo México con quienes empató al dejarse ganar un set. Demagogia que en pueril discurso ocupó espacio de una superficial presentación pública donde se hizo el gracioso para retar a la gobernadora Michelle Luján a quien apenas conoce; algo de lo sustancial en la gira fue contenido en un solitario boletín.
 Suponemos que la mañana del miércoles se trasladó a Juárez (anduvo usando el Conquest desde su partida a Nuevo México) pero nada se supo de él durante todo el día hasta que encabezó por la noche el invernal (por frío y desangelado) “fondo de reparación justicia para Chihuahua”. Tres horas de más de lo mismo contra la administración de César Duarte.
 El jueves se supo que anduvo en la Ciudad de México sólo por otro boletín; algo relacionado con la seguridad. Eso fue todo. Sería pedir peras al olmo viernes y sábado. Ni por boletín se supo nada de sus actividades.
 Este domingo está agendado para encabezar una carrera llamada “Unidos con valor en Juárez”. Tercer domingo consecutivo de complicaciones viales para los usuarios de la Juan Pablo II y Heroico Colegio Militar, por si fuera poco.
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 El pasado fin de semana fueron literalmente masacrados el comandante Francisco Ontiveros de la Agencia Estatal de Investigaciones y uno de sus subalternos, Gerardo Barajas, en las afueras de la ciudad de Chihuahua rumbo a Ciudad Aldama, a unos kilómetros sobre la misma carretera del Centro de Comando Computación Comunicación y Control C4, que se encuentra sobre el kilómetro 3+600.
 Los funerales y honores fueron entre domingo y lunes. Corral no dijo una palabra; desairó a los familiares de los agentes masacrados y a sus compañeros; evidentemente estuvo más preocupado por conocer las raquetas que usaría en Nuevo México.
 Esos asesinatos y el intento de otra ejecución más del comandante de Gómez Farías y Zaragoza pusieron de nuevo sobre la superficie la tremenda corrupción que sufre la Fiscalía a manos de César Peniche y Óscar Aparicio. Tres años de las vacas más gordas para ellos, de sufrimiento e ingobernabilidad para los chihuahuenses.
 Sin duda la tremenda ola de violencia que sufre el Estado tiene que ver con la corrupción en las corporaciones estatales pero el gobernador no les ha puesto atención un solo instante, menos ha atendido con la seriedad debida las mesas de seguridad cotidianas con los diversos órdenes policiales y militares, encuentros clave para evitar culiacanazos, donde por cierto Chihuahua estuvo involucrada junto con otras entidades dentro de las amenazas de reacción cruenta interceptadas, sobre lo cual tampoco se ha informado nada, pese a la seriedad del asunto.
 El gobernador no ha tenido tiempo de ocuparse de estas cosas, ni por mínima solidaridad con un Gobierno federal con quien sostiene una relación que está a punto de turrón, construida a base de un delicado y fino trato con Alfonso Durazo, quien se encuentra en la picota. Prefiere dejar este tema, y en general la atención de la gravísima violencia, completamente en sus funcionarios, pese a los nulos resultados ofrecidos.
 La cereza del pastel durante la semana, son sin duda las revelaciones de Rogelio Loya y Josefina Gaytán sobre la participación directa de la vicegobernadora, Leticia Corral, en acciones de gobierno. Ella y otros funcionarios -porque no es la única-, motivados por la notoria e intermitente ausencia de gobernador, se despachan con cuchara grande, llenando esos huecos aunque se resquebraje y lastime la deteriorada estructura institucional dentro de la administración.
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 Ha sido una conducta semanal que nos coloca en el justo relieve los tres años de administración, que se han significado por esa irresponsabilidad en el ejercicio de las funciones que le señala con toda la fuerza legal la Constitución General de la República y la local, incluso, por encima de ellas, el compromiso ético y moral con los chihuahuenses, reiterado hasta el cansancio en campaña electoral y confirmado en la toma de protesta del 4 de octubre del 2016 en el Centro de Convenciones de la capital estatal.
 En aquella lejana reunión, Corral se comprometió a mil cosas, entre ellas a recuperar la paz y la tranquilidad para los chihuahuenses, atender los desplazamientos en la sierra y las desapariciones de personas.
 Pero nada de ello ha ocurrido. La violencia ha cobrado la vida a más de siete mil personas en tres años de errático desempeño; cientos de familias han sido desplazadas de sus comunidades y sus líderes asesinados sin protección alguna pese a contar con medidas cautelares, como es el terrible y patético caso de Cruz Soto Caraveo. Las desapariciones siguen ocurriendo sin atención alguna.
 Aquello de exigir a la Federación el cumplimiento de sus responsabilidades, también quedó en simple alarde discursivo. No lo hizo con Peña Nieto con quien se peleó a más no poder, menos ahora con Andrés Manuel López Obrador, con quien ha construido una reciente sumisión discursiva y operativa.
 En una franca inmovilidad financiera, con la deuda hasta el tope, nula obra pública de relevancia, hospitales en franca crisis de operación y abasto de medicamento, desempeño por debajo de malo -malísimo- el gobernador nos ha mostrado que su afición por los deportes fifi y sus viajes con cualquier pretexto son la vía idónea y preferida para la evasión a sus responsabilidades.
 Tenía razón el gobernador en su discurso inaugural al asumir el cargo en que las cosas que comprometió no podrían ser fruto sólo de un gobernante o de su equipo, pero lo llevó al extremo, al abandonar a su suerte prácticamente a los chihuahuenses, extraviado en sus ausencias y alimentando secretamente sus sueños de grandeza en un camino político ecuménico que lo lleve a la Presidencia de la República, mientras sus paisanos sufren las de Caín a bordo de un carro destartalado por descuido y abuso.