Opinion

12 de octubre: La hazaña y lo negro del descubrimiento. Parte tres

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Hector Garcia Aguirre

martes, 12 octubre 2021 | 05:00

"Oh, maldición de Malinche, enfermedad del presente ¿Cuándo dejarás mi tierra? ¿Cuándo harás libre a mi gente?" La maldición de Malinche, Gabino Palomares.

Cuando la navegación de la flota española se extendió a otras regiones, una expedición, al mando de Francisco Hernández de Córdoba, desembarcó en cabo Catoche, en Yucatán, siendo el primer sitio de desembarque en territorio continental, esto sucedió entre el 2 y 4 de marzo de 1517. Durante la estancia, nada grata para los invasores, se dio el primer acto de saqueo, ni más ni menos, que a manos de un representante de Dios en la tierra. Nos dice Bernal Díaz del Castillo que "…cuando estábamos batallando con los indios, el clérigo González, que iba con nosotros, se cargó de las arquillas e ídolos y oro, y lo llevó al navío…" Para apoderarse de estos objetos el clérigo ingresó a las casas de los nativos, es decir, allanó propiedad privada para robar objetos. La Real Academia nos dice que clérigo, en la Edad Media era un hombre letrado y de estudios escolásticos, aunque no tuviera orden alguna, en oposición al indocto y especialmente al que no sabía latín. Es decir, siendo un hombre de estudios, mucho más allá de la tripulación, vino a comportarse como un vulgar delincuente.

Siguiendo con los hechos no publicados en los textos oficiales diremos que Hernán Cortés fue el primer español en tierra americana (por lo menos así está documentado) en tener relaciones sexuales con una mujer ajena. Resulta que a su llegada a Tabasco, los caciques del pueblo y de otras comarcas les hicieron valiosos regalos de oro a Cortés y sus soldados. Narra Bernal Díaz del Castillo: "…Y no fue nada todo este presente en comparación de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer que se dijo doña Marina… Cortés las repartió a cada capitán la suya, y a esta doña Marina… dio a Alonso Hernández Puerto Carrero… y después que fue a Castilla Puerto Carrero estuvo la doña Marina con Cortés, y hubo en ella un hijo que se dijo don Martín Cortés." (qué tal ¡eh!).

No fue un encuentro amistoso entre dos mundos, qué bueno que así hubiera sido, que los invasores hubieran mostrado humildad al reconocerles a los nativos su integridad como seres humanos. No, lejos de eso, se trató de un brutal sometimiento y despojo, no sólo de sus tierras, sino de su identidad y su cultura, y aunque probablemente los invasores no lo imaginaron así, con ello invadieron la esfera íntima de sentimientos de los invadidos, es decir, su dignidad.

La aquiescencia de la Corona Castellana fue definitiva, a los monarcas no les interesaba el encuentro de otras razas, el fin primordial del viaje era llegar en menos tiempo a las Indias Orientales, por tal razón, encontrar nativos en su camino era lo de menos, los expedicionarios estaban preparados para deshacerse de ellos o someterlos, como fue el caso.  Colón llevó a España en su primer viaje a 6 naturales de Guanahaní. En viajes posteriores cientos de nativos fueron privados de su libertad y llevados a la península. 

Huelga decir que a los naturales del actual territorio americano no les trajo bien alguno el encuentro con los españoles, lo que sí les dejó fue hambre, miseria, enfermedades, perturbación grave de su identidad que como nación habían tenido hasta antes de la llegada del invasor y una esclavitud que se prolongó por 300 años. Jamás procuró la Corona Española elevar la calidad de vida de los pueblos originarios, se dedicó sí, al saqueo de sus recursos naturales sin compensación alguna. 

En el exmonasterio de San Lorenzo de El Escorial a 60 kilómetros de Madrid se pueden ver los ataúdes de oro en los que reposan los restos de quienes "gobernaron" España durante el sometimiento de sus colonias. Ese oro es sólo una mínima parte de las riquezas que los españoles saquearon de las tierras invadidas. 

La suntuosidad de la nobleza, iglesia y burguesía españolas de los siglos XVI, XVII, XVIII y principios del XIX a costa de sus colonias, fue una burla para los pueblos empobrecidos que sometieron bajo el temor de la cruz y la espada. A España de nada le sirvió la riqueza que se llevó del continente saqueado, puesto que no destacó prácticamente en nada, su industria tuvo un desarrollo bastante modesto, su agricultura y ganadería no pasó del tipo feudal y su marina mercante fue rápidamente superada por otros países con líderes inteligentes como Inglaterra, Holanda, Noruega o Suecia.

Así que hoy, a la distancia, en nada me siento orgulloso de mi pasado español. La pobreza y pobreza extrema en la que actualmente viven millones de mexicanos no hay que buscarla del 2018 para acá ni de la Revolución Mexicana para acá, es más ni de la Guerra de Independencia. Es el maldito legado que nos dejó el usurpador que no supo administrar la riqueza, ya que lejos de que sus gobernantes actuaran con un mínimo de templanza, se entregaron al dispendio y al ocio, creyendo que América les duraría de por vida. No por nada España es actualmente un país empobrecido, con un alto índice de desempleo, con muy poca industria propia y con la deuda más alta de la Unión Europa. Poco aporta España a esa unidad, que no sean solicitudes de préstamo para seguir abonando a su centenario pecado.